SALUD Y MORAL

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Salud y Moral

Las fuerzas naturales dentro de nosotros son los verdaderos sanadores de la enfermedad”. Hipócrates, S. IV. a.C.

¿Es posible que la naturaleza moral de nuestros actos afecte a nuestra salud?

Todos nuestros actos son conscientes o inconscientes. En el primer caso son antecedidos por un pensamiento o una emoción que los impulsa y nos lleva a realizarlos. En caso de que sean inconscientes, es nuestro subconsciente quien los ejecuta por nosotros en base a los automatismos y reflejos condicionados que se encuentran arraigados como hábitos en nuestro inconsciente profundo.

En este último caso, cuando actuamos, somos también nosotros los responsables de aquello que hacemos, pues la manera en como respondemos, aunque no sea conscientemente, es lo que llevamos dentro de nosotros como pauta o norma de comportamiento y responde a nuestro yo profundo que aflora sin que nos demos cuenta. Esta pauta de comportamiento ha sido alimentada por nuestra trayectoria inmortal a través de diferentes vidas y, por ello, es un hábito interior que constituye nuestro carácter o temperamento, sea este bueno o malo.

Así pues, todo aquello en lo que intervenimos tiene un reflejo en nosotros mismos, y nos afecta directamente a nuestro equilibrio, salud, bienestar o malestar mental, emocional o espiritual. Somos lo que pensamos y sentimos y a través de ello actuamos; por ende, no podemos obviar nuestra responsabilidad.

El conocimiento de la naturaleza humana en la trilogía propuesta por Allán Kardec: Alma, Cuerpo físico y Periespíritu (cuerpo intermedio semi-material que conecta los dos primeros) nos ofrece el esclarecimiento de cómo nuestras acciones, pensamientos y emociones inciden directamente en nuestra salud física y psicológica. 

El periespíritu es un cuerpo energético que imprime en el cuerpo físico el equilibrio energético en sus células biológicas, pues él mismo posee células psíquicas que son el doble del cuerpo biológico y de sus órganos físicos. Desde el momento de la concepción, este cuerpo energético moldea el cuerpo del feto con las características que le son propias al alma que va a reencarnar y con las directrices que las leyes divinas imprimen para el objetivo que cada cual trae a la Tierra en esa vida en concreto.

Así pues, nuestros pensamientos innobles, perturbadores y negativos generan disturbios en el área mental periespiritual del individuo conectada al cerebro, produciendo las neurosis y psicosis que degeneran en enfermedades mentales de gravedad. Lo mismo ocurre con las emociones tóxicas como el odio, la envidia, los celos, la rabia, el resentimiento o la ira. Estas instalan cargas violentas en los paneles de la emotividad, desarmonizando la conducta mental y moral.

Por ejemplo, es una evidencia científica que la ira o la rabia producen elevados niveles de adrenalina y cortisol que contraen los vasos sanguíneos, hacen subir la presión arterialendurecen las arterias y dan lugar a problemas digestivos, imsonio y ataques cardiacos. En el caso de la depresión, que se deriva de la tristeza profunda y recurrente, la velocidad metabólica del cuerpo se reduce notablemente, con los problemas para la salud que ello implica. 

A través de la especialidad médica de la psiconeuropinmunología sabemos que los vicios y emociones perturbadores son somatizados por el cuerpo físico y degeneran en enfermedades serias, y a veces crónicas e incurables.

Este atentado contra nuestra salud es generado por nosotros mismos, siendo los artífices de nuestro despropósito cuando nos empeñamos en alimentar esos pensamientos, emociones o acciones que, lejos de acercarnos a la armonía y el equilibrio, nos conducen a gravísimos disturbios mentales y emocionales de los que a veces no nos percatamos, hasta que es demasiado tarde y la enfermedad física se ha manifestado como consecuencia de nuestro incorrecto equilibrio mental y emocional y nuestras acciones en la vida diaria.

“No existen enfermedades, existen enfermos” 

Esta frase atribuida a Hipócrates, padre de la Medicina, establece bien a las claras que la enfermedad y la salud dependen casi siempre de la persona que las sufre. La ciencia médica, la psicología, el psicoanálisis y la psiquiatría presentan las evidencias de cómo la conducta desordenada del ser humano, las pasiones descontroladas, los vicios, las adicciones (droga, alcohol, sexo, etc.), junto a las emociones tóxicas y los pensamientos desequilibrados son las causas mayores de la enfermedad en este siglo.

Un cambio o transformación en la conducta del individuo permite muchas veces que la enfermedad se controle o desaparezca por completo, pero para ello debe existir voluntad de realizarlo y estar plenamente convencido de ello. Lamentablemente, aquellas acciones morales perniciosas arraigadas en el inconsciente como hábitos perniciosos que se repiten de forma recurrente son los más difíciles de cambiar, si no se tiene una férrea convicción del sufrimiento que pueden llegar a producir en nuestra salud física y equilibrio psicológico.

“Si alguien desea una buena salud, primero debe preguntarse si está listo para eliminar las razones de su enfermedad. Solo entonces es posible ayudarlo”.

Hipócrates- Padre de la Medicina, S. IV a.C.

Una conducta recta y una moral adecuada son el mejor salvavidas para nuestra salud física. Y una conciencia limpia es, como decía Sócrates, la mejor almohada. Aquellas cuestiones que tienen que ver con nuestra conciencia culpable no dejan de perseguirnos. Nadie escapa a su conciencia y, antes o después, los actos delictuosos, inmorales o atentatorios contra la libertad de nuestro prójimo afloran con toda su fuerza, perturbando nuestra mente a través de los tejidos sutiles del periespíritu, que refleja esta condición en el cuerpo biológico -concretamente en nuestro cerebro- mediante descargas tóxicas que perturban nuestras neuronas y generan patologías mentales de diversa gravedad.

Como nos explica el Dr. Richard Davidson, psiquiatra de la Universidad de Wisconsin (Usa) y Director del Laboratorio de Neurociencia Afectiva, a través de sus múltiples investigaciones en el laboratorio y después de años estudiando el cerebro con miles de individuos: “un cerebro sano es un cerebro bondadoso”.

La dirección que voluntariamente damos a nuestros pensamientos, emociones y acciones son procesados, archivados y elaborados por nuestro inconsciente, reflejando las consecuencias de los mismos a través del periespíritu, que, o bien armoniza sus energías y se muestra equilibrado con células sanas que permiten la salud mental y física o, por el contrario, se desestructura en sus centros de energía, permitiendo una distonía en las células biológicas relacionadas con el desequilibrio que manifiesta el espíritu, derivando todo ello en la enfermedad del órgano correspondiente, afectando con ello la salud y el equilibrio celular.

Como conclusión podemos afirmar, sin temor a equivocarnos que, demostrado por la ciencia, avalado por la filosofía, comprobado por la psicología y evidenciado por la espiritualidad, el pensar bien, sentir bien y actuar bien sólo genera energías y fuerzas internas beneficiosas, armónicas y equilibradas que nos preservan la salud y la armonía mental y emocional. 

Salud y moral por:Antonio Lledó flor

2019, Amor, Paz y Caridad

“Esforzarse en pensar bien. He aquí el principio de la moral” 

Blais Pascal – Matemático y Filósofo S. XVII

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