RESUMEN HISTÓRICO DE LA INMORTALIDAD

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Resumen histórico de la inmortalidad

Civilizaciones, Religiones y Sabios

La inmortalidad ha sido, desde siempre, la mayor preocupación del ser humano desde que su raciocinio alcanzó la capacidad de pensar sobre sí mismo y con ello iniciar el camino del desarrollo de la conciencia y de la mente.

Existen en todas las civilizaciones y pueblos antiguos la preocupación directa e indirecta sobre la inmortalidad del principio espiritual en el hombre. Conocemos la historiografía suficiente de los pueblos antiguos para saber que el sentido religioso formaba parte de los códigos principales de la vida en todas las civilizaciones. En el mundo oriental los primeros vestigios de escritura hacen referencia a la famosa leyenda de Gilgamesh, en Asiria, donde la principal preocupación de este rey sumerio es descubrir la fuente de la inmortalidad a raíz de la muerte de su amigo Endiku.

Referenciando únicamente otros tantos libros sagrados de otras religiones, podemos encontrar: en la India un excelente tratado en “El Libro Tibetano de los Muertos”, o en los Vedas y el Bagavadh-Guita de la religión Hindú, con los diálogos del Dios Krishna y su discípulo Arjuna. En la antigua Persia, la religión fundada por Zoroastro explica igualmente en sus textos de referencia la inmortalidad. En China y Japón los ritos ancestrales y la mitología que sirven de base a religiones posteriores, como el confucionismo o sintoísmo, hacen referencia constante al “poder celeste”, donde todo viene del cielo y hasta allí llega, incluso nuestra parte inmortal. En el antiguo Egipto los hierofantes y sacerdotes dejan vestigios de la religión faraónica y sus creencias en la vida futura en los papiros y jeroglíficos que adornan sus imponentes templos.

En una mención apresurada de los antecedentes de la inmortalidad del alma en la historia de occidente, hemos de recurrir sin exclusión a una obra cumbre de Platón (el más grande filósofo de la Grecia antigua del que actualmente se dice que toda la filosofía posterior a él no es más que notas a pie de página de su pensamiento). Anterior a este gran filósofo, la escuela pitagórica, órfica, los filósofos presocráticos como Anaxágoras, Parménides, etc., ya explican la inmortalidad del alma, su preexistencia al nacimiento independiente del cuerpo y la transmigración de la misma de unos cuerpos a otros (reencarnación).

La obra en la que Platón relata con precisión los diálogos que su maestro Sócrates tiene con sus discípulos acerca de la inmortalidad del alma es el Fedón. En este relato extraordinario, Sócrates nos avanza no solo los argumentos filosóficos y las justificaciones de los mismos a favor de la inmortalidad, se nos explican también ejemplos clarificadores sobre qué acontece con el Alma cuando llega al más allá, cómo se relaciona con otras Almas que allí encuentra, de qué manera vuelve a la Tierra para poder reencarnar de nuevo, por qué pierde el conocimiento de sus vidas anteriores, quiénes son aquellos con los que nos encontramos en ese otro lado, cómo son clasificados y de qué forma y por qué la ley de la retribución o ley de causa y efecto actúa sobre todos, dando preponderancia a lo bueno que supone actuar en el bien y a lo malo que representa para el alma ejercer el mal.

Además de todos estos interrogantes a los que Sócrates ofrece sus argumentos, encontramos los ejemplos de los mitos que Platón incorpora. Por un lado, el famoso “mito de la caverna” sobre el origen de las ideas y del mundo real, que no es otra cosa que el auténtico mundo del alma (el plano del espíritu inmortal) donde se tiene plena conciencia y no se vive en las sombras de la caverna (encarnados en el cuerpo físico en la Tierra) viendo permanentemente el reflejo material y no vislumbrando la verdad de la naturaleza espiritual del alma inmortal.

Pero el más clarificador de estos ejemplos es el mito de “Er”, donde un soldado que muere en una guerra padece lo que hoy denominaríamos como una ECM (experiencia cercana a la muerte), experimentando un viaje al mundo espiritual donde le son presentadas las situaciones de las almas que allí se encuentran, su clasificación y vuelta a la vida en una nueva reencarnación después de perder la memoria al beber en las aguas del Leteo. El soldado, aparentemente muerto, vuelve a la vida y narra las experiencias vividas por su “Alma o Conciencia” durante el tiempo que estuvo en la pira funeraria esperando ser cremado al considerarlo muerto.

