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REFORMADORES: PRESENTACIÓN

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Reformadores: Presentación

Reformadores: Presentación

Presentamos hoy una nueva sección en nuestra revista en la que pretendemos recordar a algunos personajes de la Historia cuyos actos dejaron huella, moral o humanística, en nuestro mundo durante el tiempo que les tocó vivir.

La idea no es reincidir en esas figuras archiconocidas como Sócrates, Hermes Trismegisto, Buda, San Francisco, Santa Teresa… sobradamente conocidas de todos por el legado que dejaron a nivel universal y de las que ya existe nutrida información en la bibliografía. No. Deseamos centrarnos en aquellos personajes, menos conocidos u olvidados, que a un nivel más local hicieron un trabajo útil que quedó para las siguientes generaciones como ejemplo de abnegación y solidaridad. Personalidades con una manera de pensar y un comportamiento claramente espiritistas, aunque vivieran en una época en la que el Espiritismo no tenía asomo alguno de existencia; o que, habiendo vivido después, no podamos saber a ciencia cierta si bebieron de esta doctrina para llevar a cabo su labor.

Hablaremos aquí de mujeres y hombres que fomentaron o realizaron directamente reformas sociales que, en su momento, supusieron importantes avances con respecto a los convencionalismos preestablecidos; personas que hubieron de afrontar fuertes resistencias e incluso ataques y humillaciones personales, a pesar de los cuales se mantuvieron firmes en sus convicciones y perseveraron en conseguir los objetivos que sus conciencias les dictaban.

O sea, desde la perspectiva espiritista, en cumplir los proyectos planificados antes de sus respectivas reencarnaciones. Unos proyectos de reformas necesarias que permitieran al planeta (o a lugares concretos de este) dar pasos adelante para ir saliendo del enclaustramiento, anquilosamiento y comodidad que obstaculizaban su progreso. Así, veremos cambios y reformas sociales, políticas, educativas, sanitarias… humanistas, en definitiva; obras cimentadas claramente en los preceptos cristianos que se dejaban (y se siguen dejando) de lado a causa de la inmersión materialista en la que ha caído la Humanidad.

Deseamos que esta sección sea de su agrado y les sirva para animarles a trabajar a favor del prójimo, puesto que cualquiera de nosotros está capacitado para hacer algo, por pequeño que sea, que deje huella benefactora para el porvenir.

Reformadores: Presentación. Jesús Fernández Escrich

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

ALMA MUERTA, ALMA VIVA

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Alma muerta, alma viva

Alma muerta, alma viva

 

El alma que vive

de espaldas al mundo,

y el saber profundo

que con él convive

nunca lo recibe

con la puerta abierta,

es un alma muerta.

 

El alma con fe,

con vista futura

en lo que perdura,

que lo que no ve

lo siente per sé

aun no lo perciba,

es un alma viva.

 

El alma quejosa

que abjura y reniega

de su dura brega,

de actitud lutosa,

que por cualquier cosa

va y se desconcierta,

es un alma muerta.

 

El alma consciente

de su propia esencia,

con buena conciencia,

con luz en su frente,

que mira a la gente

con más perspectiva,

es un alma viva.

 

El alma que ostenta

actitud dolosa,

falaz y envidiosa,

cuyo azar lamenta,

y endeuda la cuenta

de su vida incierta,

es un alma muerta.

 

El alma que vuela

por mundos de sueños,

de gestos risueños,

que al mundo consuela

y no se rebela

ni se muestra esquiva,

es un alma viva.

 

El alma egoísta,

abyecta y oscura,

que de Dios abjura,

y a cuya conquista

espiritualista

le cierra la puerta,

es un alma muerta.

 

El alma poeta

que huele las rosas,

que acepta las cosas

sin falsa careta,

que busca su meta

sin mostrarse altiva,

es un alma viva.

 

 Jesús Fernández Escrich

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

Nuestro compañero Jesús Fernández, que es el autor de esta poesía, lo es también de otra obra titulada: ACUARELAS.

QUISIERA, SEÑOR…

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Quisiera, Señor...

Quisiera, Señor…

Quisiera poder decir:

Gracias, Señor, por la vida

que me diste bendecida,

y mi eterno porvenir.

Quisiera contribuir

a Tu siembra y, obediente,

ser el agua de Tu fuente;

ser de Tu Verbo vehículo;

pero mi pobre versículo

es del todo insuficiente.

