Enfocando la actualidad

PARANORMALIDAD Y GLÁNDULA PINEAL

Una de las razones mediante las que la ciencia se resiste a admitir la para-normalidad como un fenómeno normal en la persona, era hasta hace poco tiempo, la inexistencia de un órgano físico que fuera el origen de los fenómenos como los estados alterados de conciencia, el trance, el éxtasis, la mediumnidad, etc.

Nadie pone en duda desde hace más de un siglo la existencia de estos fenómenos mal llamados “paranormales”; lo que genera la controversia y dónde no se ponen de acuerdo es en su procedencia, manifestación y localización. Para la psicología, la medicina, la psiquiatría o la biología evolutiva tienen su origen en diferentes causas.

Así pues, mientras la psiquiatría los vino denominando hasta el siglo pasado como “enfermedades mentales”, la moderna psicología transpersonal cambió su denominación a “estados de conciencia alterados”, dejando de considerarlos una enfermedad sino una serie de estados de la psique humana que merecía la pena estudiar no en sus derivaciones negativas, sino en aquellas positivas que también ofrecen.

“En los estados de conciencia alterados, las dimensiones espirituales de la realidad pueden ser directamente experimentadas de un modo tan convincente como nuestra experiencia del mundo material, si no más aún. El estudio detallado de estas experiencias demuestra que no pueden ser explicadas como productos de una enfermedad mental en el cerebro, sino que son reales”.

Stanislav Groff – Psiquiatra, Psicólogo, Fundador de la Psicología Transpersonal en 1978.

La biología evolutiva simplemente contempla estos fenómenos como “exudaciones neuronales” de los procesos electro-químicos del cerebro, que liberan una serie de sustancias que alcanzan el torrente sanguíneo produciendo diferentes tipos de reacciones físicas, psicológicas y químicas, capaces de alterar el normal funcionamiento del cuerpo.

Si contemplamos la interpretación de una “ciencia sin alma”, siendo ésta apenas un epifenómeno derivado del funcionamiento de nuestro cerebro, es una explicación insuficiente y precaria, pues apenas alcanza para explicar algunos pequeños fenómenos de la paranormalidad humana; mientras que la mayoría de ellos quedan sin explicación plausible.

“La física, la neurociencia, y la psicologia humanista, todas convergen en el mismo principio: la mente no puede reducirse a la materia. La vana expectativa de que el cerebro pueda algún día dar cuenta de la mente es como el sueño del alquimista de producir oro a través del plomo”.

George Stanciou (Físico) y Rober Augros (Filósofo)

No obstante, si recurrimos a la explicación de la “ciencia del espíritu”, la amplitud de respuestas y conocimientos precisos se nos antojan más que suficientes al colocar en el “principio espiritual” (el alma humana independiente del cuerpo) la base y el origen de todos estos fenómenos que aparecen perfectamente lógicos, sin anormalidad alguna, propios del desarrollo evolutivo del ser.

La mediumnidad, explicada por la filosofía espiritista de Kardec es, hasta la fecha, el mejor método explicativo de todos y cada uno de los fenómenos paranormales; ésta extraordinaria ciencia del espíritu nos aclara como, entre el cuerpo físico y el alma encontramos un cuerpo intermedio denominado periespíritu que es el origen de todos los fenómenos psicológicos, anímicos, espirituales, paranormales y mediúmnicos que se producen en el ser humano, siendo el responsable de los denominados estados de conciencia alterados.

Este cuerpo intermedio, de naturaleza semi-material, es capaz de interconectar las moléculas físicas del cuerpo biológico con sus correspondientes moléculas periespirituales, y a través de un órgano biológico, situado también en el cerebro, se produce la intereconexión que permite toda esta serie de fenómenos que ya dejaron de ser paranormales para ser totalmente normales y capaces de ser desarrollados en cualquier persona.

