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LA REVELACION ESPIRITA

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La revelación espírita
La vid con un racimo de uvas fue elegido como símbolo delo espiritismo. Así ilustramos el artículo: La revelación espírita.
El Espiritismo es ante todo una verdadera revelación que nos hace conocer el mundo invisible que nos rodea, y en medio del cual vivimos sin damos cuenta  de ello; las leyes por que se rige, sus relaciones con el mundo visible, la naturaleza y el estado de los seres que lo habitan, y, por consecuencia, el destino del hombre después de la muerte. Lo que caracteriza la revelación espirita, es que el origen es divino, que la iniciativa pertenece a los Espíritus, y que la elaboración es el producto del trabajo y del hombre. (Allan Kardec.- EL GENESIS, cap. I. Caracteres de la revelación espirita.)
 
  «La revelación espirita tiene un doble carácter a causa de su naturaleza: tiene el de revelación divina y el de revelación científica a un mismo tiempo. De la primera, en cuanto su advenimiento es providencial y no el resultado de la iniciativa y del designio premeditado del hombre, y que los puntos fundamentales de la doctrina son los hechos de la enseñanza dada por los espíritus encargados por Dios de instruir a los hombres sobre cosas que ignoraban, que no podían aprender por si mismos y que les importa hoy conocer, por estar ya preparados para comprenderlos.
 
 Participa de la segunda especie de revelación, en cuanto esta enseñanza no es privilegio de ningún individuo, sino que es dada a todos por el mismo medio, y que los que la transmiten y los que la reciben no son seres pasivos dispensados del trabajo de observación y de investigación; que no hacen abstracción de su juicio y de su libre arbitrio; que no les está prohibida la comparación, y si, por el contrario, muy recomendada; y en fin, que la doctrina no ha sido dictada de una vez, ni impuesta a la credulidad, que es una deducción de la observación de los hechos que los Espíritus ponen a la vista de todos, y de las instrucciones que acerca de ellos dan: hechos e instrucciones que el hombre estudia, comenta, examina y compara, y que él mismo saca las consecuencias y aplicaciones.» (Obra cit.)
 
 Esa condición primordial del Espiritismo, asigna un papel indisputable a los Espíritus en nuestra obra; por eso donde quiera que particular colectivamente se trabaja, allí aparecen uno o más Espíritus protectores, auxiliados por un núcleo de seres de ultratumba, cuyo número y elevación está siempre en razón directa de la moralidad de los encarnados y de la bondad de los fines que se proponen. Tan constante es este hecho, que hemos podido elevarlo a la categoría de verdad axiomática.
 
  La revelación espirita, como ha dicho muy bien Allan Kardec, es de origen divino; pertenece la iniciativa a los Espíritus, y la elaboración es el trabajo del hombre.
 
 En estos concisos términos se hallan perfectamente definidos los caracteres fundamentales del Espiritismo. El Autor de todo lo creado, el Infinito Absoluto y Absoluto Infinito, el Ser Supremo, que es Dios, se manifiesta en su obra, revelación permanente, hablándonos en todos los momentos en que el ser inteligente quiere contemplar la majestuosa Creación, sabia, perfecta, como producto de la Perfección absoluta; inescrutable, perfectible y progresiva con relación al ser que en el espacio y el tiempo ha de verificar el desarrollo de su esencialidad. Y se manifiesta también por medio de esas esencias o entidades que son el elemento activo del Universo.
 
 De ahí la revelación constante, pero con caracteres de accidentalidad, debida a los Espíritus, colaboradores, más o menos conscientes en el gran concierto de los destinos y cumplidores más o menos poderosos, según su grado de adelanto, de las leyes eternas que a todo rigen.
 
 Pero así como la Naturaleza permanece muda cuando se la interroga con inteligente y escudriñadora mirada, así el mundo de los Espíritus parece silencioso como las tumbas que guardan los restos materiales, si no le pregunta nuestra inteligencia leyendo en los hechos que son la manifestación de aquel mundo.
 
 Ahora bien, esos hechos, efectos inteligentes, y por lo tanto, producto de una causa inteligente, deben su origen a los Espíritus, a los seres que han vivido en este planeta; pero permanecerían como letra muerta, si el hombre no aplicase la ciencia para llegar a su, conocimiento. Esos hechos, patrimonio de todas las edades y todos los países, no han sido hasta hace poco sometidos a la observación y analizados con el escalpelo de la razón; por eso el Espiritismo empírico existió siempre, y el Espiritismo científico data de nuestros días, levantándose sobre la antigua Magia, como sobre la Astrologia y la Alquimia se levantaron la Astronomía y la Química.
 
  A la inmoderada pretensión de leer en los astros el secreto de los acontecimientos terrenos, sucedió el descubrimiento de las grandes leyes de la Naturaleza física, reveladoras del concierto universal y patentizadoras de la existencia del Supremo Hacedor; a la insensata idea de hallar la piedra filosofal, sucedió el principio del conocimiento de la estructura íntima de cuanto nos rodea; del mismo modo, a la práctica inconsciente de lo tenido por sobrenatural y a las absurdas creencias explotadas por el hombre para sumir a sus semejantes en la servidumbre y en la oscuridad, ha sucedido el descubrimiento de las grandes leyes del Mundo espiritual, como suprema base de la creencia racional que nos ha de rehabilitar en el orden moral, restableciendo el perdido equilibrio.
 
 Esta es la misión del Espiritismo, que providencialmente se desarrollará, porque estriba en las leyes eternas a que todo está sujeto. Por eso reviste los caracteres que hemos señalado en estas consideraciones que hemos juzgado necesarias para satisfacer la natural ansiedad de aquellos que desean ir conociendo el resultado de nuestras investigaciones en el terreno de los fenómenos espiritistas.
 
D. ANTONIO TORRES SOLANOT
 
Artículo extraído de la obra «La Médium de las flores».

