CRÓNICA DE UNA PANDEMIA

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Crónica de una pandemia

Crónica de una pandemia

Quién pudiera pasear
por el jardín primoroso;
quién pudiera sestear
bajo el álamo frondoso;

quién se pudiera sentar
en algún banco del parque;
quién pudiera navegar
con su tarjeta de embarque.

Quién se pudiera tomar
un refresco o un café
en la terraza de un bar
o en una sala de té;

quién se pudiera bañar
en las aguas cristalinas
de los ríos; o en el mar,
entre las olas salinas.

Y quién pudiera abrazar
al vecino, al compañero,
al amigo, al familiar…
a todo el mundo al que quiero.

Quién pudiera haber pensado
que nuestro modo de vida
se vería trastocado
de forma tan extensiva;

ha sido un microorganismo
el responsable fatal
de que ya no sea el mismo
nuestro modelo vital;

por esa razón tenemos
que permanecer en casa.
Pero no desesperemos,
pues toda tormenta pasa;

ningún mal resulta eterno,
las crisis son pasajeras,
y después de cada invierno
regresan las primaveras.

No perdamos la esperanza
en que todo pasará;
la Ciencia, que tanto avanza,
el remedio encontrará

y podremos abrazar
otra vez a nuestra gente;
y salir a pasear,
como se hacía reciente;

y volver a respirar
el aire del campo agreste;
solo habremos de esperar
a que termine esta peste.

Es tiempo de meditar
en cómo hicimos las cosas;
es tiempo de perfumar
el mundo con nuevas rosas.

Crónica de una pandemia por: Jesús Fernández Escrich

© 2020 Amor, Paz y Caridad.

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