Trabajo Interior

PUREZA EN EL CORAZÓN

Jesús, en el Sermón de la Montaña, delante de cientos de sus seguidores habló de cómo se podía conquistar el Reino de Dios. A lo largo de la predicación, enumeró las bienaventuranzas que indicaban como se tenía que ser para alcanzarlo, y en la sexta declara: “Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios.”

Entrados en el siglo XXI de nuestra era y con toda la tecnología a nuestro alcance, con todos los adelantos de la ciencia, nos encontramos en una sociedad acomodada, egoísta, donde el orgullo llama a casi todos los corazones, lo que nos provoca una ceguera espiritual que nos impide ver más allá de nuestras verdaderas necesidades, de nuestros gustos personales. Descuidando nuestra limpieza espiritual.

Juan Pablo II, dice: “Se exaltan a menudo el placer, el egoísmo o incluso la inmoralidad, en nombre de falsos ideales de libertad y de felicidad. Es necesario reafirmar con claridad que se debe defender la pureza del corazón.”

En ocasiones las injusticias o situaciones de sufrimientos en los que nos vemos envueltos, tienen su origen en el interior de nuestro corazón que no cuidamos lo suficiente, porque las carencias que no vamos subsanando, dan cabida a influjos negativos, que nos impiden ver con claridad la forma correcta de actuar; siendo una de ellas ponerse en el lugar del otro. Por lo que se dan situaciones dañinas para nosotros o nuestro prójimo; que podríamos evitar mirándonos dentro de nosotros mismos, consiguiendo conocernos un poco mejor; evitaríamos obstaculizar la encarnación presente, para nuestra evolución espiritual.

Esta desidia deja en nuestro corazón un poso, que poco a poco, si no estamos atentos se va haciendo cada vez más grande, consiguiendo que nos repleguemos hacia nosotros mismos evitando compartir nuestra vida con los demás; incluso lo que es peor, excluyendo a nuestro círculo más íntimo, más querido. Estamos en el pensamiento del poseer y de no darse, dejando que aumente el orgullo y el egoísmo en nuestro corazón.

Jesús convocó a la multitud y les dijo: « Oíd y entended. No ensucia al hombre lo que entre en la boca; mas lo que sale de la boca, eso ensucia al hombre”. (M. cap. XV 10-11)

Y Jesús dijo: “¿Aun vosotros también sois sin entendimiento? – ¿No comprendéis que toda cosa que entra en la boca, va al vientre, y es echado en lugar secreto? Más lo que sale de la boca, del corazón sale, y esto ensucia al hombre. Porque del corazón salen los pensamientos malos, homicidios, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias. Estas cosas son las que ensucian al hombre. Mas el comer con las manos sin lavar no ensucia al hombre.” (San Mateo, cap. XV, v. de 16 a 20).

La pureza en el corazón como toda virtud, requiere una atención diaria de nuestros sentimientos, pensamientos; que con voluntad, disciplina y ganas de trabajar, se va consiguiendo.

Es una virtud que va unida estrechamente con la humildad y sencillez, con un comportamiento natural sin doblez, donde la caridad es tarjeta de presentación; donde el amor preside todo su comportamiento y la indulgencia es la respuesta a las debilidades ajenas, además de a toda acción o palabra hiriente que podamos recibir. Por lo tanto, no cabe cualquier pensamiento o sentimiento de orgullo o egoísmo.

Esto se consigue aceptando con docilidad, nuestra condición y nuestra situación, porque es el resultado del pasado, es el reflejo de nuestras acciones, sentimientos, así como de los pensamientos, que nos han ido acompañando desde el principio de nuestras existencias. Formando poco a poco nuestro presente. Entendiendo que hay que hacer un esfuerzo por mejorar interiormente, comprendiendo que la perseverancia en nuestra transformación interior es necesaria para conseguir aquellos objetivos que nos vamos poniendo poco a poco.

Cualquier pensamiento o sentimiento negativo por pequeño que sea, indica  imperfección en el alma; por tanto cuando se lucha por rechazar con energía cualquier atisbo de maldad, borrar cualquier pensamiento que pueda perturbarnos, es cuando se consigue ir adelantando en nuestro progreso.