LA AMISTAD

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  En nuestra sociedad de hoy día uno de los aspectos que más se echa en falta es el de la amistad, pero no una amistad superficial, sino verdadera, sentida en toda su amplitud, con todo lo que eso significa.
 
 
  Se trata de un sentimiento que no se puede definir con simples palabras, hemos de acudir inevitablemente a lo que cada uno pensamos y sentimos al respecto. Todos sabemos que la amistad es desinteresada, bajo ningún concepto se ha de ver empañada por la desconfianza, somos conscientes de que se basa en la convivencia más o menos continuada de dos o más personas, en la que cada uno de los participantes ofrece sin pensar en recibir. 
 
  Cuando nos damos a los demás, sacamos al exterior lo que somos y sentimos con el único deseo de compartirlo. Compartir significa dar para después por ley natural ir recibiendo, sin olvidar que jamás hay que esperar nada a cambio; nunca al contrario, pues entonces sería una amistad interesada, y tarde o temprano cuando esa «amistad» dejara de beneficiarnos la desecharíamos sin más. 
 
  Las vicisitudes diarias someterán a prueba a esos sentimientos de amistad, y si deseamos que perduren tendremos que derrochar buena voluntad, ilusión y los mejores sentimientos espirituales. 
 
  No olvidemos que la Divina Providencia pondrá a nuestro alrededor las personas y las circunstancias más propicias para que esos sentimientos fraternales se incentiven en nosotros. A unos nos supondrá más esfuerzo que a otros, dependiendo de nuestra evolución espiritual, y por tal razón, hemos de estar concienciados de lo positivo que significa ir sembrando amistad por donde quiera que pasemos. 
 
  Esos lazos fraternales jamás se pierden, cuando una persona siente un profundo afecto por otra, ese sentimiento no se borra así como así, perdurará incluso en el más allá, una vez hayamos desencarnado; igual sucede con los sentimientos de odio, rencor, etc., si bien en este caso, en sentido negativo. 
 
  Cuando el espíritu es consciente del porqué y para qué de su existencia, comprende que su estancia en la tierra no ha de ser estéril y se preocupa, por encima de todo, de evolucionar y aprovechar su tiempo al máximo. 
 
  Solamente se puede evolucionar espiritualmente cuando ponemos en juego esos valores morales que todos llevamos en estado latente, es decir, cuando nos damos a los demás y nos preocupamos de veras por los que nos rodean, intentando ayudarles en aquello que precisen. 
 
  No se puede concebir la evolución personal sin que esta se vea intimamente ligada con el desenvolvimiento espiritual de otras personas, por ello la convivencia fraternal y la culminación de ésta, la amistad, significan por encima de cualquier otra meta espiritual, uno de los logros que el espíritu ha de saber desarrollar en si mismo, a través de su constante ejercicio con las personas que le rodean. 
 
REDACCION

El sufrimiento de Kisagotami

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  En tiempos de Buda, murió el único hijo de una mujer llamada Kisagotami.

  Incapaz de soporta siquiera la idea de no volver a verlo, la mujer dejó el cadáver de su hijo en la cama y durante muchos días lloró y
lloró implorando a los dioses que le permitieran morir a su vez.
  Como no encontraba consuelo, empezó a correr de una persona a otra en busca de una medicina que le ayudara a seguir viviendo sin su hijo o, de lo contrario, a morir como él.
  Le dijeron que Buda la tenía:
Kisagotami fue a ver a buda, le rindió homenaje y le preguntó:
-¿Puedes preparar una medicina que me sane este dolor o me mate para no sentirlo?
-Conozco esa medicina-contestó Buda-, pero para prepararla necesito ciertos ingredientes.
-¿qué ingredientes?-Preguntó la mujer.
-El más importante es una vaso de vino casero- dijo Buda.
-Ya mismo lo traigo- Dijo Kisagotami. Pero antes de que se marchara, Buda añadió:
-Necesito que el vino provenga de un hogar donde no haya muerto ningún niño, cónyuge, padre o sirviente.
  La mujer asintió y, sin perder tiempo, recorrió el pueblo, casa por casa, pidiendo el vino. Sin embargo, en cada casa que visitaba le sucedía lo mismo. Todos estaban dispuestos a regalarle el vino, pero al preguntar si había muerto alguien, ella encontró que todos los hombres habían sido visitados por la muerte. En una vivienda había muerto una hija, en otra un sirviente, en otra un sirviente, en otras el marido o alguno de los padres.
  Kisagotami no pudo hallar un hogar donde no se hubiera experimentado el sufrimiento de la muerte.
  Al darse cuenta de que no estaba sola en su dolor, la madre se desprendió del cuerpo sin vida de su hijo y fue a ver a Buda. Se arrodilló frente a él y le dijo:-Gracias… comprendí.

COMPRENSIÓN

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La comprensión bien entendida

nos enseña a caminar
con más luz por la vida
y un gran deseo de ayudar.

Los lazos que ella extiende
nos unen en la verdad;
quien siembra buena simiente
sin duda alguna recogerá.

Es grato ver en los hombres
un deseo de amistad,
unos lazos de hermandad
y unos nobles corazones.

La comprensión, si es sentida
con divina devoción,
nos enseña a vivir la vida
con esperanza y tesón.

Que siempre la ilusión
esté de nuestra parte,
ofreciendo compasión
y una mano confortante.

Cuando existe entendimiento
todo funciona mejor,
creándose un sentimiento
y fuertes lazos de unión.

Una palabra de aliento,
una mirada de compasión,
un abrazo de contento,
todo esto es comprensión.

Es un hecho muy noble
ayudar al oprimido,
consolar al desvalido
dar de comer al pobre.

También es muy importante
servir de apoyo constante
a todo aquel caminante
en su lucha edificante.

Mas no debemos olvidar
entender al tierno niño,
brindar nuestro cariño
y enseñarle a caminar.

