EL ESPÍRITA CON LOS HERMANOS Y LOS CENTROS

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El espírita con los hermanos y los centros

El espírita con los hermanos y los centros

“Todo espírita debe portarse con la mayor humildad posible frente a sus hermanos. Porque la humildad es siempre un ejemplo de buenas maneras, jamás nos compromete ni es causa de disturbios ni de riñas. Esa humildad, sin embargo, no debe ser nunca fingida, sino leal y siempre dispuesta a servir. El espírita debe siempre considerarse inferior a sus hermanos, disponiéndose a ser el servidor de todos”.

Extraído de la obra Guía Práctica del Espiritista de  MIGUEL VIVES.

Esta obra de Miguel Vives, aun estando reconocida, en mi opinión no lo está lo suficientemente, pues es posible que fuera de España no haya tenido la repercusión que obtuvo aquí en España cuando salió a la luz; quizás me atrevería a decir que también en nuestro país va quedando poco a poco en el olvido. Deberíamos retomar su estudio y lectura porque es un libro sencillo, claro, directo y su contenido es una fuente de enseñanzas morales que sin duda le fueron dictadas por el plano espiritual superior.

La relación de los espiritas en los centros es un tema que, si fue necesario divulgarlo en su momento (Miguel Vives desencarnó en enero de 1906), nunca ha dejado de estar de actualidad. Me refiero a la necesaria e imprescindible práctica de la humildad. Si bien el desarrollo de la humildad es una cualidad que siempre debiéramos tener presente, realizando los esfuerzos para ir eliminándola de nuestro ego inferior, como fruto de la lucha para eliminar el orgullo (la humildad es la ausencia o superación del orgullo y amor propio), en los grupos y centros espiritas se hace también muy necesaria para evitar que surjan discusiones, polémicas o cualquier circunstancia que genere rivalidad, disensiones, desencuentros o divisiones por falta de entendimiento, falta de comunicación y otras situaciones que se pueden producir por existir diferentes opiniones.

Es lógico y natural que existan diferentes opiniones sobre un mismo asunto, lo que no es lógico es que este hecho cree perturbación o separación entre sus miembros, ya que lo que la doctrina nos enseña es a debatir con sinceridad, con amor a la verdad, y a perseguir los fines más nobles y leales que nos ayuden a cumplir con la misión que, tanto cada miembro a nivel individual como el grupo en su conjunto, deben alcanzar.

“Y por más que sepa, jamás alcanzará la infalibilidad. Así pues, siempre podrá equivocarse. Por tanto, comprendiéndolo así, nunca hará alardes de saber ni de poseer facultades, y menos de considerarlas extraordinarias; mas expondrá sus ideas de manera prudente, sensata y con oportunidad”.

La primera meta a alcanzar por un centro espírita debería ser asumir por parte de todos la necesidad de formar un equipo de miembros entre los cuales el desarrollo de la fraternidad sea uno de los pilares fundamentales a fomentar. Fraternidad significa amistad o afecto entre hermanos, o entre aquellos que se consideran como tales. Es un principio básico costoso de alcanzar, pero no va a llegar por sí sola; por pertenecer a un centro no surge la fraternidad espontáneamente, hay que trabajarla, hay que demostrarla cada día. La fraternidad nos va haciendo iguales poco a poco a todos los miembros del centro; nos acerca, estrecha los lazos de amor, nos hace solidarios, fortalece el centro más y más con su práctica sincera y leal, pero sin la debida humildad es difícil que se pueda ir lográndolo.

Los mayores escollos para lograr humildad y fraternidad son el egoísmo y el orgullo. Estas imperfecciones o vicios del espíritu no pueden tener cabida en un centro; somos seres humanos, personas normales encarnadas para reconducirnos y reparar malas acciones del pasado, pero si estamos en un centro es porque tenemos la capacidad para conseguirlo. El centro es ayuda mutua, orientación, apoyo y también compromiso de cambio y mejora interna. Eso es lo que van a buscar muchas personas que toquen a nuestra puerta, personas serviciales que han sabido incorporar los conocimientos que nos ofrece el espiritismo a la vida diaria, lo que hace de ese grupo un punto de luz y de amor en la Tierra. Aparte del conocimiento, las personas necesitan más en principio de nuestro calor, afecto, atención y apoyo, además de la claridad de los conocimientos que les debemos transmitir.

