¿QUÉ ES UN GRUPO ESPÍRITA?

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¿Que es un grupo espírita?

¿Que es un grupo espírita?

A pesar de todos los esfuerzos realizados, esfuerzos que aún siguen realizándose por infinidad de grupos y entidades, todavía se ignora por la sociedad, en demasía, qué es el espiritismo, qué un grupo espirita y a qué labor se dedica. Esto que puede parecer increíble, en la práctica es así. Si cualquiera de vosotros, amables lectores, salieseis a la calle para llevar a cabo una encuesta, inquiriendo al público si conocen de qué se trata un grupo espírita y cuál su filosofía, veríamos, sorprendidos, que muchos carecen de la más mínima idea al respecto. Por ello, a lo largo de estas páginas intentaré verter mi opinión, buscando, amables lectores, que os hagáis una idea, lo más exacta y fidedigna posible, de lo que es el espiritismo y lo que supone pertenecer a un grupo espirita.

Un grupo espirita no es ni más ni menos que una agrupación de personas compartiendo un ideal común, un ideal que abraza el concepto de “espiritismo”; concepto que es realmente una recopilación de información y enseñanzas recibidas de las esferas espirituales basadas en la creencia en Dios, la inmortalidad del alma, el estudio de la naturaleza del espíritu, su relación con el hombre, las leyes morales, su evolución y, lo más importante, la puesta en práctica de la moral que se desprende de su filosofía.

Esta es la base, sencilla y profunda a la vez. Un planteamiento que pone en valor la agrupación de personas para compartir, de un lado, la divulgación de esos conocimientos, y por otro, las motivaciones para ejecutar un trabajo más o menos extenso, acorde a las cualidades, capacidades y actitudes del grupo.

Según el grupo se amplía y conoce en mayor profundidad las enseñanzas, las informaciones recibidas del plano espiritual, su compromiso crece. Se fijan normas, actividades, trabajos que contribuyen a la difusión de esos conocimientos. Así, en el ejercicio de esa función, los componentes van creciendo espiritualmente, tal como promulgan dichas enseñanzas.

El conocimiento espiritual inculca que el objetivo de la vida humana es el progreso espiritual; que el hombre encara una serie de experiencias que le ayudarán a conocerse mejor, a desarrollar valores que subyacen en su espíritu. En paralelo, el individuo asume un cuerpo físico −diremos que encarna− para expiar las faltas cometidas en vidas anteriores, y hacerlo a través del aprendizaje, nunca a través del castigo, pues las leyes divinas, las leyes que rigen los destinos de las humanidades en el vasto universo, buscan el aprendizaje, no el castigo; buscan probar los valores morales de ese ente evolutivo que es el ser humano.

Los conocimientos ofrecidos por el plano espiritual muestran que el ser humano es, primordialmente, un ente social; un ente capacitado y destinado a convivir con sus iguales. Necesita aprender de ellos para superar los obstáculos y objetivos que depara la Providencia. Así, los grupos espiritas deben potenciar los valores internos del individuo, convertir en realidad ese postulado que dice “la unión hace la fuerza”. Al estar comprometidos, unidos bajo el mismo ideal, surgen las iniciativas, las actividades; se crea un objetivo de trabajo en común que justifica el grupo, que le da sentido, que colabora a que cada miembro aporte su ayuda. En esa apreciable labor, el individuo adquiriere mayores conocimientos sobre sí mismo, progresa más rápidamente, individual y colectivamente.

El espiritismo postula que todos los hombres son hermanos, que todos provienen de la misma fuente creadora, Dios, y que, en muchos casos, esos hombres encarnan, ligados a ciertas personas que de una forma u otra necesitan pulir antiguas asperezas de vidas anteriores. También para desarrollar el amor, la amistad, la lealtad, las cualidades de la interrelación con los semejantes. Es bastante normal, por no decir habitual, que ciertas personas renazcan juntas buscando pulir las rencillas de vidas anteriores, también con la misión de progresar juntos.

Así pues, la formación de grupos espíritas debe conducir, inexcusablemente, a fortalecer los antiguos vínculos, a facilitar, en paralelo, la superación de las viejas desavenencias, de las malas acciones realizadas contra quienes en el pasado no aceptamos, a quienes fuimos incapaces de tolerar. Los grupos espiritas son, por definición, una cátedra, un lugar donde el ser espiritual encarnado viene a reencontrarse con sus espíritus afines; también con los menos afines, aunque siempre en la confianza de que el trabajo en común concluirá, indefectiblemente, en una mejora de su relación. En cualquier caso, ese trabajo en común ayudará a cumplir los compromisos pactados en el plano espiritual.