                          Jesús Fernández Escrich

                         © 2021, Amor, Paz y Caridad.

VILLANCICO

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Villancico

Villancico

Guardada ya la manada

y hallándose los pastores

cansados de sus labores

al abrigo en la majada,

escucharon la llamada

de un ángel que les decía:

-Id a rendir pleitesía

a un  pequeño que ha nacido

en el más humilde nido,

pues otro mejor no había.

 

Id al pueblo de Belén

junto a José y a María

a compartir su alegría

y a dar vuestro parabién,

porque ha nacido recién,

entre mansos animales,

el Pastor de los mortales.

Id sin perder ni un segundo,

porque el Redentor del Mundo

trae el Amor a raudales.

 

Villancico por: Jesús Fernández Escrich

© 2020, Amor, Paz y Caridad.

CAMBIO DE CICLO

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Cambio de ciclo

CAMBIO DE CICLO

 

Este mundo está convulso;

Sufre agravios, felonías;

y las malas energías

nos están echando un pulso.

 

Es un mundo que agoniza

bajo los fuertes impactos

de los deplorables actos

de su moral enfermiza.

 

Acaso se esté cumpliendo

el bíblico Apocalipsis,

cuya galopante crisis

al mundo está destruyendo:

 

Norte, sur, este y oeste;

por doquier, yendo en piquetes,

vemos trotar los jinetes

Hambre, Muerte, Guerra y Peste.

 

Mas, no se tengan temores

ni la esperanza se pierda;

Dios nos sigue dando cuerda;

en Él no caben rencores

 

hacia sus hijos queridos,

y sabe que, en el futuro,

por nuestro trabajo duro

nos verá manumitidos.

 

Si largo ha sido el periplo

del planeta, hasta el presente,

su destrucción aparente

es solo un cambio de ciclo.

 

Cambio de ciclo por: Jesús Fernández Escrich.

© 2020 Amor, Paz y Caridad.

EN PAZ CON LA MADRE TIERRA

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En paz con la madre Tierra

En paz con la Madre Tierra

No es por la Primavera
que revive la Natura,
reverdece la espesura
y el agua se regenera;

no es la bella estación
la que al son de los clarines
resucita los jardines
con nutrida floración;

la Primavera no es
la que logra de repente
depurar el medio ambiente
y librarse del estrés;

ni la que cubre los prados
de amapolas coloradas,
ni la que trae oleadas
de animalitos alados.

Es Mamá Naturaleza
quien, parando al ser humano
y tras mucho intento vano,
con vigor se despereza

de su obligado letargo,
limpiándose con tesón
de la contaminación
que sufre de tiempo largo.

Es Mamá Naturaleza
la que ha tomado las riendas
para aplicar las enmiendas
que precisa su limpieza,

pues de todos es sabido
que el hombre es el responsable
del estado deplorable
en que el mundo está sumido.

Hay, por tanto, una lección
que debemos aprender
para nunca más caer
en la misma situación.

Si no logramos vivir
de forma más natural,
esta pandemia letal
se volverá a repetir.

Apostemos por la vida
en paz con la Madre Tierra;
quien le declare la guerra
puede darla por perdida.

En paz con la madre tierra por: Jesús Fernández Escrich

© 2020 Amor, Paz y Caridad.

 

CRÓNICA DE UNA PANDEMIA

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Crónica de una pandemia

Crónica de una pandemia

Quién pudiera pasear
por el jardín primoroso;
quién pudiera sestear
bajo el álamo frondoso;

quién se pudiera sentar
en algún banco del parque;
quién pudiera navegar
con su tarjeta de embarque.

Quién se pudiera tomar
un refresco o un café
en la terraza de un bar
o en una sala de té;

quién se pudiera bañar
en las aguas cristalinas
de los ríos; o en el mar,
entre las olas salinas.

Y quién pudiera abrazar
al vecino, al compañero,
al amigo, al familiar…
a todo el mundo al que quiero.

Quién pudiera haber pensado
que nuestro modo de vida
se vería trastocado
de forma tan extensiva;

ha sido un microorganismo
el responsable fatal
de que ya no sea el mismo
nuestro modelo vital;

por esa razón tenemos
que permanecer en casa.
Pero no desesperemos,
pues toda tormenta pasa;

ningún mal resulta eterno,
las crisis son pasajeras,
y después de cada invierno
regresan las primaveras.