Al que se halla en el abismo
hacerle reflexionar,
darle fe en si mismo
para su vida cambiar.

Escuchemos el lamento
de unos labios doloridos;
éste es un gran tormento
que sufre sólo el afligido.

Debemos tener comprensión
del hermano y del amigo,
de aquél que nada nos dió,
incluso de nuestro enemigo.

Esto que digo es profundo
y difícil de entender,
pero nada de este mundo
ha de hacerse por placer.

Todo esfuerzo es preciso
es una conquista de Paz,
vivamos el sacrificio
en pos de los demás.

J.A.C.S.

A UNA GRAN ESCRITORA

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Amalia Domingo Soler
Amalia Domingo Soler
Amalia Domingo Soler, nació en Sevilla el 10 de noviembre de 1835. Es una de las figuras más preclaras del Espiritismo español. A los diez años empezaba a escribir hermosas poesías y que, como dice en sus Memorias:
«Figurándome que en Madrid tendrían más éxito mis escritos, y al mismo tiempo que el trabajo de la mujer era mejor retribuido que en Sevilla, me trasladé a la Corte donde, en realidad, trabajando vivía mucho mejor que en la capital andaluza. Pero tanto trabajé de día y de noche que mis ojos se negaron a seguir, fijamente horas y horas mirando la labor, y entonces comenzó para mi una serie no interrumpida de sufrimientos y de humillaciones inexplicables.» 
 
Durante aquel cruento calvario de diecinueve años, llevado con indecible heroísmo, del que la sacó con vista el doctor Hysem, médico homeópata quien, como oculista, hacia curas asombrosas, tuvo la ocasión de oír hablar de espiritismo y hasta quien la leyese algún número de la revista madrileña ‘El Criterio’. Desde aquel día, dice en sus Memorias, «no descansé hasta encontrar una familia espiritista que tenia las obras de Allan Kardec; se las pedí prestadas, y muy poquito a poco, y con mucho trabajo empecé a leerlas o, más bien dicho, a estudiarlas.» 
 
Despertó entonces en ella el afán de tener todas las revistas que se publicaban en España. «Comencé mandando a ‘El Criterio’ una poesía, y entonces recibí una carta muy atenta del vizconde de Torres Solanot, con un ejemplar de su obra: ‘Preliminares del Espiritismo’. 
 
«Inmediatamente envié otra poesía al director de ‘La Revelación’, de Alicante, y me contestó a vuelta de correo, ofreciéndome las columnas de su revista. 
 
«Pasaron algunos meses, y estando una noche en la Espiritista española se habló del aniversario de Allan Kardec, y el vicepresidente de la sociedad, don Alejandro Benisia, me miró fijamente, se acercó a mi y apoyando su dedo índice en mi frente se volvió a sus compañeros y les dijo con gravedad: -En la próxima velada que se le guarde un turno a Amalia Domingo, que dentro de esta cabecita hay mucho guardado, que a su tiempo dará abundante fruto. 
 
 «Aquella noche formó época en mi vida: el 4 de abril de 1874 entré a formar parte en las filas de los propagandistas del Espiritismo; desde aquella noche, cuantas veladas literarias ha celebrado la Espiritista española, en todas ellas ha resonado mi humilde voz; mi pobreza y mi modestísima posición social ya no sirvió de obstáculo para intimar con aquellos hombres eminentes y aquellas mujeres distinguidas. 
 
 «Fernández Colavida me mandó la colección completa de su revista, las obras de Allan Kardec y una carta cariñosísima. Cuando yo me vi dueña de los libros de Kardec (por los que tanto había suspirado) mi alegría fue inmensa. 
 
 «Como mis ojos se resentían mucho de aquel abuso de trabajo, me aconsejó mi médico que tomase baños de mar, y como de todas partes me ofrecían o me brindaban los hermanos con sus respectivos hogares para que reposara por algún tiempo de mis fatigas, acepté el de una familia espiritista de Alicante que me envió dinero para el viaje. 
 
 «Al llegar a Alicante fui muy recibida por todos los espiritistas, encontré lo que yo no podía esperar, pues no creía que en tan poco tiempo pudieran ganarse tantas voluntades. 
 
 «Don Manuel Ausó, presidente de la Sociedad espiritista alicantina, hombre muy sabio, doctor y catedrático muy respetado y admirado de todos, me sentaba a su lado y decía a sus compañeros: -Si Amalia sigue mis consejos hará mucho bien a los desgraciados y a si misma. Si expiatoria es su existencia, misión hermosa, puede cumplir en medio de sus sufrimientos; en trabajar en la propaganda del Espiritismo está su redención. Yo la envidio, porque irá mucho más lejos que yo. ¡Cuánto puede adelantar si no se detiene! ¡Cuánto puede progresar si comprende su deber! 
 
 «Yo le escuchaba con el mayor asombro, porque no podía comprender lo que me aguardaba el porvenir. Veía que mis ojos siempre me amenazaban con el tormento más horrible: ¡la ceguera!… Vivir de las dádivas y de la protección de los espiritistas lo rechazaba mi espíritu en absoluto; pues nunca he creído que debía vivirse a la sombra del ideal filosófico o religioso que el hombre defienda. 
 
 «El ser digno, me decía yo, antes que todo debe ganarse su sustento, y después de atender a las primeras exigencias de la vida terrena, el tiempo sobrante que lo emplee en lo que más grato le sea. Yo soy muy pobre, debo procurar el conservar la poca luz de mis ojos, vivir de ella, y después haré lo demás.» 
 
 Su entrevista al día siguiente con don Luis Llach, presidente de «La Buena Nueva», de Gracia, en cuya casa estaba instalado dicho centro, ofreciéndola una habitación exclusivamente para ella, porque tanto él como su esposa e hijos tenían empeño en que se decidiera a vivir en su compañía. 
 
