Tuvieron que matar a aquel Rabino
de forma tan cruel como execrable;
era callar su voz lo deseable,
y a nadie le importaba ni un comino
truncar tan bruscamente su camino.
No obstante, hay un hecho incuestionable:
Jesús fijó el mensaje perdurable,
que es exactamente a lo que vino:
Dejarnos el amor universal
y la fraternidad, aquí, en la Tierra;
que nada se consigue con el mal;
que hay que vivir en paz, y no en la guerra.
Es triste que la gente, con Su muerte,
después de dos mil años no despierte.
Así están las cosas por: Jesús Fernández Escrich
© Amor, Paz y Caridad, 2019