Y continuando con el recorrido histórico, qué podemos decir de la Biblia o el Corán, ambos textos presentan la base de las religiones monoteístas. Este último, cuya tradición se remonta a Abraham como tronco de su creencia centrada en Ismael que luego será desarrollado por Mahoma, y la primera, en lo que atañe al viejo testamento, hace constantes referencias a la inmortalidad el Alma que comparten las religiones judía, cristiana y musulmana. Y en lo que respecta al nuevo testamento, el cristianismo no solo mantiene ese principio, sino que un hecho relevante lo eleva por encima de cualquier otro: “la resurrección de Jesús después de la muerte” es el aspecto diferencial con el que el cristianismo sustenta su fe y su doctrina.

Es este principio y no otro el que cohesionó y permitió triunfar al cristianismo por encima de otras religiones, ofreciendo la esperanza de la inmortalidad del alma después de la muerte refrendada por el ejemplo personal de la vuelta a la vida del Maestro de Galilea cuando, durante cuarenta días después de su muerte, fue presentándose ante multitud de testigos en “cuerpo glorioso (espiritual)”, como afirma Pablo de Tarso, convirtiendo así a Jesús en “el vencedor de la muerte”. Es tan importante y relevante este hecho que el mismo Pablo afirma: “sin la resurrección de Cristo vana es nuestra fe”.

Siguiendo circunscritos a la historia del pensamiento occidental sobre la inmortalidad del alma, es también preciso mencionar el tratado de San Agustín con ese mismo título, donde este padre de la Iglesia nos ofrece su particular visión judeo-cristiana acerca de la inmortalidad del Alma, desarrollando sus tesis a favor de la misma y las particularidades que su propio contexto histórico-temporal en cuanto al desarrollo del cristianismo primitivo tenía en ese momento del siglo V. San Agustín deja entrever no solo la realidad de la trascendencia del alma después de la muerte, sino también la posibilidad de una vuelta a la vida, preguntándose si cuando estaba en el vientre de su madre él ya sabía de su propia existencia.

Un tercer documento escrito o testimonio primordial acerca de la inmortalidad del alma lo constituye la filosofía espírita de Allán Kardec, pues su obra cumbre presentada en París el 18 de abril de 1857 tiene como finalidad la demostración y constatación de la inmortalidad del alma y su trascendencia y vigencia después de la muerte. Nos referimos a la famosa obra “El Libro de los Espíritus”, dónde se estructuran los argumentos filosóficos más novedosos hasta ese tiempo acerca del tema que nos ocupa y los cuales siguen siendo, siglo y medio después, de plena vigencia y actualidad en lo que se refiere a la explicación racional, lógica y coherente de la trascendencia del ser humano en su trayectoria antes de la vida y después de la muerte.

La inmortalidad del alma queda así confirmada no sólo por la justificación de los argumentos filosóficos del espiritismo, sino por la constatación de la ciencia espírita al probar, mediante las leyes que rigen la evolución del alma, la pre-existencia del espíritu antes de su encarnación y la supervivencia del mismo después de la muerte.

Precisaríamos de una biblioteca entera para presentar los testimonios, evidencias, explicaciones, argumentos a favor y en contra de la inmortalidad del alma y sus referencias. No es nuestra intención profundizar en esto, baste pues comprender que el sentido de la trascendencia e inmortalidad del alma se halla esculpido en la conciencia humana desde sus inicios, y que, lejos de ser un argumento elaborado por las religiones, es una percepción e intuición de la propia naturaleza humana muy anterior en el tiempo a la aparición de estas.

La propia evolución antropo-psico-sociológica del ser humano lleva aparejada desde sus inicios esta realidad que nos acompaña en lo biológico (Gen Vmat2), en lo psicológico (inconsciente individual que forma parte del periespíritu y el inconsciente colectivo) y en lo espiritual (el alma). Y el progreso y desarrollo del ser humano implica al mismo tiempo la evolución de este principio espiritual inteligente e inmortal, creado por Dios para ser el heredero de su obra con el destino final hacia la plenitud y perfección relativa.

Resumen histórico de la inmortalidad por:Antonio Lledó Flor

©2023, Amor, Paz y Caridad

“La inmortalidad es el destino de la Vida en todas sus expresiones, pese a las transformaciones y los cambios inevitables de la evolución”

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