Psicografías

PLANIFICACIÓN PRE-ENCARNATORIA

REFLEXIONES DESDE EL OTRO LADO (*)

Llega el momento de analizar espiritualmente algunas cuestiones que ahora puedo explicar, pero que con la visión terrena, limitada, débil e imperfecta que tenemos cuando poseemos un cuerpo físico no podemos abordar.

Después de la revisión efectuada de mi periplo terreno, que comentamos en el capítulo anterior; y una vez analizadas algunas cuestiones importantes de mis aciertos y errores así como las consecuencia que los mismos tenían para mi posición espiritual en el espacio, comencé a vislumbrar aspectos que en la tierra me estaban velados por completo.

El primero de ellos hace referencia a mi preparación pre-encarnatoria. Ahora, libre de las ataduras de la materia y recuperando poco a poco la lucidez espiritual y el entendimiento claro sobre mi auténtica realidad espiritual, comenzaba a comprender.

En mi planificación en el espacio para afrontar la que fue mi última existencia, pesaban tanto aspectos positivos como negativos. Estos últimos, debido a mis errores del pasado, en otras vidas, y bajo otras identidades; condicionaban algunas pruebas y expiaciones que iban a presentarse en mi vida ineludiblemente; cumpliendo así con las repercusiones de mis actos perniciosos y saldando la deuda con la ley de causa y efecto.

Esta contabilidad moral operaba indistintamente, fuera cual fuera mi actuación y mi recorrido terrestre. No obstante, comprobaba con claridad que, conforme mi vida empezaba a transcurrir por los caminos del bien y de la regeneración moral, aquellas aflicciones que debía afrontar ineludiblemente para que la justicia de la ley se cumpliera, se veían dulcificadas, eran menos traumáticas para mi vida y se desarrollaban de forma diferente a si hubiera permanecido insensible a la llamada de mi espíritu y al cambio moral que se operaba en mi alma encarnada.

Es cierto que a todo ello contribuía sobremanera el conocimiento espiritual que iba adquiriendo sobre las cosas que me acontecían. La posibilidad de entender y comprender no sólo la justicia de aquello que sufrimos, sino la aceptación del mismo como algo positivo para mi alma, rebajaban ostensiblemente el dolor y la repercusión psicológica e incluso física que este tenía sobre mí.

Además de todo ello, el trabajo espiritual, la mente puesta en el bien, las emociones controladas para dirigirlas hacia el amor por mis semejantes a pesar de las incomprensiones, me permitían adoptar la actitud adecuada que me impedía rebelarme ante los acontecimientos perturbadores o sufrientes que, episódicamente, aparecían en mi vida de forma recurrente.

El paso de la rebeldía a la aceptación; mediante la abnegación y la comprensión de la utilidad del sufrimiento inevitable fue extremadamente difícil pero muy importante. A partir de ese momento comencé a valorar la vida en la profundidad adecuada, en todos sus aspectos, como una dádiva divina, una gracia concedida por el creador para facilitar nuestra ascensión hacia la luz y la plenitud.

Todo ello lo comprendía en la tierra con dificultad; pero algún tiempo después de mi paso al mundo espiritual, en la misma medida que mi conciencia se volvía lúcida aparecía ante mí como el gran milagro que opera en todos los seres humanos desde el momento en que nuestro espíritu es creado por Dios y comienza a progresar.

En esa planificación espiritual, en la que fui constantemente asesorado y ayudado por otros espíritus antes de encarnar me hicieron ver que, además de las expiaciones que debía afrontar con la actitud anteriormente mencionada y que conseguí lograr en buena parte, existía también una parte más agradable, la de aquella que procedía de mis méritos del pasado y que me facultaba para el ejercicio de una labor misionera en favor de los demás.

Vi con claridad algunos de los trabajos y realizaciones efectuados en otras encarnaciones y que en ese momento, antes de encarnar, eran los créditos obtenidos por mi alma, que se encontraba preparada para enfrentar los retos del esfuerzo, la divulgación, el trabajo y la entrega desinteresada que debía conseguir realizar con cuerpo físico.