Por eso, en lo que más nos insisten siempre espiritualmente es en la parte moral; ese es el mayor compromiso que como espíritus en evolución tenemos, y es el objeto principal de la encarnación. En los centros ese trabajo moral, reconocimiento de nuestros defectos y superación paulatina de los mismos son imprescindibles. Sin ese trabajo, los hermanos protectores ven inútil su presencia entre nosotros y se pueden marchar, visto lo poco que consiguen de nosotros. Este es un hecho lamentable que ocurre muchas veces. Mientras que si trabajamos esa renovación moral y hacemos del centro un auténtico oasis para sus miembros, una verdadera escuela de luz que nos proyecte hacia el progreso y consecución de objetivos, tendremos cada vez más ayuda de los planos superiores y nuestra fe y fuerza se acrecentarán.

Pero para todo eso se precisa humildad, trabajo y fraternidad, son los materiales más preciosos que podemos adquirir para crecer y ser un verdadero ejemplo, reflejado por nuestras actitudes, emprendimientos y labor que proyecte la imagen de lo que es esencialmente el espiritismo, una doctrina de ayuda a nuestros hermanos, y como se suele decir, una imagen vale más que mil palabras.

“Se dice que todo espírita debe ser caritativo con su hermano. Esto se demuestra por el simple hecho de que la ley divina nos obliga a practicar la caridad con todos. Mucho más debemos practicarla con los que, desde el punto de vista espiritual, deben formar con nosotros una misma familia. Así pues, el espírita no debe abandonar a su hermano en una crisis, ni en la dolencia, ni en la miseria”.

A muchos hermanos en los centros los une el compromiso asumido antes de tomar materia. Ese compromiso es tan fuerte, y a su vez nuestros hermanos protectores nos lo recuerdan cada día, que nos hace seguir en el grupo. También nos une el que estemos rodeados de buenos compañeros que tienen buenos sentimientos, el deseo de divulgar las ideas y conceptos que la doctrina nos enseña… muchas cosas buenas, al fin y al cabo, pero se necesita algo más para obtener los frutos apetecidos y el hecho auténtico de que internamente vayamos mejorando. Tengamos en cuenta que son muchos los defectos que aun arrastramos, que somos espíritus mas bien débiles y con vicios y pasiones, y que la rutina y la comodidad también hacen acto de presencia, con lo cual el grupo debe ser una dinamo que revitalice nuestros mejores deseos y cargue las pilas de nuestra alma para seguir trabajando cada día con mayor ilusión, pudiendo superar los obstáculos y los reveses que sin duda se presentarán.

Por todas estas razones necesitamos estar unidos. No quiere decir juntos, sino unidos muy estrechamente, abrazados con verdadera sinceridad y confianza, no solo sea el ideal el que nos una; el ideal une, pero el amor y la fidelidad y lealtad unen los sentimientos y los corazones; sin estos baluartes no seremos más que un grupo como otro cualquiera, unido por unos intereses afines y no por unos sentimientos y simpatía de espíritu. En este aspecto la dirección, o dicho de otro modo más informal, aquellos hermanos que por sus cualidades y formación tengan un mayor conocimiento, diligencia y experiencia, tienen una responsabilidad mayor para lograr que el centro se dirija y enfoque en lo que debe realizar. Pensemos que cada grupo, por sus características, puede tener labores diferentes por el grado de preparación y compromiso antes de encarnar, pero siempre habrá por ello hermanos dentro de ese equipo que tengan un mayor grado de responsabilidad por su compromiso y preparación, lo cual puede influir en que, en definitiva, el grupo tome o no la dirección que debe, y no otra. En ese aspecto tan importante el hermano Miguel Vives también nos ilustra. Veamos:

“Aquellos que, por su entendimiento, pueden comprender mejor y se convierten en guías de sus hermanos, no más se pertenecen a sí mismos, pasan a ser ejemplos para sus hermanos y no pueden falsear la verdad. Tienen que ser fieles a la ley divina y procurar siempre vivir alerta para no caer en errores de interpretación. Deben ser modelos en todo. Nunca pueden dejarse dominar por el amor propio, que es siempre un mal consejero y que todo espírita debe rechazar, mayormente los que disponen de inteligencia superior a la de la generalidad. Los que destacan por su comprensión pueden sacar grandes beneficios de su misión, elevándose a gran altura espiritual si emplearon su existencia en beneficio de sus hermanos, haciéndose modelos de las virtudes y prácticas referidas. Pero pueden también contraer grandes débitos si emplean su superioridad para satisfacciones personales, o si, obrando sin el debido cuidado, no consiguen producir los frutos que debían. A pesar de mi insignificancia, tiemblo solamente al pensar que podría cometer alguna falta, que por descuido o amor propio, o por falta de amor a Dios y de gratitud al Señor, o aun por falta de indulgencia, amor y caridad, pudiese ser causa del extravío de alguno de mis hermanos”.

El espírita con los hermanos y los centros por: Fermín Hernández

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