Podemos decir que, al igual que la familia material, los grupos espiritas conllevan un vínculo tan poderoso entre sus miembros que, de cumplirse los compromisos diseñados en el plano espiritual, representará un enorme salto evolutivo. Pues, en la medida que el individuo cumple sus compromisos, su espíritu se fortalece, alcanza mayor percepción del universo que le rodea, consigue dejar a un lado las falencias que le impedían evolucionar, que le impedían crecer espiritualmente.

Son muchas las vidas perdidas, el tiempo perdido, las vidas de bloqueo espiritual, existencias derrotadas por el egoísmo, el orgullo, la comodidad y la pereza… por tantas y tantas actitudes erróneas empujadas por la naturaleza animal, los bajos instintos, las carencias evolutivas.

Por tanto, el grupo espírita cumple una misión doble: por un lado, facilitar conocimientos, formación, explicar el para qué y el porqué de la vida física. En paralelo, propiciar determinados trabajos y compromisos que ayudarán, de modo eficaz, a que los individuos se conozcan mejor, a la activación de sus capacidades íntimas, a la colaboración con el plano espiritual, a trabajar en pos del bien común. Trabajo que no solo busca divulgar, también llevar a la práctica todos aquellos conocimientos y enseñanzas recibidas de los planos superiores.

No exagero si digo que muchos de nosotros, los miembros de un grupo espirita, lo somos porque lo hemos solicitado expresamente, consecuencia de la carga de deudas y falencias morales de un materialismo soez; materialismo que bloquea espiritualmente. Así, participando de un grupo espírita, ese miembro puede conocer las razones de su existencia, el para qué, el porqué, el aquí, el ahora, sus necesidades de progreso.

Y que ningún miembro de un grupo espirita crea ser mejor que el resto de mortales; es justo al revés. Lo mismo sucede con muchos médiums, que necesitan ejercitar sus facultades buscando saldar las deudas contraídas con la ley de la evolución.

Un grupo espírita no es solo una agrupación de personas afines, compartiendo un ideal común; es también una agrupación de espíritus dispuestos a comprometerse, a respetarse, a tolerarse, a comprenderse, amarse. A renglón seguido, quiero traer a colación la frase del Divino Maestro, el legado de ese gran avatar, el gobernador planetario, Jesús de Nazareth: “A mis discípulos se les reconocerá porque se aman”.

Incumplir tal premisa habrá representado una labor ciertamente hipócrita, meras apariencias. Si el miembro de un grupo espírita se reserva, antepone su egoísmo, sus preferencias, hace cuanto le apetece, obvia la amistad sincera, la amistad real… poco o nada habrá conseguido, no obstante las apariencias.

Trabajar en pos de un ideal es siempre legítimo, positivo. No obstante, esto debe hacerse con sentimiento, con amor, consolidando un equipo de almas unidas por un ideal, una meta común, por la amistad, por el cariño, por los verdaderos nexos de unión que garantizan el éxito, el progreso en común.

Un grupo espirita habría de convertirse en una agrupación de almas afines, empáticas; almas motivadas por un ideal: la enseñanza de los espíritus superiores, la doctrina espírita; la doctrina donde todos sus componentes se abrazan al ideal común. Atrás deben quedar protagonismos, la feria de las vanidades, todas las falencias del carácter humano. Falencias que conducen a sojuzgar, criticar, crear falsos crisoles… “y quien esté libre de pecado, lance la primera piedra”.

La idea, la filosofía espírita ha podido agrupar a determinadas personas frente a un ideal común, atraer a sus componentes, formar una asociación. No obstante, solo la amistad, la lealtad, la humildad, el deseo de progreso conseguirán que el grupo se convierta en un equipo conjuntado, fuerte, unido. Entonces, solo entonces, surgirán de manera natural las ideas, los objetivos comunes; se conseguirá que todo miembro aporte sus valores personales, sus cualidades, su contribución al engrandecimiento general. Entonces, solo entonces, el ideal transmitido por las esferas superiores se consolidará en las mentes y corazones de todas las personas que esperan dichos conocimientos, la clarificación de ideas, la ayuda que esperan desde hace tiempo… sin saberlo.

¿Que es un grupo espírita? por: Fermín Hernández

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

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Todas las sociedades espíritas serias deben tender a cumplir con su objetivo providencial, agrupando, alrededor suyo, a los hombres que estén animados de los mismos sentimientos. Entonces, entre ellas existirá unión, simpatía y fraternidad, en lugar de un vano y pueril antagonismo, nacido del amor propio, fundado, más en las palabras que en los hechos. Entonces serán fuertes y poderosas, porque se apoyarán en una base inquebrantable: el bien de todos.

(Allan Kardec, El libro de los médiums, artículo 350).

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