NUESTRAS CAPACIDADES

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Nuestras capacidades

PENSAMIENTO, FORTALEZA Y AFECTIVIDAD

¿Por qué hay momentos en la vida en que nos vemos superados por lo que nos ocurre? ¿Por qué sentimos esa sensación de impotencia, pensando, o incluso sintiendo, que no tenemos fuerzas para avanzar? ¿Qué es lo que nos hace fuertes o débiles ante los acontecimientos?

Todo lo que nos sucede pone a prueba nuestras capacidades. Nos enfrentamos a circunstancias y eventos con lo que somos, es decir, con nuestras cualidades personales. Cuando una situación se torna muy difícil, es porque el nivel de desarrollo en determinada cualidad, no es suficiente para enfrentarnos a ella, dejándonos en situación de debilidad. Es precisamente, en ese momento, cuando comienzan nuestras dificultades porque partimos desde un punto de inferioridad, que nos termina afectando de forma negativa, produciendo estrés, desánimo, apatía, miedos, etc., dejándonos ante una situación de sufrimiento.

Si entendemos este proceso, comprenderemos que para superar cualquier situación, necesitamos desarrollar unas cualidades determinadas, que son precisamente las que nos van a permitir superarla. En realidad es lo que la vida nos está demandando en ese momento y no podemos ir contra la vida. Si hacemos caso omiso, esas situaciones se seguirán repitiendo, una y otra vez, hasta que la cualidad requerida se desarrolle lo suficiente como para superar la situación que nos está afectando.

Por ejemplo, una persona resentida, no puede ser feliz, porque está dominada por el deseo de venganza y tiene su pensamiento fijado en la causa y el momento que produjo su malestar. Independientemente de que la otra persona le haya causado un mal real, o simplemente se sienta ofendida sin motivo alguno, su situación será la vivencia de un continuo conflicto. En este caso su sentimiento de perdón (su cualidad) es inferior a la situación que ha desencadenado su resentimiento (el reto o problema a solucionar). ¿Qué puede hacer para sentirse bien y feliz? Desarrollar la cualidad del perdón, pues esta es la capacidad que tenemos para superar cualquier tipo de resentimiento o venganza, alejando con ello los reiterados pensamientos y sentimientos de malestar e insatisfacción. No hay otra forma de hacerlo, y si pensamos que sí, intentemos conseguirlo. Y este ejemplo es perfectamente trasladable a cualquier otra situación o circunstancia. No olvidemos nunca que lo que se desarrolla es lo que se ejercita.

Para mejorar nuestra vida necesitamos conocer cuáles son las cualidades de que disponemos para engrandecerlas. Con el fin de definir algunas de ellas, de la forma más sencilla posible, vamos a englobarlas en tres grupos, perfectamente interrelacionados entre sí.

Capacidades del pensamiento

Podemos englobar aquí todas las cualidades que son útiles para desarrollar la inteligencia. Nos referimos, a las habilidades para razonar, planificar, aprovechar las experiencias vividas y la observación, para resolver problemas. Al desarrollar éstas, también estamos favoreciendo el aprendizaje y la adaptación al entorno. Aprender a pensar adecuadamente, ampliar el pensamiento con todas sus capacidades es una necesitad que todos tenemos. ¡Ejercitémoslas!

La creatividad es muy útil para romper la monotonía, que a veces nos atenaza y aburre, buscando la novedad en nuevos retos y nuevas realizaciones. La memoria también es un elemento importante, al tener por función, retener la información adquirida, para recuperarla en los momentos de necesidad, recordando la validez de las experiencias vividas y su enseñanza.

Una prueba clara de que todas las capacidades se comunican e interrelacionan entre sí nos la da el hecho de que tener más memoria, más datos, más experiencia, por sí solos, no nos hacen más inteligentes. Lo que lo hace es la habilidad de conjugar todas las capacidades que tenemos para interpretar la vida, ver la verdad, sentirla y actuar en consecuencia a dicha realidad; ser capaces de dar la solución adecuada a cada problema o situación, comprender nuestro entorno y nuestro interior.

En cuanto a las capacidades de nuestra mente hay que conocer que ésta es, al mismo tiempo, emisora y receptora de pensamientos. Esas extraordinarias cualidades que tiene, generan a su vez, una frecuencia que sintoniza con pensamientos de su misma naturaleza, lo que intensifica la fortaleza de los mismos. Es la Ley de Afinidad, que actúa en todos los órdenes de la vida, por la que el semejante atrae al semejante. Por eso, a veces, nos cuesta tanto desprendernos de determinadas ideas, porque las alimentamos en exceso, y olvidamos que esos mismos pensamientos buscan unirse a otros de su misma sintonía, por lo que son atraídos, multiplicando los efectos, convirtiendo con el tiempo, una idea negativa en un bloqueo mental, bastante perjudicial. De aquí, la importancia de eliminar toda idea repetitiva que sea dañina, especialmente en sus inicios, antes de que coja tanta fuerza que pueda superar nuestra capacidad de liberarnos de ella.

Las soluciones a innumerables problemas mentales, pasan por tener pensamientos nobles, constructivos y creativos, que adquieran la habilidad de renovarse constantemente, evitando la ofuscación. Si la mente se nubla pierde sus mejores virtudes. Los pensamientos estancados y ruines son muy perjudiciales. Cualquier persona objetiva puede comprobarlo. Si la comparamos con un manantial, éste necesita que el agua circule constantemente, pues es la clave para que permanezca limpia y cristalina. Cuando se estanca, es porque su caudal se está secando, pierde la virtud de su pureza, se vuelve turbia e insana, deja de brotar y ya no se puede beber.