 Una tarde, a primeros de mayo de 1871, entró Luis en el cuarto de Amalia, acompañado del editor espiritista don Juan Torrents, diciéndola: -Amalia, Torrents conviene conmigo que hace mucha falta un periódico espiritista, dedicado a la mujer, donde no escriban más que mujeres; y para mediados de este mes saldrá el primer número, así, ya está enterada; escribe el articulo de fondo, habla a tus amigas Matilde Fernández y Cándida Sanz y verás que semanario haréis tan interesante; saldrá los jueves. 
 
 A sus reparos y objeciones replicó Luis: «ponle el título que te parezca al nuevo periódico. 
 
– «La Luz del Porvenir». 
 
– ¿Ves? Ya el título promete. 
 
– Pero ¿y si lo denuncian? ¿No comprendes que yo no sé dirigir un periódico? Una cosa es colaborar y otra ordenar y escoger los originales. 
 
– Tú no te inquietes por las denuncias que pueda tener ‘La Luz ‘, tú no tienes más que escribir. Torrents pone la parte material y yo haré la propaganda y proporcionaré suscriptores, con que trato hecho. Ahora no ganarás nada, porque todo serán pérdidas; cuando el periódico cubra gastos entonces Torrents te pagará lo que pueda. 
 
 «El 22 de mayo salió el primer número de ‘La Luz del Porvenir’. Tras algunos años, en mayo de 1884, el editor espiritista don Juan Torrents me cedió la propiedad del periódico ‘La Luz del Porvenir’ que llevando cinco años de publicación, tenía, puede decirse, su vida asegurada, puesto que cubría gastos; y desde aquella fecha vengo publicando ‘La Luz ‘ sufriendo las consecuencias de ser, como dice el refrán, cabeza de ratón en vez de cola de león. 
 
Fernández Colavida, que tan activa parte tuvo en el Congreso Espiritista Internacional celebrado con motivo de la Exposición Universal de 1888, desencarnó el 1 de diciembre del mismo año. 
 
«A la hora convenida, dice Amalia, llegué a casa de Fernández, acompañada de Luis, y al saber varias señoras que yo iba al cementerio se unieron al duelo, me acompañaron y me rodearon cuando leí mi poesía ante el cadáver de Fernández. 
 
«Los lectores de ‘La Luz ‘ saben muy bien que mi voz fue oída, encontrando eco en muchos espiritistas y que a los dos años de haber dejado la tierra el Kardec español se trasladaron sus restos a la tumba que, en el cementerio libre de Barcelona, guardará siempre las cenizas de Fernández. 
 
«Poco me resta que añadir al relato que llevo escrito; he seguido publicando «La Luz del Porvenir», con muchísimos apuros luchando con el imposible del no tener; y a no haber sido por el noble desprendimiento de un espiritista, al que no conozco personalmente, mi pobre «Luz» hubiera desaparecido del estadio de la prensa. 
 
 «Gracias a él, gracias a su generosidad, aún existe ese consuelo de los desgraciados; esa «Luz» que tanto estiman y con tanto afán esperan en las Penitenciarías.» 
 
 El 30 de abril de 1909 desencarnaba también Amalia Domingo Soler en Barcelona. 
 
Extracto del libro resumen del V CONGRESO ESPIRITISTA INTERNACIONAL, celebrado en Barcelona del 1 al 10 de septiembre de 1934. 

DARSE A LOS DEMÁS

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  Valorar la necesidad de darnos altruistamente a los demás es relativamente sencillo, pues a poco que nos coloquemos en su lugar se aprecia en toda su amplitud la máxima de Jesús: «Haced por los demás aquello que deseéis se hiciera por vosotros». Sin embargo, es preciso algo más, es necesario comprender este precepto moral en
la práctica, en nuestra vida diaria, allá donde nos encontremos. 
 
  Aquí estriba la principal dificultad: decidirnos interiormente a modificar nuestras viejas costumbres egoístas por unos nuevos hábitos donde sobresalgan por encima de todo, la comprensión y la entrega hacia nuestros semejantes. Los inconvenientes son diversos, los principales enemigos los constituyen nuestras propias conveniencias y gustos personales. El amor propio nos hará justificar muchos de los errores cometidos, acomodándonos a nuestros ancestrales modos de conducta y anulando el paso a esos sentimientos altruistas que luchan por manifestarse fuera de nuestro interior. 
 
  La razón interna que nos impulsa a llevar a efecto un determinado pensamiento o idea, sigue generalmente el siguiente camino: en primer lugar surge en la mente un pensamiento que valoramos y sopesamos si resulta positivo o no, seguidamente estudiamos la posibilidad de llevarlo a la acción, y la fuerza que va a dar el impulso necesario que precisa esa idea inicial para tomar forma en el mundo exterior es el sentimiento, esto es, la energía que transmite a nuestras ideas la potencia que precisan para convertirse en realidad. 
 
  Otra característica que hemos de saber apreciar en nuestras propias acciones, es el móvil que nos impulsa a actuar de un modo concreto. Sucede en muchas ocasiones que «las apariencias engañan», y aunque un comportamiento determinado sea a todas luces positivo, quizás albergue las peores y más oscuras intenciones. Por tal razón, hemos de dar mayor importancia a nuestra intencionalidad que a la acción en sí misma, sin olvidar como decía Gandhi que «la pureza de los medios ha de ser igual a la pureza de los fines», sobre todo si no queremos engañarnos a nosotros mismos con hipócritas justificaciones. 
 
  Por propia afinidad espiritual, cada persona tiende a vibrar en una sintonía concreta de pensamiento, aunque al cabo del día se vea profundamente afectada por una abrumadora cantidad de ideas de la más diversa y dispar naturaleza. Así, nos vemos influenciados por ideas poco positivas, aspecto que es nuestro deber saber erradicar y vencer en un determinado momento y recuperar esa tónica vibratoria de índole positiva que nos caracteriza. 
 