Mis ansias de progreso, de claridad y redención moral, pretendían afrontar algunas realizaciones en mi peregrinaje en la tierra que fueron desestimadas por aquellos que me asesoraban. Pues, con la sabiduría, la experiencia y la elevación moral que portaban, valoraron, contrapesando, si sería capaz de efectuar aquellas realizaciones ciclópeas que yo deseaba afrontar.

Pronto, algunas de esas iniciativas fueron retiradas del programa, y otras rebajadas sustancialmente, pues me hicieron comprender que el riesgo de abarcar determinadas realizaciones ponía en peligro la consecución de otras más sencillas, pero más importantes para mi alma que me era preciso conquistar. No obstante, también se me indicó que, en función del grado de realización del programa que debía enfrentar, solicitarían permiso a los espíritus superiores para ir adaptando los retos y las dificultades en la medida que valoraran las fuerzas y los recursos de los que fuera disponiendo. Todo ello sin poner en riesgo las lineas maestras principales de aquello que principalmente me proponía conseguir.

Esta ayuda inestimable del mundo mayor, que colaboraron conmigo en esa ruta de planificación evolutiva, la comprendo ahora; y aunque mientras estaba en la tierra sabía de la existencia de estos espíritus abnegados y trabajadores, nunca pude sospechar hasta qué punto influyeron y me ayudaron para no equivocarme a la hora de tomar decisiones sobre mi programa terrestre.

Comprendía claramente que, como explica Allan Kardec, las distintas existencias son solidarias entre sí; y que el trabajo que se alcanza y se realiza con éxito, nunca se pierde, pudiendo ser continuado en una nueva oportunidad así como en el plano espiritual. Esta concienciación de la transitoriedad de la vida en la tierra, y de la eternidad del campo de trabajo para progresar y crecer espiritualmente, sosegaba mi alma, ayudándome a planificar sin precipitaciones mi rumbo evolutivo.

Continuando con mi planificación pre-encarnatoria, pude vislumbrar con qué precisión me detallaron en su momento las condiciones y circunstancias “humanas” que me afectarían y que incidirían en mi carácter y en la formación de mi personalidad humana.

Cuestiones como la familia en la que debía reencarnar, los compromisos que esos espíritus que me recibían tenían para conmigo y yo para con ellos; el ambiente social en el que formaría mi personalidad, la educación a recibir y los pros y contras que todos estos hechos llevarían a afectar y formar mi condición humana.

También vislumbré algunas cuestiones kármicas de aquellos que vendrían conmigo; algunos seres muy amados por mí, otros con deudas mutuas a los que me vería obligado a ayudar, etc.

Todo esto que ahora explico, y muchas otras cuestiones que no detallo, desde la claridad de visión que mi alma experimenta y que me fue presentado antes de iniciar mi recorrido en la tierra se sumergió en la inconsciencia de mi espíritu cuando inicié mi proceso biológico-psicológico de preparación para reencarnar.

Quedó grabado en mi conciencia; y aunque no recordaría conscientemente la mayoría de las cuestiones mientras deambulaba por el mundo físico afrontando mis objetivos, mi alma siempre aprovechaba la circunstancia del desprendimiento espiritual mediante el sueño para recordarme los compromisos adquiridos. Algo en lo que influía sobre manera el guía espiritual, el protector encargado de acompañarme durante mi peregrinación terrena; pero de ello hablaremos en la próxima oportunidad.

Planificación pre-encarnatoria por: Benet de Canfield

Psicografiado por Antonio Lledó

©2017, Amor,paz y caridad

[*] Serie de psicografías mensuales; en la que un espíritu amigo, desencarnado hace pocos años, comenta experiencias de vida de su última existencia; así como las reflexiones sobre las mismas una vez llegado al mundo espiritual. Para preservar el anonimato de su identidad, tal y como él mismo nos ha solicitado, usaremos el nombre que tuvo en una existencia anterior, hace ya varios siglos.

Anteriores Artículos

PUREZA EN EL CORAZÓN

Siguientes Artículos

LA LEY NATURAL O LEY DE DIOS

Sin Comentarios

Deja tu opinión