¿EXISTEN SERES DESTINADOS AL MAL?

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¿Existen seres destinados al mal?

Cuando nos hablan de seres malignos que tratan de influenciar a los seres humanos, cuando nos cuentan sobre los exorcismos que realiza la Iglesia para liberar a algunas personas de su nefasto dominio, la pregunta surge rápidamente: ¿Existen los demonios? Si existen, ¿quién los creó? ¿Se trata de seres destinados al mal eternamente? ¿Cuál es su origen?

Según nos cuentan las tradiciones religiosas, los demonios son ángeles caídos, seres que fueron creados llenos de virtudes y que un buen día, dominados por la envidia y los celos, sucumbieron a las tentaciones, desafiando la potestad del Creador, contraviniendo su voluntad e intentando transmutar el Universo en un reino donde predominara el mal y el sufrimiento. De esta circunstancia se aprovecharía Dios Padre para probar a sus hijos, dejándoles la responsabilidad de elegir un camino, bien el trazado por Él mismo o el sugerido por esas criaturas perversas desviadas del camino recto.

Respetando todas las creencias y opiniones, desde nuestro punto de vista esta idea presenta deficiencias difíciles de resolver. Si Dios Todopoderoso es conocedor de todas las cosas pasadas, presentes y futuras, ya sabría de antemano que existiría un grupo de ángeles que se rebelarían a sus designios en un momento determinado. “Estaban destinados al mal a perpetuidad y predestinados a convertirse en demonios para arrastrar a los hombres al mal”. (Allan Kardec. El Cielo y el Infierno; capítulo IX, ítem 12).

Según esta hipótesis religiosa, con aquellos ángeles que cayeron no hay marcha atrás, están condenados a perpetuidad. Por tanto, “¿de qué les serviría no perseverar en el mal si el arrepentimiento es inútil?” “…Si perseveran en el mal, es porque la esperanza les es negada”. (Allan Kardec. El Cielo y el Infierno; capítulo IX, ítem 19).

Resumiendo este sofisma, Dios crea a seres perfectos, llenos de virtudes denominados Ángeles; son sus ministros que cogobiernan el Universo junto con Él. En un momento determinado, a algunos de ellos se les olvidan sus virtudes extraordinarias y sus perfecciones, dejándose seducir por las tentaciones del ego y de las pasiones materiales (algo de lo que, según esta teoría, siempre han carecido puesto que nunca han tenido contacto con lo material). A partir de ese momento le hacen una competencia feroz a Aquel a quien todo se lo deben. Son privilegiados que no saben apreciar lo que tienen, puesto que desde su origen no hicieron ningún mérito para poseer las virtudes que les regalaron. El resto de seres que poblamos el Universo estamos condenados a trabajar y sufrir, a subir los peldaños del progreso con mucho esfuerzo. No obstante, hay otros que no hicieron mérito alguno, e incluso algunos, como acabamos de explicar, se rebelaron con descaro y premeditación.

Como vamos viendo, estas teorías presentan graves deficiencias que ponen en entredicho la perfección y la sabiduría del Creador. Quizás en el pasado, debido al desconocimiento que existía respecto a las cuestiones espirituales, esas ideas podrían tener alguna justificación, pero para el hombre de hoy día carece de sentido la idea de seres destinados al mal.

Partimos de la base de que Dios estableció unas grandes leyes universales que son iguales para todos, inmutables y eternas. No se puede concebir un Universo con privilegios y comportamientos caprichosos para algunos, que desdigan el amor, la justicia y la misericordia divina.

La ley de la evolución nos indica que todos somos creados en las mismas condiciones y que partimos desde un mismo punto sin distinción alguna; debemos de recorrer un largo camino donde el mal es la ausencia del bien, o dicho de otro modo, cuando se transgreden las leyes establecidas por Dios y no se atiende la voz de la conciencia.

No podemos olvidar que el espíritu desde un primer momento toma uno de los dos caminos voluntariamente: el del bien o el del mal. Goza de libre albedrío y su responsabilidad crece en la medida en que es consciente de lo que hace. La voz de la conciencia le indica el camino más recto. Al mismo tiempo, espíritus guías le orientan e inspiran para seguir por la senda del bien. Sea cual sea su decisión será siempre bajo su responsabilidad.