  Lo más habitual es que seamos nosotros los que por propia iniciativa alimentemos unos pensamientos u otros, dependiendo exclusivamente de nuestra propia voluntad y características espirituales. Un correcto equilibrio entre pensamientos, sentimientos y acciones nos otorgará una paz interior que hasta entonces desconocíamos, recordemos que buena parte del desasosiego interior que en ocasiones sentimos se debe a un desacuerdo entre aquellos pensamientos sentimientos altruistas que el espíritu a través de la conciencia nos transmite, solicitándonos que sean llevados a la práctica, y la postura reacia y acomodaticia que tomamos, haciendo oídos sordos a sus vehementes consejos. 
 
REDACCIÓN

EL CAPULLO Y LA MARIPOSA

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   Un hombre encontró un capullo y lo llevó a casa, para observar como emergía la mariposa del capullo. Un día algo pequeño apareció, el hombre se sentó y observó por algunas horas como la mariposa luchaba forzando su cuerpo a través de la
pequeña abertura del capullo.
 
   Parecía que no había ningún progreso. Era como si la mariposa no pudiera salir. Estaba atascada. El hombre en su bondad decidió ayudar a la mariposa. Tomó unas tijeras y cortó lo que faltaba para que saliera el pequeño cuerpo de la mariposa. Y así fue, la mariposa salió fácilmente.
 
   Pero su cuerpo era pequeño y retorcido, y sus alas estaban arrugadas. El hombre continuó observándola en espera de que en cualquier momento la mariposa estirara las alas. Paro nada pasaba. De hecho la mariposa pasó el resto de su vida arrastrándose en su retorcido cuerpo, sin poder volar.
 
   Lo que el hombre no entendió, a pesar de que lo hizo movido por su corazón y urgencia, es que el pequeño capullo y la lucha requerida para salir del pequeño agujero era la manera en que Dios inyectaba fluidos desde su cuerpo hacia las alas, de manera que se fortaleciera, para alistarla para volar y tomar la libertad. Libertad y vuelo sólo vendrían después de la lucha.
 
   Privando a la mariposa de la lucha, el hombre la privó de su salud y libertad.
 
  Algunas veces luchas y aflicciones, son exactamente lo que necesitamos en nuestras vidas. Si Dios nos permite ir por nuestra vida sin obstáculos podría lisiarnos de por vida. No seríamos tan fuertes como lo hemos sido hasta ahora.
 
Anónimo
 
 
 

NO PONGÁIS LA LÁMPARA DEBAJO DEL CELEMÍN

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No pongáis la lámpara debajo del celemín

No pongáis la lámpara debajo del celemín

Cuando una verdad, surge, cuando una luz viene a iluminarnos en las tinieblas, es necesario no apagarla, ni tampoco ocultarla, a los ojos de los demás, sino que debe procurarse darle toda su intensidad, a fin que sus rayos vengan a iluminar seres que como nosotros la necesitan.
  Las palabras de Jesús, «es menester no dejar la luz debajo del celemín», significan que la verdad que se posee debe propagarse, extenderse por todo, hacer partícipes a los demás del progreso que uno ha alcanzado, sembrar aun en terreno árido que con el tiempo, la misma semilla ejercerá su influencia benéfica sobre él y le hará apto para producir. La verdad no es patrimonio de pueblos o seres determinados, pertenece a la humanidad toda y es deber de los que la poseen, hacerla comprender a los demás, llevar la luz allí donde reina la oscuridad, la razón donde domina el error. 
 
  Grandes son las luchas que deben sostenerse para hacer triunfar la verdad y cuanto más grandes y sublimes son los principios que se quieren implantar mayores son los obstáculos que tienen que vencer, mas la misma grandeza de las ideas que se quieren propagar dan valor y energía para triunfar de esos obstáculos. 
 
  La humanidad debe progresar, el hombre mismo es el que ha de labrar su progreso, e iría contra su mismo adelanto si al recibir la luz, si al conocer alguna verdad, tratara el egoísta de recoger él solo los frutos que ésta va a producir. 
 
  Es cierto que el hombre desconfía siempre de las nuevas ideas, mas con la fuerza que da la verdad, se podrá destruir lentamente las oposiciones y barreras que siempre encuentra toda innovación. Jesús, en medio de un pueblo ignorante, planteó sus sublimes principios y él y sus apóstoles, venciendo toda clase de obstáculos y teniendo que luchar con dificultades miles, propagaron su hermosa moral. Se podrá objetar que en muchos casos Jesús oculta el sentido de sus palabras bajo el velo de la alegoría que no puede ser comprendida por todos. 
 
  El explica esto diciendo a sus apóstoles: Les hablo por parábolas, porque no están en estado de comprender ciertas cosas; ven, miran, oyen y no comprenden; decírselo todo sería inútil en este momento; pero a vosotros os lo digo, porque os es dado comprender estos misterios. Obraba pues con el pueblo como se hace con los niños, cuyas ideas no están aún desarrolladas. El hombre, como ya he dicho, debe conquistar él mismo por su trabajo y esfuerzo el progreso. Jesús, en sus parábolas, deja sembrada la semilla, es a la humanidad a quien le corresponde hacerla germinar, es decir interpretar las verdades comprendidas en esas parábolas. 
 
  Toda enseñanza debe ser proporcionada a la inteligencia de aquél a quien se dirige, y si Jesús no iluminó muchos puntos, es porque las personas a quienes se dirigía no estaban en condiciones de comprenderlos. Mas lo que la prudencia aconseja callar momentáneamente debe descubrirse más o menos tarde, porque llegados a cierto grado de desarrollo, los hombres buscan ellos mismos la luz, la oscuridad les pesa. Habiéndoles dado Dios la inteligencia para comprender y guiarse en las cosas del mundo quieren razonar su fe, entonces es cuando no se debe poner la antorcha debajo del celemín, porque sin la luz de la razón la fe se debilita. 
 
