Enfocando la actualidad

SALUD Y ENFERMEDAD

SALUD: “Es el estado de completo bienestar físico, mental y social” O.M.S.

Esta es la definición de la Organización Mundial de la Salud y un primer análisis sobre la misma nos permite comprender con facilidad que los tres aspectos que la integran, no siempre van unidos en un estado similar.

Antes al contrario; la inmensa mayoría de las personas identifican la salud únicamente con el primer aspecto, el físico-orgánico, sin prestar atención ni entender los estados mentales y los factores psico-sociales como componentes incuestionables de la salud integral del individuo. La salud se identifica así, por la mayoría de las personas, como la ausencia de enfermedad biológica.

El desarrollo de la medicina, ha ido otorgando mayor importancia a la salud mental únicamente desde hace apenas ciento cincuenta años. Con anterioridad al siglo XVIII, los enfermos mentales eran considerados disminuidos y retrasados, no existiendo otra terapia para ellos que encerrarlos y apartarlos de la sociedad.

Tuvo que ser, a mediados del siglo XX y bajo un enfoque integral y holístico del ser humano, el que hizo aflorar dentro de la psicología, psicoterapias distintas y diferentes disciplinas, como la psicoterapia de la Gestalt. También el tratamiento de las enfermedades mentales tuvo un enfoque muy interesante con la aparición de la Psicología Transpersonal de Stanislav Groff. Estas disciplinas, intentaron cambiar el foco de análisis y estudio de la enfermedad mental, visualizando al hombre desde su triple aspecto: Biológico, Psicológico y Espiritual.

“Si alguien busca la salud, pregúntale si está dispuesto a evitar en el futuro las causas de la enfermedad; en caso contrario, abstente de ayudarle.”

Sócrates – Filósofo S. IV a.c.

Este preámbulo nos sirve para explicar hacia dónde se encamina el avance de las ciencias de la salud y de la mente en occidente. Pues, cada vez más, la investigación pone de manifiesto que no se puede fragmentar el estudio de la enfermedad únicamente bajo el prisma del síntoma; sino que hay que evaluar el diagnostico de la enfermedad teniendo en cuenta que el hombre no es sólo biología, sino mente, conciencia, psiquismo y espiritualidad.

La nueva disciplina de la psiconeuroinmunología pone de manifiesto la importancia de la mente en el desarrollo de las enfermedades mentales y deficiencias inmunológicas; también en la enorme influencia que el desequilibrio emocional y mental posee en el origen y aparición de patologías como el stress, la ansiedad, la depresión y diversas neurosis.

Las últimas evaluaciones de la neurología, ponen de manifiesto que la enfermedad y la salud son los dos polos de un mismo espectro en el que los pensamientos, las emociones y nuestra reacción ante los mismos son capaces hasta de modificar nuestra estructural neuronal y cerebral, produciendo estados armónicos que generan bienestar y salud en los órganos de nuestro cuerpo o por el contrario, estados desarmónicos que facilitan la aparición del desequilibrio celular y con ello de las enfermedades y patologías de diversa índole, no sólo mentales sino también fisiológicas.

Demostrado está, que la somatización de determinadas emociones desequilibradas producen trastornos en el hígado, los riñones, el corazón, el sistema glandular y el sistema nervioso, e incluso el sistema circulatorio; alterando la presión arterial, y los niveles de stress, ansiedad y depresión. Esto, pone de manifiesto, que no es posible disociar la mente del cuerpo y que la interacción entre ambos es constante y necesaria para conseguir un equilibrio psíquico.

Al mismo tiempo, los factores psico-sociales son cada vez más importantes en fomentar la enfermedad o propiciar la salud. Son tanto o más importantes que la propia herencia genética factores como la educación, las expresiones afectivas, la inter-relación personal.

Los resentimientos, la rebeldía interior, las pasiones perturbadoras, el stress, las ambiciones y la falta de amor generan toxinas pertubadoras en el cerebro que son esparcidas a través del sistema nervioso hacia varios órganos, dando origen a la enfermedad de los mismos.

