¿HACEN BIEN SU LABOR?

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¿Hacen bien su labor?

¿Hacen bien su labor?

Tres han sido las ideas sugeridas en artículos anteriores, y son las siguientes: ¿Qué es un grupo espírita? ¿Quién puede formar parte de él? Y por último, ¿puede el grupo considerarse una especie de escuela, un lugar de estudio, de aprendizaje, de trabajo? Estas tres ideas son determinantes, pues en ellas se fundamenta el grupo, el centro espirita. Y dependiendo de cuán claro lo tengan sus componentes, así evolucionará el grupo.

Por tanto, la búsqueda de un adecuado funcionamiento del grupo espírita, al igual que la revisión de sus principios y bases, que son los fundamentos de la filosofía espírita. Habrá de comprobarse también si sus planteamientos y resoluciones coinciden con las premisas del grupo. Lógicamente, tendrá que verificarse también que los estatutos y resoluciones siguen fielmente las premisas iníciales, es decir, las determinaciones asumidas en el momento de su constitución. O lo que es lo mismo, verificar que las actuaciones y cometidos obedecen a la filosofía espirita. Filosofía que no es otra que la autoayuda en la búsqueda de la mejora interior y, por encima de todo, la entrega y dedicación a los demás. A mi limitado criterio, y en síntesis, estos deberían ser los postulados espíritas.

Como puede verse, el “centro espírita” es, de hecho, un punto de convergencia de pensamientos, sentimientos e ideas. En él se aglutinan las directrices que lo guían. Algo que me lleva a afirmar que el centro espírita es:

  • El lugar de iniciación de los nuevos miembros, las nuevas incorporaciones.
  • El lugar donde se educa a los médiums.
  • El lugar donde se comunican los espíritus.
  • El lugar donde se enseña a adultos y niños.
  • El lugar donde se libera a los compañeros obsesionados.
  • El lugar donde se estudia el espiritismo en su aspecto teórico-práctico.
  • El lugar donde se promueve la asistencia social a los necesitados, sin cortapisas.
  • El lugar donde se cultiva la fraternidad.

Así lo establece Herculano Pires, el autor de la obra El Centro Espirita.

Este párrafo muestra a la perfección cuáles deben ser las premisas a seguir. Dicho de otro modo, cuáles son las actividades generales que debe realizar un centro espírita que quiera ser denominado así.

Es decir, que a la hora de formar un centro espírita han de tenerse claras ciertas premisas, ciertas ideas que se han de transmitir a los nuevos integrantes, a los recién incorporados, y hacerlo con cariño, deferencia y dedicación. Es el caldo de cultivo de los nuevos compañeros en esa tarea común, pues haciéndolo así ellos podrán asimilar las características de los trabajos mediúmnicos, el rigor, la disciplina, la colaboración y la determinación en ese proyecto común. Ello, mientras cada uno aporta sus cualidades, sus peculiaridades, su forma de ser, su idiosincrasia, su bagaje; en suma, sus experiencias personales.

Adicionalmente debe también asumirse que todo componente es necesario y ninguno imprescindible. También que los miembros del grupo deberán estar abiertos a nuevas incorporaciones, pues esas aportaciones traerán también su “savoir faire”. Así, con su aportación, con sus peculiaridades, engrandecerán el grupo espírita y lo harán más productivo en su labor social, permitiéndole cubrir no solo las necesidades habituales, sino todas aquellas esporádicas que pudiesen surgir; pues no se debe olvidar que allí donde surge el trabajo aparece también la ayuda.

Y ese trabajo, que requiere preparación, compromiso y entrega, compete a todos los miembros del grupo, pues nadie detenta derechos de propiedad a la hora de ayudar; como tampoco a la hora de escoger a quién debe ofrecerse la ayuda.

Y que nadie cometa el error de creer saberlo todo; de creer que el trabajo está hecho de antemano y que los límites están ya fijados. Que nadie se atreva a cerrar las puertas a nadie. Con mente abierta, afabilidad y dedicación, las personas del entorno bajarán la guardia y aceptarán colaborar con él. Y esa imagen propiciará la llegada de nuevos miembros, con lo que su ayuda incrementará exponencialmente su labor social. Es por ello que recomiendo una mente abierta, así como aceptar el trabajo que llegue, dado que se ignoran los compromisos y trabajo pactados, si bien es cierto que estos, indefectiblemente, llegarán. Servicio tan numeroso como la capacidad y predisposición de los componentes del grupo espírita. Huelga decir que la compensación llegará por añadidura.

También se deberá buscar la perfección y excelencia en el servicio; y hacerlo en toda labor que se acometa, pues aunque el servicio que se pueda realizar llegue a ser excelente, siempre podrá mejorarse. Sucede que nadie conoce sus límites y compromisos, menos aún los trabajadores de un grupo espírita.

Y bienvenidas sean las iniciativas personales. Todos los miembros están invitados a prestar sus capacidades, voluntad e inteligencia. Recomiendo que los miembros del grupo se reúnan y fijen objetivos asumibles, metas alcanzables. Recomiendo también luchar contra la rutina, contra la monotonía, contra el ansia de reconocimiento, los personalismos y los orgullos vanos, lacras que destruyen las asociaciones humanas. Y por descontado, que nadie espere encontrar todo masticado o que se les diga qué deben hacer, pues eso nunca sucederá. Esa labor compete al individuo, a su libre voluntad y determinación.

¿Hacen bien su labor? por: Fermín Hernández

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

“Sin estudio constante de la codificación no se puede hacer espiritismo, simplemente, se crea una rutina de trabajos prácticos que dan la ilusión de eficiencia. Estudio, investigación y observación constante de los hechos, análisis de los mensajes recibidos, control de los médiums, exigencia de la educación mediúmnica, con advertencias constantes para que los médiums aprendan a controlarse y no dejarse llevar por los impulsos recibidos de las entidades comunicantes: ése es el precio de los trabajos mediúmnicos eficaces”.

(Herculano Pires en su obra El Centro Espirita).

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