 En su sabia previsión, la Providencia sólo revela las verdades gradualmente, las descubre siempre que la humanidad está en disposición de recibirlas; pero los hombres que están en posesión de estas verdades, la mayor parte de las veces las ocultan con el objeto de dominar, y ponen así la luz debajo del celemín. 
 
  Es de notar que Jesús no se expresaba en parábolas sino respecto a las partes hasta cierto punto abstractas de su doctrina; pero habiendo hecho de la caridad hacia el prójimo y de la humildad, la condición expresa de salvación, lo que dijo concerniente a esto, es perfectamente claro, explícito y sin ambigüedad. Así debió ser, porque es la regla de conducta, regla que todo el mundo debía comprender para poderlo practicar; es lo esencial para la multitud ignorante, a la que se limitaba decir: Esto es lo que debéis hacer para alcanzar el reino de los cielos. 
 
  Sobre los demás puntos sólo desarrollaba su pensamiento a sus discípulos, siendo éstos más adelantados, moral e intelectualmente. Sin embargo, aun con sus apóstoles, dejó en la vaguedad muchos puntos cuya completa inteligencia estaba reservada para tiempos ulteriores. Estos son los puntos que han dado lugar a interpretaciones tan diversas, hasta que la ciencia por un lado y el Espiritismo por otro, han venido a revelar nuevas leyes de la naturaleza, que han hecho comprender su verdadero sentido. El Espiritismo viene hoy a poner en claro una porción de puntos oscuros; sin embargo, no lo hace inconsiderablemente: los espíritus proceden en sus instrucciones con una admirable prudencia; sólo sucesiva y gradualmente, han abordado las diferentes partes conocidas de la doctrina, y del mismo modo serán reveladas las otras a medida que llegue el tiempo de sacarlas de la oscuridad. 
 
  Si la hubiesen presentado completa desde un principio, sólo hubiera asustado hasta a los que no estaban preparados y esto hubiera sido un obstáculo para su propagación. Si, pues, los espíritus no lo dicen aún todo ostensiblemente, no es porque haya en la doctrina misterios reservados para los privilegiados, ni que pongan la antorcha debajo del celemín, sino porque cada cosa debe venir en tiempo oportuno; dejan que una idea madure y se propague antes de presentar otra, y a los acontecimientos que preparen la aceptación. 
 
  El momento ha llegado para los espiritistas de demostrar que son verdaderos discípulos de Cristo, y esparcir la verdad. Es necesario armarse de valor para afrontar todos los peligros y hacer germinar la semilla sembrada por el que dijo: «Amaos los unos a los otros». 
 
  En esta época de crisis moral y renovación social, cuando parece que el materialismo cunde por todas partes y hace millares de víctimas, es que tras las tumbas se levantan los muertos y vienen a confirmar las palabras de Cristo. 
 
  La hora ha sonado, marchemos a la lucha, con la frente levantada y sostenidos por el valor que da la verdad y la fe, despleguemos el estandarte del Espiritismo; no temamos el ridículo ni la mofa y propaguemos la verdad, asentemos el edificio que queremos construir sobre el pedestal inconmovible llamado: Moral y Espiritualidad. 
 
No pongáis la lámpara debajo del celemín por: María Balech
 
Artículo extractado de la revista «LA LUZ DEL PORVENIR», editada el 12 de diciembre de 1.895.
Otros artículos de esta sección en: Recordando el pasado

APLICACIÓN DE LOS IDEALES

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   Cuando nos planteamos la posibilidad de aplicar en nuestra vida diaria los conceptos espirituales que vamos conociendo, o que como ideales propios ya mantenemos, surgen, inevitablemente, las dificultades al comprobar que hemos de adecuar los mismos al
ambiente en el cual nos desenvolvemos, a las necesidades y perspectivas actuales que nuestro mundo de hoy día plantea. 
 
   El ser humano de nuestros días con conocimientos espirituales de su porqué y para qué en la vida, consciente de su realidad como espíritu que transciende más allá de la materia y de la responsabilidad para con sus semejantes, no puede ni debe estancarse en el tiempo, anquilosar sus conocimientos enclaustrándolos en el ayer, ha de renovarse y poner en orden sus objetivos sin que por ello pierdan en absoluto su trasfondo espiritual. 
 
   A veces, todavía hoy día, se piensa que espiritualidad es sinónimo de misticismo, de aislamiento de la sociedad, y eso no es así, al contrario, mantener hoy día unas ideas de índole espiritual supone una gran responsabilidad por cuanto de nuestro modo de enfocarlas, y sobre todo de transmitirlas, depende que otras personas puedan respetarnos y, por qué no, admitir como válidos esos conceptos ideológicos. 
 
  Esa idea entraña que nuestra preparación no ha de ser exclusivamente teórica o filosófica encaminándola a la divulgación, en ocasiones tediosa o incomprensible para muchos de nuestros semejantes, sino que hemos de saber aplicar en nuestra vida diaria esas mismas ideas que defendemos dialécticamente, de una forma viva y real, perfectamente palpable y visible en nuestro comportamiento, como prueba más que irrefutable de que vivimos, sentimos, pensamos, realizamos, y sobre todo compartimos, aquellos ideales altruistas que se profesan, relegando a un segundo lugar nuestros gustos y egoísmos particulares. 
 
  La pregunta que a cada instante debemos de formularnos es la siguiente: ¿estoy haciendo todo lo que puedo por los que me rodean o más bien estoy anteponiendo mi comodidad conformándome con aparentar ser altruista y no serlo? 
 
  ¿Qué significa ser altruista? Podemos creer que consiste en renunciar a parte de nuestro bienestar económico por los demás; hasta cierto punto si, pero eso solamente seria un aspecto de ese altruismo, porque significa algo más, quiere decir ofrecimiento y entrega, pero no solamente de aspectos externos sino de nuestros sentimientos más positivos, aquellos que nos incentivan a compartir, a colocarnos en el lugar del prójimo cuando atraviesa dificultades, a comprenderle, valorarle y sobre todo a respetarle en su total integridad. 
 
