INTEGRADA EN EL AMOR

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Integrada en el amor

Integrada en el Amor

El Amor es el atributo superior del espíritu inmortal y la Fuerza Superior que rige las leyes divinas, encaminando el Alma hacia su Creador. Esta finalidad de religar y volver a unir a Dios el principio espiritual que surgió sencillo e ignorante, convertido en una potencia espiritual superior mediante el desarrollo de los atributos divinos, es una necesidad obligatoria para toda Alma Humana en su trayectoria evolutiva.

El Amor, como cualquier otra expresión de la divinidad (Sabiduría, Omnisciencia, Omnipresencia, Eternidad, Unicidad, Perfección, etc.), tiene un recorrido infinito al ser patrimonio de la naturaleza divina. Esta circunstancia permite comprender que el Amor nunca se agota, nunca flaquea, siempre crece, siempre se aumenta conforme el espíritu va superando etapas en su recorrido hacia la plenitud.

Cuando el espíritu ya ha alcanzado el grado de lucidez, esplendor y liberación de las reencarnaciones, siendo mensajero y acreedor a mundos superiores, tal y como explicamos en artículos anteriores, todavía le queda camino por andar en el territorio del “Amor Divino”. Esta expresión es incomprensible para nosotros, por inalcanzable a nuestro nivel emocional, racional o sentimental.

A lo sumo podemos vislumbrar un ejemplo del Amor Divino en la obra, ejemplo y enseñanza del Maestro de Maestros: Jesús, el cual adoptó como premisa fundamental de su misión en la Tierra precisamente al Amor a Dios y al Prójimo. Él repetía constantemente que en esta frase se encontraba “toda la Ley y los Profetas”; y evidentemente, si sus palabras nos merecen crédito y confianza, debemos suponer que esto es un hecho incuestionable. También porque su filosofía de vida fue un continuo acto de amor hacia la humanidad que todavía hoy perdura como el código moral superior más elevado que ha llegado a la Tierra.

Así pues, en el ejemplo de Jesús encontramos la evidencia del crecimiento del Amor Divino a medida que el espíritu avanza, progresa y se eleva hacia estados angélicos. 

Esta evidencia confirma que el alma humana puede integrarse en el Amor Divino, formando parte de esa Ley Extraordinaria y trabajando conjuntamente con las fuerzas y potencias espirituales que desde lo Alto llegan permanentemente a la Tierra ofreciendo consuelo, auxilio, esperanza y esclarecimiento espiritual que ayuden al hombre en su trayectoria evolutiva de crecimiento y abandono del sufrimiento.

De esta forma, en la medida en que el espíritu conquista grados de amor más elevados por sus propios méritos, su conexión con el “Amor Divino” se hace más fuerte, hasta convertirse en permanente como en el caso de Jesús y de otros iluminados de la Tierra que hicieron de sus vidas actos de amor constantes y permanentes.

Esta corriente o conexión con la divinidad en su expresión más alta permite al Alma Humana alcanzar estadios evolutivos impensables para nosotros. Apenas podemos suponer un pálido reflejo lo que podría ser experimentar, sentir o vivir en nuestro interior la Fuerza imparable del Amor Divino. Si con el avance de nuestra alma conquistamos territorios de amor mediante el transcurso de milenios y de multitud de experiencias, no podemos olvidar que para llegar hasta ahí se hace preciso comenzar a recorrer el camino hoy mismo.

Nada se construye en un instante; estos grandes ejemplos de Amor Divino, cuyas almas se encontraban perfectamente integradas en esa Fuerza Creadora y luminosa, llegaron hasta allí por su propio esfuerzo. Sus trayectorias de miles de vidas y de experiencias de todo tipo les ayudaron a encontrar en el Amor la fuente de progreso y de luz que les liberaba del error de la ignorancia, que les acercaba a su naturaleza superior -el Dios interno que todos llevamos dentro-, y entregándose a su prójimo conquistaron su propia felicidad al recibir en sí mismos las bendiciones multiplicadas de la felicidad que entregaban a otros.

Cuando ese hábito superior de vivir, sentir y actuar en el amor se instaló definitivamente en sus almas, las preocupaciones materiales dejaron de ser prioridades, los sufrimientos comenzaron a tener su auténtico sentido, las pruebas pasaron a ser agradecidas para forjarse en la fragua del desamor y la incomprensión, a fin de enfrentar vida tras vida testimonios cada vez más difíciles.

La percepción de su realidad ante las leyes de la vida aumentó exponencialmente, pues nunca más la ignorancia vino a visitarles. De esta forma pasaron a comprender, aceptar y entender el mundo que les rodeaba y los compromisos, tareas o deberes que debían cumplimentar. Y esto lo hicieron independientemente de su estado, es decir, en las vidas físicas o en el plano espiritual, donde reunidos con otros de su misma condición siguieron trabajando en la entrega de sí mismos en beneficio de su prójimo -encarnados o desencarnados-.

El Amor Divino es la mayor de las realidades y experiencias que podamos vivir. Y cuando el alma se integra y vive en Él, nada es ya imposible para el espíritu. Y puesto que no existe una energía superior que el espíritu humano, ninguna fuerza consigue desgastarlo. Esto es importante, pues cuando el alma vibra en el Amor Divino y se integra dentro de Él, sus potencialidades se multiplican hasta el infinito, albergando capacidades inimaginables de acción, creación, dirección y evolución.

Es una de las últimas etapas de la trayectoria del Alma que nos es permitido suponer. En la jerarquía espiritual de los espíritus, nuestra limitada inteligencia y comprensión apenas llega a alcanzar nuevas formas de entender lo que viene después. Quizás, integrados en el Amor Divino, podremos llegar a merecer colaborar con la Mente Creadora, pues ya vibraremos en su Amor, y sin duda nuestra Alma habrá llegado a un estadio evolutivo de perfección que es considerado angélico.

Sabemos que esta “escala de Jacob” no se detiene aquí, y como bien expresó el incomprendido maestro de Galilea, son muchas las moradas en la casa de mi Padre, afirmando así la infinitud de los mundos superiores (físicos y espirituales), las distintas etapas que todavía nos quedan por recorrer y la esperanza de la inmortalidad y eternidad de nuestra Alma inmortal.

Integrada en el amor por: Antonio Lledó Flor

2019, Amor, Paz y Caridad

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