Capacidades de la fortaleza

Podríamos englobar aquí todas las cualidades cuya fuerza troncal es la voluntad, que son las capacidades humanas para decidir libremente lo que uno quiere hacer o no. Podríamos decir, que son las fuerzas que tenemos para desarrollar cualquier acción superando las resistencias que siempre conlleva.

Es cierto que tiene muchas acepciones, pues también podemos hablar de la buena o mala voluntad cuando hacemos algo determinado, pero, en nuestro caso, nos vamos a quedar con ese concepto de energía, de mantenernos firmes ante lo que queremos hacer, superando todas las dificultades para conseguirlo.

La resiliencia es la capacidad para recuperarnos y adaptarnos positivamente ante la adversidad, de no doblegarnos, sobreponernos y continuar, saliendo incluso reforzados de esas situaciones. El desarrollo de esta cualidad es muy importante en la vida, pues todos nos enfrentaremos a momentos difíciles y situaciones complicadas. Saber superarlas o no, nos dejará en un estado de dicha o desdicha. Después de una situación de dificultad a la que nos enfrentemos, podremos saber nuestro nivel de resiliencia según nos sintamos tras lo sucedido.

La vitalidad o ímpetu de vivir, también es una capacidad de nuestra fortaleza que, al igual que todas las demás, se puede desarrollar en el grado que deseemos. La energía que nos puede dar es imposible de definir aquí con simples palabras. Para comprenderla hay que experimentarla y sentirla.

En realidad, todos tenemos mucha más capacidad de sacrificio, fortaleza o energía interior, de la que habitualmente somos conscientes, porque no solemos valorarla en su justa medida. Lo que habitualmente sucede es que, si lo que nos ocurre nos es desagradable, nos afecta tanto, que es precisamente ahí donde solemos dirigir el foco de nuestra atención. Estamos más pendientes de nuestros problemas y del sufrimiento que nos causan (lo que es un error) que de la búsqueda de sus soluciones. ¿Por qué no invertir este término? ¡Cuánto bien nos haría!

Capacidades de la afectividad

Son todas las cualidades que giran y orbitan entorno al amor, como sentimiento principal e inmanente, necesario y presente en toda manifestación de la vida. Sobre él convergen el resto de nuestras cualidades y representa la cohesión de todas las capacidades humanas.

Aunque las capacidades afectivas, son el conjunto de sentimientos y emociones que podemos vivir, conviene aclarar, que las emociones tienen un marcado carácter circunstancial o coyuntural, mientras que los sentimientos son actitudes afectivas permanentes. Es por ello que, lo que nos interesa desarrollar, es precisamente todos los sentimientos nobles y positivos, porque éstos son duraderos y muy beneficiosos, mientras que las emociones, aunque motivan a la acción, son pasajeras.

Afecto, amistad, aprecio, cariño, ternura, justicia, tolerancia, bondad, caridad, y otras muchas cualidades del afecto, son la base de una vida de plenitud y felicidad. Su desarrollo es necesario. Todas estas cualidades se incrementan pensando en ellas, comprendiéndolas, viviéndolas y practicándolas a diario en nuestros actos. Necesitan de la vivencia y de la acción.

En La Paz encontramos el equilibrio y la armonía de la vida. Su expansión va desterrando todos los conflictos, de cualquier índole, rencillas odios y vengadas, La felicidad pasa por su desarrollo. Imaginemos un mundo donde La Paz presida incluso los actos más cotidianos de la vida. ¡Qué gran sociedad sería!

¡Cuántos sinsabores y cuánto dolor podríamos evitar con la comprensión y el perdón! A medida que desarrollamos en nosotros estas cualidades, estamos alejándonos del sufrimiento y la amargura que nos infligen las malas acciones, pues son el antídoto capaz de eliminarlos definitivamente de nuestra personalidad. Son dos cualidades que a su vez desarrollan la paz interior y el bálsamo perfecto para curar los pensamientos enfermizos, que tanto suelen esclavizarnos al sufrimiento.

Mención aparte requiere una de las cualidades más necesarias hoy día: La comprensión. Nos dota de gran aptitud para el entendimiento de todo lo que ocurre en la vida. Solemos exigir que nos comprendan siempre pero nos cuesta mucho comprender los actos de los demás. Si no somos comprensivos con las flaquezas ajenas ¿Cómo podemos tener afecto, amistad sincera, aprecio, cariño, ternura, bondad…? Si no comprendemos las necesidades de otros ¿Cómo podemos sensibilizarnos con sus problemas, ser tolerantes y caritativos?

Estas cualidades afectivas son la base capaz de sustentar al ser humano y por ende, una estructura social coherente, pacífica y justa. ¡Qué maravillosa sería nuestra sociedad si todos tuviésemos más desarrolladas estas cualidades! ¡Qué vida tan feliz!

Ahora que tenemos una idea más clara de nuestras capacidades personales, podemos comprender, la necesidad que tenemos de trabajarlas. Ya sabemos que su desarrollo engrandece nuestra personalidad y elimina todos nuestros problemas y dificultades. Se pueden entrenar, con buenos resultados, al igual que cualquier otro aspecto de la vida. Para desarrollarlas es necesario ejercerlas a diario, es decir, repetir, repetir y repetir, cualquiera de ellas. Esto hace que se engrandezcan.

Son precisamente nuestras cualidades las que nos integran hacia las realidades de la vida. Cuanto más desarrolladas estén, mayor será nuestra comprensión hacia su verdad y mayor nuestra preparación para sortear y superar los diversos obstáculos que se nos presenten.

Nuestras capacidades por: Antonio Gómez Sánchez

Puede escuchar al autor en su podcast: Aprendiendo a vivir mejor

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