MISIÓN DIVINA Y SUBLIMACIÓN ANGÉLICA

0
91
Misión divina y sublimación evangélica

Misión divina y sublimación evangélica

Llegamos casi al término de lo que nuestros limitados conocimientos nos permiten al respecto de la trayectoria del alma inmortal. Somos conscientes de que hablamos de informaciones que nos han sido transmitidas por entidades espirituales de alta graduación a través de obras extraordinarias, como por ejemplo “El Libro de los Espíritus” de Allan Kardec, y otras.

Precisamente Kardec detalla algunos de los cometidos y aspectos de las jerarquías espirituales en los mundos superiores, y por este intermedio comenzamos a valorar muy sucintamente algunos de los cometidos y responsabilidades que las almas liberadas y perfectas llevan a cabo.

En la certeza de que todos hemos de llegar a ese mismo estadio a través de la propia evolución de nuestra alma inmortal, también deberemos desempeñar, cuando alcancemos esta condición, los trabajos y deberes correspondientes a nuestro nivel evolutivo. Sabemos por las leyes de justicia y de amor que todos estamos llamados al mismo destino: la perfección y la plenitud espiritual, colaborando con nuestro Creador en su obra de amor universal.

Conscientes de esta trayectoria y del destino que nos aguarda, el punto que hoy nos toca abordar hace referencia al momento en que el espíritu alcanza proporciones angélicas en su desarrollo moral y espiritual. A partir de aquí, aquellos que lo consiguen se proponen colaborar en la obra divina, empeñando diferentes misiones para las que se preparan durante muchísimo tiempo a fin de no fracasar en el intento.

Así pues, muchas almas en estos estados de lucidez y perfección se ocupan de administrar las energías y velar por los procesos iniciales de las formaciones de los mundos. Propician igualmente la aparición del principio espiritual que surge del fluido cósmico universal y velando por la evolución del mismo hasta que este se individualiza, alcanzando la etapa humana. 

Son arquitectos espirituales que, no solo trabajan en la construcción y sustentación de los mundos, sino en la aparición de la vida y en la sustentación de la misma para crear las condiciones que permitan la incorporación de nuevos espíritus creados por la divinidad, a fin de gozar del oportunidades de progreso y de evolución como los que ya las tenemos.

Son misiones divinas que, bajo la tutela directa del Creador, instan, propician, impulsan el progreso de la vida en los planetas y los dirigen, a través de los milenios, hacia el punto de inflexión que permita la aparición de la chispa divina que constituye el alma humana. 

A través de esta trayectoria de mantenimiento, auxilio constante, impulso permanente hacia el progreso y la evolución del principio espiritual en las formas iniciales de la materia como el reino vegetal, animal o humano, permiten e incentivan el desarrollo del psiquismo en la etapa pre-humana para la fase posterior que incorporará el alma simple, sencilla e ignorante en sus primeras experiencias primitivas en un cuerpo físico todavía animalizado y dónde el hombre, ya propiamente dicho, irá  experimentando el incipiente desarrollo de la conciencia y de la mente.

Este extraordinario cometido que desenvuelven estas luminarias y potestades espirituales que forman mundos y los preparan para el progreso y la grandeza de nuevas almas que son creadas por el Arquitecto Universal, cuenta con una serie de etapas para seguir alentando las humanidades hacia estadios espirituales de mayor plenitud y felicidad.

Como en toda iniciativa y experiencia de trascendencia donde se trabaja en equipo, siempre hay responsables al frente de estas grandes misiones; por ello, en cada planeta, en cada mundo donde la vida se abre paso y los espíritus progresan, un espíritu angélico, perfecto y conectado permanentemente a la Fuente de la Creación Divina se encarga de propiciar los recursos, las energías y las planificaciones para ayudar a las almas que lo integran.

A veces, en la expansión y desarrollo de la evolución de las humanidades se producen estancamientos en el progreso moral, y se hace necesario que esta entidad perfecta, angélica y divina adopte providencias inimaginables para los que nos encontramos tan lejos de su perfección. Es entonces cuando acontecen sacrificios extraordinarios, misiones de sublimación angélica que corren casi siempre a cargo del gobernador espiritual de ese planeta.

Esto ocurrió en nuestro caso, cuando mediante una reencarnación excepcional (pues ya hacía milenios que había sido superada por Él) vino a la Tierra el gobernador espiritual de este planeta bajo la forma humana de aquel que se llamó Jesús de Nazaret.

Era el Señor de nuestro mundo, que venía a marcar el camino para dividir la historia del progreso moral de esta humanidad; para ello quiso ser Él mismo quien encabezara la misión angélica que permitiera a los hombres vislumbrar el futuro y la trayectoria de su alma inmortal. “Yo soy el camino, la verdad y la vida”, repetía constantemente, “nadie va al Padre si no es a través de mí”. Con ello afirmaba de dónde procedía y cuál era el camino a seguir, el que Él ejemplificó, predicó y concedió a toda esta humanidad mediante su vida, su sacrificio y su palabra.

Esta misión de sublimación angélica del Señor de nuestro mundo tuvo la virtud de sacudir los cimientos morales de toda una humanidad. Dividió la historia en dos etapas, antes y después de su venida; concedió a los hombres el código supremo de mayor excelsitud moral que nadie haya propuesto: su evangelio de amor y libertad. Y con ello reafirmó que la trayectoria del alma es igual para todos; depende de cada uno llegar antes o después, porque todos somos iguales ante Dios y sus leyes y todo depende de nuestro esfuerzo y voluntad. Nadie puede alegar ignorancia ni falta de capacidad, pues claramente dejó dicho: “vosotros sois Dioses”, “lo que yo hago, todos podéis hacerlo”.

Confirmaba, pues, los atributos latentes de divinidad que el alma inmortal guarda celosamente en su interior y que, como semillas por germinar, hemos de desarrollar para alcanzar esos estadios de felicidad, amor y plenitud a los que estamos destinados.

Marcó los rumbos, ejemplificó con su vida, enseñó la luz del camino recto, sembró el Amor y la Fe en Dios como el paso seguro del alma humana, valorando por encima de otras cosas el amor al prójimo y la verdad del bien como triunfador absoluto de las cualidades que el alma humana ha de desarrollar si desea caminar hacia la liberación y desterrar la ignorancia, el sufrimiento, el miedo y el egoísmo de su experiencia íntima.

Su sacrificio milenario es tan notorio que, como mentor espiritual de este planeta, bajo la inspiración divina del Creador y Señor de todos los universos, ganó para la causa de todos los humanos que formamos parte de su “Escuela de Amor” el derecho a la redención moral de nuestras almas, a fin de vislumbrar sin dudas ni incertidumbres cuál es el camino en que nos encontramos, progresando sin fin, mientras en nuestra mente y nuestro corazón permanece inalterable la huella de su ejemplo.

Misión divina y sublimación evangélica por: Antonio Lledó Flor

2020, Amor, Paz y Caridad

Publicidad solidaria gratuita