No perdamos la esperanza
en que todo pasará;
la Ciencia, que tanto avanza,
el remedio encontrará

y podremos abrazar
otra vez a nuestra gente;
y salir a pasear,
como se hacía reciente;

y volver a respirar
el aire del campo agreste;
solo habremos de esperar
a que termine esta peste.

Es tiempo de meditar
en cómo hicimos las cosas;
es tiempo de perfumar
el mundo con nuevas rosas.

Crónica de una pandemia por: Jesús Fernández Escrich

© 2020 Amor, Paz y Caridad.

CREENCIAS ACERCA DE LA MUERTE

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Creencias acerca de la muerte

CREENCIAS ACERCA DE LA MUERTE

 

Al hombre sigue dándole temor

el tránsito final: cree que la muerte

es la fatalidad, la negra suerte

que solo tras de sí deja dolor.

 

Este es, precisamente, el gran error;

tras ella solo el cuerpo queda inerte,

y al alma liberada reconvierte

en lo que es en verdad: luz del Señor.

 

La muerte no es el paso hacia la nada;

es la liberación de la materia;

nos saca de la terrenal miseria

 

cuando la prueba fue cumplimentada.

La muerte de esta forma comprendida

es un portal abierto a la otra vida.

 

Y el alma que tal cosa no creyera,

creerá, cuando se muera,

que sigue estando aquí; pero aturdida.

Creencias acerca de la muerte por: Jesús Fernández Escrich

© 2019 Amor, Paz y Caridad

 

NUESTRA ES LA CULPA

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La culpa es nuestra

“¿Por qué permite Dios tanta injusticia?”,

el hombre irresponsable se pregunta;

los fallos cometidos no se apunta,

y acusa al Creador de su impericia.

 

Rehúsa del Eterno Su caricia;

solo a lo material su ser se junta;

y escoge ser sujeto de la yunta

que tira del calés de la malicia.

 

Creado por Ti fue el hombre pío;

le diste libertad con mano diestra;

y a causa de usar mal el albedrío

 

nos vemos con el alma tan siniestra.

No cabe duda alguna, Padre mío,

de tanta imperfección, la culpa es nuestra.

 

Nuestra es la culpa por: Jesús Fernández Escrich

© 2019 Amor, Paz y Caridad

 

LA GOTA

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La gota

Sucedió una vez que una pequeña gota de agua cayó a tierra desde una gran nube gris durante una de esas típicas tormentas de verano, de esas que se forman a media tarde como consecuencia del fuerte calor. La gota, en principio, fue a caer sobre el suelo de una vieja ciudad, deslizándose por sus callejas cuesta abajo. Al arrastrarse, recogía algunas partículas de polvo, al igual que el resto de millones de gotas, contribuyendo con su humilde labor a limpiar el pavimento de la población. La gota fue arrastrada por la corriente hasta ser tragada por una alcantarilla. Fueron éstos malos momentos para la gota; la corriente era fuerte y se iba golpeando contra otras gotitas que habían corrido su misma suerte.

El conducto bajo la superficie era oscuro, tenebroso; no sabía adónde iría a dar con sus moléculas. Seguía avanzando y seguía impregnándose de porquería, de suciedad; la gota había adquirido un feo color pardusco.

De pronto, se hizo la luz. La cañería desembocó en un canal a cielo abierto y la gota llegó por él hasta una gran depuradora. Comenzó así una extraña experiencia, pasando de una balsa a otra; transitando por conductos donde era sometida a ciertos procesos químicos que la despojaban poco a poco de inmundicias. La gota se sentía mucho mejor.

