UN CUERPO DESCONOCIDO

0
248
Un cuerpo desconocido

Un cuerpo desconocido

Después de varios artículos dedicados a la investigación y la presencia histórica en todas las grandes civilizaciones de la antigüedad de la Ley de las Vidas Sucesivas, es preciso efectuar un alto en el camino antes de seguir explicando las repercusiones y aspectos colaterales que esta Ley de la Reencarnación tiene para el hombre.

Para aquellos que lean por primera vez acerca del tema, algunas dudas importantes aparecerán en su mente acerca de cómo es posible la realidad de la vuelta a la vida en un nuevo cuerpo físico, siendo así que el alma es supuestamente de naturaleza inmaterial e invisible. Precisamente por ello, para poder avanzar, vamos a explicar en este artículo cuál es la naturaleza del ser humano y de qué sustancia está compuesto.

Ya explicamos en la introducción que el sentido de esta sección no era principalmente explicar los mecanismos de la reencarnación ni el funcionamiento de la misma, pero evidentemente no podemos sustraernos a dar por sentado lo que ya se sabe, pensando que todos los lectores tienen ya un conocimiento básico de esta ley universal. Por ello, de vez en cuando abordaremos algunos conceptos básicos para que el neófito que accede por primera vez a este conocimiento pueda comprender los principios básicos de este proceso.

En la antigüedad, los filósofos griegos, con Platón a la cabeza, afirmaban que  la naturaleza del hombre era dual; es decir, estábamos compuestos de alma y cuerpo físico. Una vez el alma se retiraba del cuerpo este perdía el “ánimus” que lo sustentaba, y moría. El dualismo era percibido en algunas religiones y filosofías espirituales de oriente y occidente. Sin embargo, junto a ello, los grandes filósofos y líderes religiosos hablaban también de un cuerpo intermedio entre el alma inmaterial y el cuerpo físico, hecho de átomos.

A este cuerpo aparentemente desconocido Confucio en China lo llamó “cuerpo aeriforme”, Hipócrates “enormon”, Pitágoras lo denominó como “carro sutil del Alma”, Aristóteles “cuerpo sutil y etéreo”, Pablo de Tarso “cuerpo espiritual”, Orígenes de Alejandría lo llamó “Aura”, Plotino “cuerpo ígneo”, etc. y en muchas religiones hinduístas y budistas se le denominó “cuerpo astral”. Como comprobamos, lejos de ser un cuerpo desconocido, era ampliamente estudiado por los grandes pensadores e investigadores de la historia antigua.

Pero sin duda, fue Allán Kardec, el codificador de la filosofía espírita, quien desarrolló la siguiente definición y explicación de este cuerpo intermedio entre el cuerpo físico y el alma, al que denominó como peri-espíritu por ser como una membrana que rodea el alma o espíritu: 

“Envoltura semi-material del espíritu (alma). En los encarnados sirve de lazo o intermediario entre el espíritu y la materia del cuerpo físico; en los espíritus liberados del cuerpo constituye el cuerpo fluídico del espíritu”

La naturaleza del peri-espíritu está a su vez formada por tres elementos que se pueden denominar como “cuerpo mental”, “cuerpo causal” y “cuerpo vital”. Es pues un doble energético y electromagnético de nuestro cuerpo físico, de carácter semimaterial (moléculas materiales y espirituales que permiten la interacción e información entre lo inmaterial y lo material) y está regulado por varios centros de fuerza que regulan la energía y que son denominados en el argot oriental como “chakras”.

Las funciones de este cuerpo energético son de individualización (no hay uno igual a otro), organización y sustentación (se encarga de mantener la energía vital del cuerpo físico, cohesionando la organización celular desde el momento de la fecundación en la célula huevo).  Y entre las propiedades que presenta, además de la irradiación, es semimaterial, invisible, expansible, hipersensible y plástico.(*)

Las evidencias científicas de su existencia son abrumadoras; los científicos rusos lo denominaron “cuerpo bioplásmico”; Harold Saxton Bur, biológo de la Universidad de Yale (USA), lo llamó “campo electrodinamico”; el Ingeniero Hernani Guimaraes Andrade, “campo biomagnético”; el biogenetista R. Sheldrake lo denominó “campo morfogenético”; etc.

Es importantísimo saber de su existencia, pues gracias a este cuerpo intermedio se puede producir la vuelta a la vida una y otra vez. Es la “estructura energética semimaterial que permite la reencarnación”, o como acertadamente lo denominó Hernani Guimaraes, el “Modelo organizador Biológico”.

Como se detalla profusamente en la obra de Kardec, siendo el perispíritu un cuerpo energético al servicio del espíritu, este último, que es el principio inteligente del universo, es el que piensa, siente y dirige a voluntad este instrumento que le acompaña en la vida física, y luego cuando pasa al otro lado, en la vida espiritual.

Los pensamientos y sentimientos del espíritu, así como sus acciones y creencias, condicionan la forma en que la energía del periespíritu se distribuye por todo el órganismo celular que interpenetra. De aquí se desprende que la salud o la enfermedad tienen mucho que ver con la actitud mental y emocional que mantenemos, pues en función de cómo son nuestros pensamientos o emociones generamos en el perispíritu energías tóxicas o saludables, con la consiguiente repercusión en el equilibrio celular y en la enfermedad o salud de nuestro órganos.

Como vemos, comprender la ley de las Vidas sucesivas implica acceder a este conocimiento de forma más profunda, pero sin perder de vista nunca que todo está condicionado por nuestra forma de ser y de pensar. 

Esto es algo que llevamos incorporando a nuestro bagaje y herencia ancestral desde que Dios crea el alma humana, y que queda registrado en los pliegues profundos de nuestro periespíritu (cuerpo causal), aflorando una y otra vez de manera inconsciente cada vez que reencarnamos de nuevo. La psicología lo denomina como inconsciente profundo o memoria subconsciente. Pero ahí está todo registrado, lo que fuimos y lo que hicimos; por ello cada cual es diferente a otros,  no hay nadie igual. 

Y también, por ello, todo esto queda registrado en nuestra conciencia, y como adelantamos en artículos anteriores, nada escapa a nuestra conciencia, donde las leyes de Dios se hayan implícitamente registradas, de forma que en una vida o en otra, la Ley de Causa y efecto actúa devolviéndonos aquello que hicimos de bien o de mal anteriormente, a fin de procurar nuestra reeducación moral, la rectificación de nuestros errores y nuestro avance hacia la perfección relativa que nos espera; auténtico objetivo que toma realidad bajo las experiencias superadas que la reencarnación nos permite.

Un cuerpo desconocido por: Antonio Lledó Flor

2020, Amor, Paz y Caridad

(*) La plasticidad alude a su capacidad de transformación y modificación con el transcurso del tiempo. No podemos extendernos en explicaciones al respecto por falta de espacio. Recomendamos otros artículos de nuestra revista donde se explica en profundidad todo lo relacionado con esta parte de nuestra naturaleza humana.

Publicidad solidaria gratuita