Este órgano no es otro que la glándula pineal, situada en la parte baja del cerebro, que cumple una importancia fundamental hasta la pubertad de los seres humanos, pero que a partir de esas edades adolescentes restringe casi totalmente su actividad biológica. A través de este órgano se producen los fenómenos de la mediumnidad, la doble vista, la telequinesia, la telepatía, el éxtasis, el trance, etc…

Charles Richet, premio Nobel de medicina, definió la mediumnidad como “el sexto sentido del ser humano”. Y mucho antes que él; el gran filósofo René Descartes, padre del racionalismo en el siglo XVI, afirmaba con rotundidad que “el alma humana se aloja en la glándula pineal”.

Aunque hoy sabemos que no es exactamente así; pues el alma interpenetra y sobrepuja todo el cuerpo físico, como cualquier fluido impregna todos los átomos de un cuerpo; no es menos cierto que las nuevas investigaciones realizadas sobre paranormalidad humana con las últimas tecnologías de escáneres cerebrales y tomografías computerizadas, manifiestan una alteración evidente, en luminiscencia, y acumulación de energía cuando el individuo, portador de paranormalidad o mediumnidad, está en pleno ejercicio de la misma.

Mientras que, los mismos individuos, cuando no están ejercitando su facultad paranormal presentan una glándula pineal exactamente igual al resto de las personas. Sin apenas manifestaciones destacables, se presentan como personas totalmente normales en su funcionamiento.

La ciencia viene a confirmar la realidad de la filosofía Espirita cuando Kardec en el libro de los médiums pregunta a los espíritus acerca del mecanismo que posibilita la mediumnidad y estos le responden que a través de la glándula pineal se producen las manifestaciones mediúmnicas, pues en esta área cerebral se interconexionan las moléculas del periespíritu del médium con las del periespíritu del espíritu que comunica, traduciendo así los pensamientos y emociones de este último para el primero, a fin de transmitirlos por la palabra, la escritura, la vista, etc..

Así pues, tenemos que aplicar y explicar la realidad de los fenómenos paranormales como algo natural, real, al alcance de todo el mundo. No se trata en modo alguno de ninguna “gracia”, “ningún don divino”, no es tampoco “ningún castigo”, “no es una lacra”, “no es una enfermedad mental”. Es preciso comprender que, cuando estas circunstancias se presentan tienen un porqué y un para qué, de nada sirve esconder la cabeza como el avestruz, pues se vuelve a presentar cada vez con mayor virulencia.

Es preciso pues entender su objeto, el porqué y el para qué tenemos esa hipersensibilidad. Y en ello la doctrina de Kardec nos ayuda sobre manera explicando las causas y los propósitos por los que tenemos facultades, así como la utilidad de las mismas para la realización personal del que la posee, y el beneficio que con ellas se puede aportar a nuestro prójimo de manera desinteresada.

Para todos los que desean saber el porqué y el para qué de estas cuestiones, les decimos que no son “seres raros o especiales” sino totalmente normales; únicamente precisan estudiar y dar sentido a esas manifestaciones; usándolas en su propio beneficio de equilibrio, armonía y realización personal, y al mismo tiempo ejerciéndolas con prudencia, discreción, altruismo y humildad.

Y siendo conscientes además de que al desarrollar estas facultades correctamente, se convierten así, ellos mismos, en la prueba evidente de la inmortalidad el alma; al permitir que “desde el otro lado de la vida” y por su intermedio, se ofrezcan los hechos y las pruebas de la inmortalidad del ser humano, ofreciendo así el consuelo, la esperanza, el optimismo y la fe en el porvenir, que nos aguarda a todos sin excepción.

Antonio LLedó Flor

©2016, Amor, paz y caridad

“El fin providencial de las manifestaciones es convencer a los incrédulos de que no todo acaba con la vida física, y ofreciendo a lo que ya creen ideas más exactas sobre el porvenir”.

Allan Kardec. Libro: ¿Qué es el Espiritismo? Cap. II.

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