Palabras de aliento

LA CARIDAD CON MAYÚSCULA

Jesús nos enseñó que hay que ser caritativos, que sin Caridad no hay salvación. También dijo: “Haz caridad, pero cuida que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha”; “cuida que tu hermano no se sienta humillado”. Así, pues, debemos estar siempre dispuestos a ayudar cuando nos la pidan, y estar atentos a cuando podamos prestarla.

Cuando veamos que puede existir una necesidad, debemos preguntar con delicadeza, por ejemplo: “¿Puedo hacer algo por ti?” Hay personas que pueden sentirse avergonzadas, dejando al descubierto sus necesidades; o se pueden sentir infravalorados. Los hay que su orgullo les impide reconocer y aceptar que necesitan; o el egoísta que no quiere aceptar ayuda por si en un futuro hubiera de corresponder. Están aquellos que, sintiéndose agradecidos, prefieren luchar por ellos mismos para salir de las dificultades.

Pero también están los que se conforman con las ayudas que la sociedad les presta (que los hay), lo que les conduce a la inactividad, olvidando que el trabajo individual o colectivo es el motor de la humanidad. Aquí podemos aplicar el principio de “ayúdate, y te ayudaré”. Nadie tiene la obligación de hacer el trabajo de los demás; cada cual es labriego de sí mismo. Alguien dijo: –Una cosa es dar la mano para ayudar y otra es llevar a cuestas.

Eso no debe hacernos olvidar el deber que tenemos para con nuestros semejantes, eso sería faltar a la Caridad y la solidaridad. Todos tenemos algo que dar y recibir, enseñar y aprender; y en ese punto nos daríamos cuenta de que la Caridad es recíproca, y de ese modo nadie se sentiría superior dando, ni inferior recibiendo.

En estos momentos de crisis (en todos los sentidos) en que está sumida la humanidad, podemos vernos envueltos en pruebas de necesidad, y entonces ¿no acudiríamos a nuestros hermanos sin sentirnos humillados?

Estamos en un proceso de cambio, y todo cuanto hemos aprendido debemos llevarlo a la práctica, para ayudar a la consecución de ese cambio ya imparable. Tenemos una responsabilidad adquirida en el momento en que abrazamos la tercera revelación: ha llegado el momento de teorizar menos y practicar más; interiorizar los mensajes recibidos y sacarlos de nuestro interior para enseñar, con nuestro comportamiento, a amar amando. ¿Puede haber una más hermosa Caridad?

Hermanos espíritas, no desaprovechemos nuestra oportunidad. ¿No os gustaría pensar que somos los trabajadores de la última hora?

                                                                    La caridad con mayúscula por:  Mª Luisa Escrich

(Guardamar)

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