LA LLAMADA DE LA ETERNIDAD

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La llamada de la eternidad

La llamada de la eternidad

Esta última aportación, de momento, en esta sección de la Trayectoria Íntima de nuestra Alma inmortal, tiene que ver con los planes de Dios más que con los de nuestra propia Alma. Evidentemente, no somos tan presuntuosos ni arrogantes como para pretender siquiera conocer pálidamente los planes de la divinidad para las almas que Él mismo creó y puso a evolucionar a través de los mundos.

Pero es preciso un ejercicio de inspiración apoyándonos en aquellas estrellas y luces que han venido a la Tierra para anunciar el destino del alma en la visión universal de las  leyes que rigen el proceso evolutivo de la misma. Esas estrellas, configuradas a través de los espíritus que marcaron rumbos en la Tierra, plasmadas en obras grandiosas de inspiración divina, conocidas en las epopeyas y mayores sacrificios de Amor y libertad que la historia de este planeta nos presenta, son los argumentos a los que nos ceñimos para intentar vislumbrar esta última etapa de la trayectoria del alma que podemos entrever.

Todo bajo el influjo, el impulso y el amor divino del Señor de este mundo, nos encamina a reconocer, como humildes e imperfectos seres creados por el Amor Divino, que la gratitud hacia Dios ha de formar parte en cada hálito de nuestra vida, sea esta física o espiritual.

Estemos en el punto en que estemos de nuestra trayectoria inmortal, nuestra alma se reconoce en la intimidad de su propia naturaleza. Esta no es otra que la esencia divina que todos llevamos; por ello es Dios quien nos anima, quien nos guía y quien nos conduce a través de este sendero de ascensión y elevación que todos debemos recorrer antes o después.

Ese Dios interno, que es nuestra propia alma, nos llama hacia su origen, pero ya sublimados, perfectos, elevados, vibrando en amor, trabajando en la verdad, aspirando el bien y el equilibrio, transmitiendo la armonía interior y la fuerza creadora que emana de la Fuente de Amor que todo lo puede.

El reencuentro con nuestro origen, con la fuente que nos creó, se vive interiormente en esta etapa incomprensible para nosotros. Y cuando pasamos a vibrar, sentir y actuar como la propia fuente que nos creó, comenzamos a actuar y trabajar como Él; nos convertimos en co-creadores y sustentadores de este universo. A partir de este momento nuestra alma no es una entidad limitada por ninguna dimensión; nuestro pensamiento nos transporta por los universos, y allí donde podemos ayudar, colaboramos, trabajamos y ofrecemos nuestro amor en base a las necesidades que se tienen.

Si el pensamiento nos transporta, la voluntad nos permite crear mediante nuestras capacidades angélicas los recursos y las providencias que Dios planifica allá donde nos encontremos. Conectados permanentemente con Él no hay error, no puede existir impericia ni fracaso alguno: todo se da perfectamente, en la proporción adecuada, con los recursos precisos que preserven el libre albedrío de los que reciben nuestra ayuda, pero al mismo tiempo ofreciéndoles el ejemplo y las oportunidades que necesitan para seguir recorriendo este camino, esta senda de la Vida Inmortal que es la esencia del Alma en su trayectoria hacia la luz y la perfección.

El pensamiento, la voluntad creadora y el amor divino serán las herramientas que usará nuestra alma inmortal en esta etapa de sublimación divina que nos acercará como nunca a Dios, nuestro padre, auténtico motor y guía de todo lo que existe, existió o existirá.

Y así continuaremos, eternamente vibrando en amor y felicidad, trabajando sin cesar, sirviendo a todos nuestros hermanos menores, agradeciendo constantemente al Creador la vida inmortal que nos concedió a través de nuestras obras, de nuestros proyectos en favor del Amor Divino para con todas las criaturas, en todos los rincones del Universo Físico y Espiritual.

Esta pobre reflexión que nos permite concluir esta sección debe hacernos reflexionar que la felicidad y el amor se encuentran en nuestro interior como almas en trayectoria ascendente, sin posibilidad de retorno ni involución. Lo que conquistamos es nuestro, pero la parálisis o el inmovilismo genera todavía sufrimiento en la etapa que nos encontramos.

Vislumbremos el futuro de nuestra alma inmortal, la felicidad que nos aguarda, la perfección que poco a poco conseguiremos, la oportunidad de vibrar constantemente en amor, la gratitud por ayudar a los demás; muchos de ellos almas queridas por nosotros, amadas hasta lo inimaginable, algunas de las cuales no quisieron caminar a nuestro lado y se estancaron en su progreso. 

Todo esto y mucho más que somos incapaces de vislumbrar espera a nuestra alma cuando vayamos transitando y subiendo escalones de esa escalera universal que siempre está ante nosotros para procurarnos el ascenso hacia la plenitud a la que estamos destinados. 

Una plenitud que nace del Amor Divino hacia su obra, que somos nosotros mismos. Él desea que gocemos en su creación, en su universo físico o espiritual, a través de los atributos divinos que nos concedió y que forman la fuente permanente de su identidad en nuestra alma desde el principio hasta el final de los tiempos que la eternidad nos permitirá alcanzar.

La llamada de la eternidad por: Antonio Lledó Flor

2020, Amor, Paz y Caridad

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