LA REVELACION ESPIRITA

LA AMISTAD
El sufrimiento de Kisagotami
En tiempos de Buda, murió el único hijo de una mujer llamada Kisagotami.
lloró implorando a los dioses que le permitieran morir a su vez.
COMPRENSIÓN
La comprensión bien entendida
Los lazos que ella extiende
nos unen en la verdad;
quien siembra buena simiente
sin duda alguna recogerá.
Es grato ver en los hombres
un deseo de amistad,
unos lazos de hermandad
y unos nobles corazones.
La comprensión, si es sentida
con divina devoción,
nos enseña a vivir la vida
con esperanza y tesón.
Que siempre la ilusión
esté de nuestra parte,
ofreciendo compasión
y una mano confortante.
Cuando existe entendimiento
todo funciona mejor,
creándose un sentimiento
y fuertes lazos de unión.
Una palabra de aliento,
una mirada de compasión,
un abrazo de contento,
todo esto es comprensión.
Es un hecho muy noble
ayudar al oprimido,
consolar al desvalido
dar de comer al pobre.
También es muy importante
servir de apoyo constante
a todo aquel caminante
en su lucha edificante.
Mas no debemos olvidar
entender al tierno niño,
brindar nuestro cariño
y enseñarle a caminar.
Al que se halla en el abismo
hacerle reflexionar,
darle fe en si mismo
para su vida cambiar.
Escuchemos el lamento
de unos labios doloridos;
éste es un gran tormento
que sufre sólo el afligido.
Debemos tener comprensión
del hermano y del amigo,
de aquél que nada nos dió,
incluso de nuestro enemigo.
Esto que digo es profundo
y difícil de entender,
pero nada de este mundo
ha de hacerse por placer.
Todo esfuerzo es preciso
es una conquista de Paz,
vivamos el sacrificio
en pos de los demás.
J.A.C.S.
A UNA GRAN ESCRITORA
DARSE A LOS DEMÁS
la práctica, en nuestra vida diaria, allá donde nos encontremos.
EL CAPULLO Y LA MARIPOSA
pequeña abertura del capullo.
NO PONGÁIS LA LÁMPARA DEBAJO DEL CELEMÍN
No pongáis la lámpara debajo del celemín
APLICACIÓN DE LOS IDEALES
ambiente en el cual nos desenvolvemos, a las necesidades y perspectivas actuales que nuestro mundo de hoy día plantea.
ATREVERSE A VOLAR
-Hijo mío, no todos nacen con alas. Y si bien es cierto que no tienes obligación de volar, opino que sería penoso que te limitaras a caminar teniendo las alas
que el buen Dios te ha dado.
-Pero yo no sé volar – contestó el hijo.
-Ven – dijo el padre.
Lo tomó de la mano y caminando lo llevó al borde del abismo en la montaña.
-Ves hijo, este es el vacío. Cuando quieras podrás volar. Sólo debes pararte aquí, respirar profundo, y saltar al abismo. Una vez en el aire extenderás las alas y volarás…
El hijo dudó.
-¿Y si me caigo?
-Aunque te caigas no morirás, sólo algunos machucones que harán más fuerte para el siguiente intento –contestó el padre.
El hijo volvió al pueblo, a sus amigos, a sus compañeros con los que había caminado toda su vida. Los más pequeños de mente dijeron:
¿Estás loco? … ¿Para qué? ….Tu padre está delirando… ¿Qué vas a buscar volando? ….¿Por qué no te dejas de pavadas? ….Y además, ¿quién necesita?
Los más lúcidos también sentían miedo:
¿Será cierto? … ¿No será peligroso? … ¿Por qué no empiezas despacio? ….En todo caso, prueba a tirarte desde una escalera. …O desde la copa de un árbol, pero… ¿desde la cima?
El joven escuchó el consejo de quienes lo querían.
Subió a la copa de un árbol y con coraje saltó…
Desplegó sus alas. Las agitó en el aire con todas sus fuerzas… pero igual… se precipitó a tierra…
Con un gran chichón en la frente se cruzó con su padre:
-¡Me mentiste! No puedo volar. Probé, y ¡mira el golpe que me di!. No soy como tú. Mis alas son de adorno… – lloriqueó.
-Hijo mío – dijo el padre – Para volar hay que crear el espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen. Es como tirarse en un paracaídas… necesitas cierta altura antes de saltar.
Para aprender a volar siempre hay que empezar corriendo un riesgo.