Precisamente en esas primeras etapas, si el espíritu no hace caso a su interior y a los diferentes avisos que recibe de los planos superiores, dejándose llevar por sus defectos y pasiones, entonces se embrutece y se insensibiliza. El ego toma mucha fuerza y a partir de ese momento rompe la conexión con su conciencia que le instaba al bien y al autodominio. La capacidad de empatía y el desarrollo de unos valores que contribuyan al mejoramiento de su entorno, como son la solidaridad, la fraternidad, el altruismo, el espíritu de colaboración, etc., en una sociedad en la que nos necesitamos unos a otros, es sustituido por el mal que nace del egoísmo y del orgullo, por el afán de servirse de los demás.

Sin duda, el espíritu muy poco evolucionado puede quedarse temporalmente instalado en el mal, su libre albedrío así se lo permite. Esa maldad puede adquirir proporciones muy grandes. Ese es el motivo por el que se les haya podido confundir con seres creados o destinados a perpetuidad con ese fin; pero esto es una circunstancia temporal, aunque ahora pueda parecer impensable por el grado de perversidad y crueldad que puedan manifestar algunos.

El mal es apenas un estado transitorio que más pronto o más tarde tendrá que dar paso al bien. A quien lo padece se le estimula al cambio de conducta, a dar un giro hacia el bien definitivo. Del mismo modo, no se puede concebir que del mal pueda surgir el bien abrazando la perspectiva de una sola existencia, para ello necesitamos comprender la ley de la reencarnación o de vidas sucesivas. La vida actual es consecuencia de nuestro pasado, y en esta construimos nuestro futuro. Por lo tanto, las diferentes existencias son solidarias entre sí, siempre tendentes al progreso, a la adquisición de sabiduría y cualidades morales.

También hay que considerar la circunstancia de que, al desencarnar, el espíritu no se transforma de repente, en el mundo espiritual continuamos con las mismas tendencias y características morales; y del mismo modo en que aquí nos asociamos con otras personas para hacer el bien o para hacer el mal, en el mundo espiritual ocurre exactamente lo mismo.

Otro aspecto a valorar es que aquello que concluimos como una mala influencia por parte de los que se consideran como “demonios” o “seres del mal” puede obedecer a deudas kármicas del pasado. Es el gran problema de la obsesión, bien por ley de afinidad, por la cual atraemos con nuestra actitud y pensamientos nocivos a espíritus que vibran en una frecuencia muy baja, o también por faltas graves cometidas sobre nuestros semejantes en tiempos pretéritos. En el otro plano puede haber víctimas del pasado que no estén dispuestas a perdonar y que traten de tomarse la justicia por su mano, perturbando y ocasionando enormes perjuicios a sus obsesados. Tan solo un cambio de actitud por ambas partes, utilizando la terapia efectiva del perdón y del amor, se puede desenredar este tipo de conflictos, reparando, en la medida de lo posible, las cuentas pendientes del ayer.

Por otro lado, cuando voluntariamente no se modifican las conductas y el espíritu permanece estacionado en el mal durante mucho tiempo, termina por surgir el dolor y el sufrimiento; y tras numerosas existencias padeciendo terriblemente, rescatando errores del pasado, llega un momento en que, cansado de sufrir, se sensibiliza. A partir de ese momento se le abre una nueva aurora, un camino evolutivo por redescubrir que abandonó hace siglos o quizás miles de años. Es el momento del rescate consciente y voluntario, un nuevo programa de recuperación en el que el espíritu retoma la senda del bien; espíritus amigos le acompañarán en su difícil ascensión. Poco a poco, pasito a pasito y con mucho esfuerzo irá aligerando la pesada carga hasta recuperar la ilusión y la autoestima.

Se trata de existencias difíciles, llenas de privaciones, enfermedades y otras circunstancias que obligan al espíritu a realizar un gran esfuerzo. Tras un periodo más o menos largo con cuerpo físico, finalmente le llega la muerte, toma fuerzas en el mundo espiritual y vuelve nuevamente a la experiencia de la carne con los ánimos renovados. De esa forma se va sacudiendo paulatinamente un lastre que le impedía ascender.

Por lo tanto, y como hemos ido viendo hasta ahora, el mal es temporal. Los demonios son en realidad espíritus muy atrasados que todavía no han sido capaces de descubrir los beneficios de la paz y el amor. En este momento, y puesto que nos encontramos en un proceso de cambio de ciclo planetario, su influencia se está manifestando con mayor claridad, pero esto son apenas los estertores de la muerte de una etapa crucial. Se prepara una nueva aurora, de tal forma que quienes sigan obstinados en el mal tendrán que continuar su proceso espiritual en otro mundo similar a este. El planeta Tierra está finalizando su etapa como mundo de expiación y prueba para pasar a formar parte de los mundos de regeneración. En él ya no cabrá el mal y sí las ansias de superación y de progreso.

¿Existen seres destinados al mal? por: José M. Meseguer

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