El espíritu que alcanzó la perfección sería el modelo que podríamos poner, como verdadera pureza. También podemos coger como ejemplo los niños, como lo hizo El Maestro, cuando en cierta ocasión dijo: “Dejen que los niños se acerquen a mi” (Mc 10, 13-16)

El espíritu al nacer a una nueva vida física, pierde conciencia de sí mismo en los primeros años de existencia. No muestra todavía sus tendencias negativas; todo lo contrario, transmite ternura, se le observa ingenuidad, necesita de los cuidados permanentes de la madre. Y Jesús lo toma como figura de pureza y simplicidad, tiene el alma sincera y permanece en la sencillez de sus pensamientos que sobre todo son espontáneos y sin malicia.

El trabajo interno para transformarnos en personas mejores de lo que somos, lo realizamos a merced de que sabemos dónde está el bien y donde está el mal, ya que el universo está gobernado por Leyes sabias y justas y el bien es la manifestación de la Ley del Amor; reafirmada gracias a la doctrina que nos dejó Jesús de Nazaret.

Su doctrina, es la doctrina del amor. Ejercer la caridad y la tolerancia en todo momento hacia los demás, cumplir con nuestras obligaciones y responsabilidades, desarrollar la paciencia y la docilidad que nos ayuda a ir construyendo el futuro, la fe junto con la esperanza que es la palanca que nos impulsa hacia adelante en nuestro proyecto de elevación.

El equilibrio espiritual nos ayudará a tener los sentimientos y los pensamientos en perfecta armonía, pues, el sentimiento tiñe los pensamientos y estos nos motivan a actuar, siendo la forma de proceder la que refleja cómo somos.

En la mente de un corazón puro no aparece la maldad por ningún lado. Desarrollando el amor, la inteligencia y la fe comprendemos que nuestro camino es de sentido único, que nos lleva a la perfección.

“La pureza de la mente y el ocio son incompatibles.” Mahatma Gandhi

Vivir en el amor, el de una madre a sus hijos, el de un hombre a una mujer, el del profesional en su trabajo, el que nace entre amigos, etc., cada uno de nosotros en donde estemos, vivido con sinceridad, con firmeza, con  desinterés, hace que nuestros sentimientos, pensamientos y obras sean cada vez más limpios, aumente nuestra fortaleza y nos sintamos más alegres.

El corazón es el distintivo más íntimo del hombre; en él está depositada la chispa del amor que tenemos que ir cultivando y engrandeciendo, mientras más pureza tengamos en él, mayor capacidad de amar tendremos, aumentando nuestra disposición a perdonar con sinceridad a todo aquél que nos ofenda o ataque; devolviendo bien por mal.

Evidentemente no encontraremos ni bondad, ni pureza, en el corazón de un espíritu donde el egoísmo, el orgullo, la avaricia, la maledicencia, etc., han hecho su morada. Es por eso que del corazón hay que limpiar la ambición, la envidia, la intolerancia, el odio… y tenemos que tener una vigilancia, firme, perseverante hacia nosotros mismos, de esta manera también evitaremos que los hermanitos negativos, que siempre están al acecho, hagan que nuestros tropiezos sean mayores.

La vida fundada en el amor, la limpieza, la honestidad, la compasión…nos ayuda a tener una buena conciencia, consiguiendo que la senda que nos trazamos, la vayamos alisando de piedrecillas, entorpecimientos, obstáculos… que nos podemos encontrar a lo largo de  nuestro caminar. De esta forma podremos dominar la fuerza de nuestras pasiones, perdonar y amar a nuestros enemigos, ayudar a los que nos necesitan, consolar y dar esperanzas a los que no ven futuro en su porvenir. En definitiva actuar con el corazón sincero, bajo el dictamen de la conciencia.

“La pureza de la palabra, de la mente, de los sentidos y de un corazón compasivo, se necesitan por aquel que desea subir a la plataforma divina.” Chanakya

 

                                                                                                                        Pureza en el corazón por:   Gloria Quel

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