  El aspecto del trato humano y de la convivencia fraternal ha de ser fomentado con mayor hincapié por todo aquel que desee vivir conforme a lo que piensa, es preciso pasar la prueba de la práctica para que se conviertan en reales los principios espirituales que mantenemos, es el reto de la renovación el que hoy hemos de aceptar para saber valorar qué es lo más necesario y aplicarlo. 
 
REDACCIÓN

CONGRESO ESPIRITISTA INTERNACIONAL  BARCELONA 1934

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  Del 1 al 10 de Septiembre de 1.934 se celebró, en el grandioso hall del Palacio de Proyecciones de Barcelona, el V Congreso Espírita Internacional, organizado por la Federación Espiritista Internacional. El Comité Organizador de este Congreso estaba compuesto por los miembros del Directorio de la F.E.E. y un
delegado de cada uno de los centros espiritistas de Barcelona, Tarrasa y Sabadell. 
 
  Es de remarcar el gran número de entidades representadas en este V Congreso, pertenecientes a numerosos países de toda Europa, América del Norte, Centro y Sur, Asia y Africa del Sur. Destacaremos entre todas ellas, la presencia de Humberto Mariotti por parte de la representación argentina, y de Ernesto Bozzano por la de Italia. 
 
  En cuanto a la organización, el Congreso se dividió en dos secciones: 
 
 
SECCION PRIMERA 
 
 
PROPAGANDA, ORGANIZACION. ESTUDIO DE LA DOCTRINA, FILOSOFIA Y MORAL. 
 
a) Problema religioso. Dios. 
 
b) Existencia del alma y su supervivencia. Problemas del Ser y del Destino. 
 
c) Evolución progresiva del hombre. Las modalidades posibles. 
 
d) El Espiritismo como filosofia moral. 
 
e) El Espiritismo y la vida social. 
 
f) El Espiritismo y la juventud. 
 
g) ¿Cómo divulgar el Espiritismo? ¿Qué sistemas de propaganda conviene emplear? 
 
h) Organización espirita; sugestiones de orden práctico. Estadísticas e informaciones sobre el movimiento espiritista y su organización en los diferentes países. 
 
i) Las actividades espiritistas bajo el punto de vista de la beneficencia y de la acción cultural y social. 
 
 
SECCION SEGUNDA 
 
 
ESTUDIOS EXPERIMENTALES. FENOMENOS PSIQUICOS, MEDIUMNIDAD. CIENCIA. 
 
 
a) La ciencia y el conocimiento de los fenómenos psicológicos vistos y estudiados a la luz del Espiritismo. 
 
b) Los fenómenos paranormales en la historia de las religiones y el Espiritismo. 
 
c) Fenomenología espírita. Nomenclatura y clasificación. 
 
d) Mediumnidad: los métodos de desarrollo empleados en cada país. 
 
e) Memorias sobre los hechos más importantes y mejor probados que han tenido lugar a partir del último Congreso Internacional. 
 
  A manera de conclusión el Congreso acordó recomendar el estudio de los temas propuestos en el programa del mismo, alumbrados a la luz del Espiritismo y llevándolos hasta las últimas consecuencias pues sólo ellas podrán conducirnos a soluciones nuevas racionales y eficaces sobre cuestiones fundamentales de la Vida. Además, el Congreso declaró también que sus conclusiones no constituían una estación de llegadas sino un punto de partida para nuevos estudios sobre el Espiritismo.
 
 

ATREVERSE A VOLAR

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Y cuando se hizo grande, su padre le dijo:

-Hijo mío, no todos nacen con alas. Y si bien es cierto que no tienes obligación de volar, opino que sería penoso que te limitaras a caminar teniendo las alas
que el buen Dios te ha dado.

-Pero yo no sé volar – contestó el hijo.


-Ven – dijo el padre.


Lo tomó de la mano y caminando lo llevó al borde del abismo en la montaña.

-Ves hijo, este es el vacío. Cuando quieras podrás volar. Sólo debes pararte aquí, respirar profundo, y saltar al abismo. Una vez en el aire extenderás las alas y volarás…

El hijo dudó.

-¿Y si me caigo?


-Aunque te caigas no morirás, sólo algunos machucones que harán más fuerte para el siguiente intento –contestó el padre.

El hijo volvió al pueblo, a sus amigos, a sus compañeros con los que había caminado toda su vida. Los más pequeños de mente dijeron:


¿Estás loco? … ¿Para qué? ….Tu padre está delirando… ¿Qué vas a buscar volando? ….¿Por qué no te dejas de pavadas? ….Y además, ¿quién necesita?

Los más lúcidos también sentían miedo:

¿Será cierto? … ¿No será peligroso? … ¿Por qué no empiezas despacio? ….En todo caso, prueba a tirarte desde una escalera. …O desde la copa de un árbol, pero… ¿desde la cima?

El joven escuchó el consejo de quienes lo querían.

Subió a la copa de un árbol y con coraje saltó…

Desplegó sus alas. Las agitó en el aire con todas sus fuerzas… pero igual… se precipitó a tierra…

Con un gran chichón en la frente se cruzó con su padre:

-¡Me mentiste! No puedo volar. Probé, y ¡mira el golpe que me di!. No soy como tú. Mis alas son de adorno… – lloriqueó.

-Hijo mío – dijo el padre – Para volar hay que crear el espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen. Es como tirarse en un paracaídas… necesitas cierta altura antes de saltar.

Para aprender a volar siempre hay que empezar corriendo un riesgo.