Cuando estuvo limpia, fue encauzada por otro atanor y dirigida de nuevo a la ciudad. Este conducto también era oscuro, pero limpio, y la gota avanzaba por él con rapidez, impulsada por potentes bombas hidráulicas. ¿Por dónde saldría? ¿Por el grifo de una casa? ¿Por los aspersores de alguna instalación de riego? No. Fue expulsada hacia arriba por el caño del surtidor de una fuente, cayendo enseguida en el pilón de piedra. ¡Por fin un poco de descanso!, pensó la gota. La fuente, en efecto, era un remanso de paz. Se encontraba en el centro de un bello y tranquilo parque, envuelta por la sombra de imponentes negrillos. Pero había un cierto peligro en este lugar: los pajarillos venían con frecuencia a beber de sus aguas. No me gustaría acabar en el estómago de un mirlo, se dijo la gota. Pero este no iba a ser su destino, en absoluto. Pasados unos pocos días, se formó otro tormentón de verano. El aguacero fue tan intenso que hizo rebosar las aguas del pilón, y nuestra protagonista se vertió fuera. Y en esta ocasión, la corriente no la llevó hacia otra alcantarilla, sino que transitó por el centro de una calle hasta salirse del pueblo. Cayó así en una acequia de riego y por ella arribó a un labrantío. Fue derivada por un caballón hacia un cultivo de frutales, donde permaneció un tiempo moviéndose entre los terrones; impregnándose de sales minerales y disolviendo sus átomos.

Pasado este tiempo, la gota fue absorbida por una pequeña raíz de un ciruelo, y, circulando como savia por los vasos del vegetal, la gota terminó su viaje por el planeta.

Quizá muchos piensen que este fue el fin de su vida. Pero la vida nunca se acaba. Luego de ser de nuevo depurada por la planta, de ser desposeída de las sales minerales que llevaba disueltas, la gota alcanzó una hoja y, sufriendo una transformación de su ser por efecto de la fotosíntesis, salió al exterior, por un estoma, como vapor de agua invisible e intangible, igual que el alma humana cuando culmina su periplo terreno. La gota quintaesenciada ascendió hacia el cielo hasta llegar a una gran nube de tormenta estival, en donde permaneció algún tiempo formando parte de un todo, hasta que las condiciones climáticas fueron las propicias para que la nube se condensara, y nuestra gota volvió a tomar cuerpo líquido, cayendo por gravedad hasta la tierra para dar comienzo a un nuevo viaje que estaría cargado de nuevas experiencias.

Se podría decir que la gota había encarnado.

El relato pretende ser una metáfora de la experiencia material del espíritu humano. La gota es el ser; el tránsito por calles, fuentes, bancales… son las experiencias de la propia vida; la depuradora expresa la ayuda que recibimos de parientes, amigos y otras personas que, en momentos concretos y de manera esporádica, aparecen en nuestra existencia para darnos apoyo, consuelo y enseñanzas tendentes a ayudar a despojarnos de pesares e ideas erróneas; el paso por el árbol representa la vejez, o última etapa de la vida, donde el ser humano se prepara para la muerte, simbolizada por la fotosíntesis, en la que el espíritu cambia su estado material a inmaterial. Y por último, la nube es la “erraticidad” en la que permanecemos hasta que se nos da otra oportunidad re-encarnatoria.

Espero que esta parábola les haya gustado.

Mucha paz.

La gota por: Jesús Fernández Escrich

© Amor, Paz y Caridad, 2019

 

ASÍ ESTÁN LAS COSAS

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Así están las cosas

Tuvieron que matar a aquel Rabino

de forma tan cruel como execrable;

era callar su voz lo deseable,

y a nadie le importaba ni un comino

 

truncar tan bruscamente su camino.

No obstante, hay un hecho incuestionable:

Jesús fijó el mensaje perdurable,

que es exactamente a lo que vino:

 

Dejarnos el amor universal

y la fraternidad, aquí, en la Tierra;

que nada se consigue con el mal;

 

que hay que vivir en paz, y no en la guerra.

Es triste que la gente, con Su muerte,

después de dos mil años no despierte.

 

Así están las cosas por: Jesús Fernández Escrich

© Amor, Paz y Caridad, 2019

ERROR DE CONCEPTO

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Error de concepto

Soneto con coda.

 

El Cristo Redentor salió del huerto

prendido por la lanza del romano

bajo la acusación del propio hermano;

un prendimiento ruin, a cielo abierto,

 

un cielo que de negro se ha cubierto,

negro como el rencor del ser humano,

del Sanedrín jerosolimitano

que no paró hasta ver al Rabí muerto.

 

¿De qué sirvió el suplicio de la cruz?

¿Mataron a Jesús…? ¡Qué gran error!,

tratar de dar la muerte con dolor

 

al Ser que representa vida y luz,

porque no  comprendían qué acontece

cuando lo material se desvanece.

 

Error del Sanedrín

creer que con la muerte llega el fin:

Después hay otra vida que amanece.

Error de concepto por: Jesús Fernández Escrich

© Amor, Paz y Caridad, 2019