Mientras tanto, el recto pensar, la armonía mental, los sentimientos de alegría, de amor y de paz, generan descargas saludables que son transportadas por las moléculas en forma de endorfinas; regenerando la estructura celular, sanándolas y estimulando los leucocitos que mejoran el sistema inmunológico.

Y mientras tanto, el pensamiento alcanza un protagonismo esencial, afectando a todas las células a través del sistema nervioso simpático. La naturaleza de nuestros pensamientos determinará mayor salud o una propensión a la enfermedad derivada de nuestro desorden mental.

La enfermedad del siglo XX por antonomasia es la depresión (actualmente hay 400 millones de personas en todo el mundo diagnosticadas por depresión). Y en este nuevo siglo XXI las enfermedades mentales son el primer factor desequilibrante de la salud en este planeta, mucho más que las patologías cardiovasculares.

El espíritu, que es el ser pensante, se vale de las neuronas y sus conexiones; y constantemente envía mensajes de distinta naturaleza afectando toda la organización biológica que constituye nuestro cuerpo físico.

Así pues, la clave de una buena salud fisiológica y mental, amen de un estado psicológico sano, se sitúa siempre en la posibilidad de modificar nuestro comportamiento mental con los sentimientos y pensamientos adecuados, asumiendo al mismo tiempo una conducta moral elevada.

Si, como ya demuestra la neurología, somos capaces de modificar nuestra estructura cerebral y nuestro propio cerebro en función de nuestros hábitos mentales y el control de las emociones y pensamientos positivos, descartando los negativos, entonces tenemos en nuestra mano los recursos para adquirir la plena salud, el bienestar que nos libere del sufrimiento y de la enfermedad.

“Somos lo que pensamos”; y nuestro espíritu, manifiesta a través de nuestra constitución psicofísica, sus defectos y virtudes; sus fortalezas y debilidades, sus cualidades y deficiencias. Está en nosotros procurar el cambio hacia una vida mental armónica y ordenada, hacia un equilibrio emocional que nos vendrá dado cuando seamos capaces de prescindir de las emociones negativas y perturbadoras como la ira, el miedo, el odio, los celos, las envidias, el egoísmo, etc.

“Mens sana in corpore sano”

Esta cita, tenía como sentido original la necesidad de orar para disponer de un espíritu equilibrado en un cuerpo equilibrado. Y ¿porqué orar?, quizás porque los griegos antiguos sabían del poder de la oración en la consecución de un estado mental armonioso;al conectar por intermedio de la plegaria el elemento pensante (espíritu) con la fuente de la vida y de la creación. Y también porque es sabido que conocían la importancia del pensamiento como vehículo de transmisión y fuerza.

Transmutando nuestra vida moral, nuestra organización celular se beneficiará notablemente, pero nuestro espíritu irá alcanzando cada vez más conocimiento de sí mismo, más progreso, más capacidad de amar, de empatizar, de conectar. Está en nosotros evitar la aparición de la enfermedad con hábitos saludables en nuestras relaciones personales, en las interacciones sociales que procuramos a diario, en la comprensión de los beneficios que una vida mental y emocional ordenada puede proporcionarnos.

Si comenzamos el edificio educando nuestra armonía y equilibrio interior mediante un comportamiento moral adecuado; los estados mentales y emocionales derivados de esta actitud nos permitirán una vida física saludable; ayudándonos a construir psicológicamente un carácter positivo, optimista, y generador de las energías vitales necesarias para combatir eficazmente la enfermedad.

Como podemos comprobar, esa extraordinaria maravilla de la naturaleza llamada ser humano está perfectamente ensamblada por tres trillones de células que responden a la naturaleza de los estímulos, positivos o negativos, que el ser pensante vierte continuamente sobre ella. Este ser pensante, alma, espíritu o conciencia, es indisociable, motivo por el cual, cuando la ciencia siga avanzando en el estudio profundo de su naturaleza y de la influencia que ejerce en la salud, habremos conquistado la última frontera de la medicina, situando el origen de la enfermedad desde dónde realmente procede.

Antonio Lledó Flor

©2015, Amor, paz y Caridad

“No existen enfermedades, existen enfermos”

Hipócrates (Padre de la Medicina) Siglo V a.c.

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