JORGE BUCAY 
 
 

PLURALIDAD DE GLOBOS HABITADOS

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Pluralidad de globos habitados

Pluralidad de globos habitados

   La geología nos enseña que la tierra existe desde hace millones de años, y el Espiritismo, que en el orden cronológico de los globos que se mueven en el espacio, y que han surgido sucesivamente en la inmensidad al soplo del poder creador, no ocupa la tierra sino una de las últimas jerarquías. 
  El número de estos globos no puede computarse, y sin consultar aquí, los testimonios de la ciencia, nos bastará tomar, por ejemplo, la impresión que experimenta el hombre al mirar la bóveda celeste. La simple ojeada que se pierde en las profundidades del espacio en que pululan estos puntos luminosos que parecen confundirse en su inconmensurable lejanía; esta ojeada, a simple vista, ¿no desafía por sí sola todos los cálculos que hacerse pudieran? Los granos de arena del mar no bastarían a representar el número de las estrellas que pueblan el cielo, y ni aun podrían servir de punto de comparación a el que tratara de darse cuenta de esta inmensidad. 
 
   Rechacemos desde luego esa hipótesis pueril, que debió tener origen en la ignorancia de los hombres tanto como en su orgullo; dejemos a un lado la asombrosa pretensión que consiste en decir que la tierra, este punto imperceptible y perdido en el espacio, haya sido, en las miras del Creador, el pivote del universo al derredor del cual debiese gravitar toda la creación. 
 
  Hoy no es posible admitir que esas miríadas de globos que brillan en el firmamento, que ese maravilloso sistema planetario que comprende por otra parte a la tierra en sus leyes generales, no ha sido, en la economía de la obra divina, más que una simple ornamentación destinada a decorar y embellecer la bóveda celeste. 
 
   ¿Y qué? ¿Estos astros han sido creados para embellecer la bóveda celeste cuando los rayos luminosos de algunos de entre ellos no han podido todavía, según las posibilidades de la ciencia, atravesar el espacio que les separa de la tierra?, ¿cuando otros empiezan a alborear a nuestros ojos una débil claridad? La razón, y sobre todo los progresos de la ciencia moderna, no pueden tomar por lo serio semejante sistema. 
 
  Ha llegado para el hombre el momento de levantar su pensamiento por encima de las estrechas percepciones del horizonte terrestre, de ensanchar sus miras desde el momento que su Creador se digna desarrollar en él el sentimiento de su grandeza. 
 
  Estos globos, inmensos santuarios de vida, obedecen al impulso del desarrollo que les es propio. Separados en el orden cronológico de su formación por incalculables duraciones, forman una cadena eterna y no interrumpida en el cumplimiento de una transformación progresiva y grandiosa, apropiada a las fases de la humanidad universal. El hombre de la tierra como el de los otros mundos, está llamado a seguir estas fases divinas en la marcha de su depuración, a fin de llegar hasta su última etapa; la comunión con la esencia divina. El progreso de la humanidad se verifica de este modo de uno a otro globo, como lo confirman estas palabras de Jesucristo: «Hay muchas moradas en la casa de mi Padre»; y estos globos ofrecen por si mismos una cadena progresiva de perfección y de felicidad. 
 
   Así es como la humanidad converge hacia la perfección del Ser Supremo. En esta ascensión aparece sucesivamente sobre diferentes astros, según un orden cronológico que corresponde al grado de desarrollo adquirido por cada uno de ellos en la duración de los siglos. 
 
   El Espiritismo nos inicia, pues, en los secretos del pensamiento divino que ha presidido a la creación, nos hace conocer las transformaciones sucesivas y providenciales que están reservadas al espíritu y que debe recorrer para asociarse a la transformación infinita que rige al universo. El Espiritismo nos enseña, en fin, que el progreso en el ser individual como en el hombre colectivo, es el producto del tiempo y no es jamás espontáneo. 
 
   Los espíritus nos enseñan que en la jerarquía de la gran familia universal están poco adelantados los habitantes de la tierra; que apenas se hallan desprendidos de las primeras condiciones del germen; que están todavía en el estado de naturaleza primitiva, y por este hecho sometidos a las imperfecciones inherentes a los primeros siglos de la infancia. Difícil es por lo tanto encontrar la felicidad en este medio, que es el de la prueba y de la expiación, y que hace de la tierra, en cuanto al presente, un purgatorio, instrumento de elaboración necesario al desprendimiento para el hombre de su naturaleza bruta. Tal afectación de la morada terrestre no puede constituir un estado normal y permanente, sino al contrario, un estado esencialmente transitorio, subordinado al progreso y a la moralidad de los espíritus llamados a residir en él por medio de la encarnación. 
 
   Hay todavía ciertos globos, que están y deben estar conforme enseña el Espiritismo, en condiciones inferiores a las de la tierra, pero el mayor número de ellos son, por el contrario, de un orden más elevado de adelanto, de moralidad y de felicidad. En este orden de ideas nos enseñan los espíritus que la tierra está a punto de entrar en una nueva era y de alcanzar una fase mejor y más feliz; éstos son los tiempos predichos por el apóstol San Juan. 
 
   La obra capital de la creación es la inmortalidad del alma, y la extensión de ésta no tiene por límites sino los globos sin número que se mueven en el espacio. 
 
   La humanidad universal, nacida de un mismo origen, converge, pues, hacia un mismo fin, forma una sola y misma familia, a la que una simpática y congénita naturaleza debe unir en el conjunto de su transformación. 
 
   Unicamente en estas consideraciones de un orden tan elevado, y en estas vastas vías, dignas solamente del pensamiento, es donde puede hallarse la justificación de la posibilidad para el hombre de llegar hasta su Creador; él tan ruin y culpable, tan indigno de tanta felicidad y tanta gloria. 
 
   No puede incontestablemente esperar confundirse en el seno de la esencia divina, sino después de haberse depurado en el laboratorio de existencias sucesivas, de haberse santificado por una progresión recorrida hasta sus últimos límites. 
Pluralidad de globos habitados por: Miguel Bonnamy
 
 
Extraído del libro «LA RAZON DEL ESPIRITISMO«, de MIGUEL BONNAMY, editado en 1.869.
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