OLVIDO DEL PASADO

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Olvido del pasado
“Y si luego de haber tenido estos conocimientos antes de nacer, y haberlos perdido después de haber nacido, llegamos enseguida a recobrar este conocimiento anterior sirviéndonos de nuestros sentidos, que es lo que llamamos aprender, ¿no es esto recobrar la conciencia que teníamos, y no tendremos razón en llamar a ésta, reminiscencia?” 
Sócrates a Simias – Libro Fedón – Dialogos de Platón

Sin duda ninguna, cuando nos referimos a olvidar alguna cosa, siempre está en juego nuestra capacidad de recordar, o mejor dicho, la memoria de la que disponemos para hacerlo con mayor o menor precisión o amplitud. En este sentido, es preciso distinguir entre los distintos tipos de memoria que existen en el ser humano. Una de ellas hace referencia a la capacidad de recordar lo inmediato, lo próximo en el tiempo, mientras que otra se refiere a los recuerdos de tiempo atrás, años, décadas o periodos por los que atravesamos a lo largo de la vida, es decir, recuerdos de la infancia, de la juventud, etc.

También precisamos distinguir entre lo que es la memoria consciente y la inconsciente. Esta última, según la psicología moderna, está tan presente en nuestras vidas que, en muchos de los procesos cognitivos y emocionales que nos hacen actuar de una u otra forma es el inconsciente el que dirige nuestra acción. Tanto es así que la memoria inconsciente (reflejos condicionados, automatismos, hábitos mentales y emocionales, creencias, etc.) es la responsable de un elevado porcentaje de nuestra forma de reaccionar; según Freud, el 95% de nuestra actuación se deriva del inconsciente.

Es preciso, por último, mencionar lo que la moderna psicología traspersonal y evolutiva denomina como memoria supra-consciente. Esta última es también conocida como “memoria extra-cerebral”, y no es otra cosa que la memoria del espíritu, el acervo milenario de experiencias, sensaciones, emociones y acciones que quedaron impregnados de forma tan potente en nuestra alma, que forman un bagaje personal único e individual y que afloran en cada vida o en cada nueva experiencia de reencarnación ante cualquier suceso que nos recuerda inconscientemente la experiencia ya vivida anteriormente. Aquí encontramos las causas de numerosas patologías mentales cuyos orígenes proceden de vidas anteriores y entre las podemos destacar la “conciencia de culpa”, o los “complejos de edipo y electra” que  también pueden originarse en la etapa pre-natal, infantil, etc.

Era conveniente abordar el tema de la memoria porque es preciso comprender que el olvido del pasado de nuestras vidas anteriores, tiene varios enfoques, que precisamos detallar. El enfoque filosófico lo explica magistralmente Platón en la frase que pone en boca de Sócrates y que encabeza este artículo y mucho más cuando afirma que el cuerpo es la prisión del alma, que ésta es inmortal y se reencarna en sucesivos cuerpos; para después confirmar que al nacer el alma olvida los conocimientos que poseía y que aprender no es sino recordar esos conocimientos.

El segundo ya lo vislumbramos con lo que hemos expuesto más arriba: es el enfoque psicológico. Nuestra memoria extra-cerebral es el gran archivo de nuestra alma inmortal a lo largo de las sucesivas reencarnaciones, y esto nos acompaña siempre formando parte de nuestra intimidad y reflejándose con nitidez en el cuerpo causal de nuestro periespíritu (inconsciente) cuando tenemos un cuerpo físico.

Pero también tenemos el enfoque biológico que precisamos aclarar antes de abordar el enfoque espiritual. El hombre que reencarna comienza su vida con un cerebro virgen, y a través de sus sentidos distingue y conoce el ambiente que le rodea. Paralelamente al crecimiento del niño, surge parte del subconsciente en forma de aptitudes y tendencias, procedentes de vidas anteriores, que son sus inclinaciones congénitas.

Como hemos visto en el artículo del mes anterior, a la hora de reencarnar, el periespíritu reduce su tamaño a fin de adaptarse a la célula huevo o cigoto para ir modelando las características biológicas y psicológicas que, de conformidad con la ley de causa y efecto, determinarán no solo la forma del nuevo ser que reencarna, sino también las probabilidades más adecuadas para el programa espiritual que trae a desenvolver en su nueva experiencia en la carne.

Esa reducción periespiritual trae como consecuencia la pérdida paulatina, pero temporal, de la memoria consciente del espíritu, pues en la medida que se va conformando un nuevo cerebro en el cuerpecito del feto, las células que se forman son completamente nuevas e incapaces de acceder a la memoria del espíritu y sus experiencias y recuerdos de vidas anteriores. Esto último quedará guardado en el inconsciente y aflorará puntualmente a lo largo de la vida cuando alguna percepción o sensación traiga a ese presente aquella emoción ya vivida, que no recuerda conscientemente, pero que se manifiesta con profusión debido a la fuerte impresión con la que quedó grabada en nuestro psiquismo.

“Si una simple conmoción cerebral es lo bastante para que olvidemos los hechos de nuestra vida presente, ¿cómo ha de ser posible conservar el recuerdo de algunos de los hechos de nuestras existencias pasadas, no estando grabadas en el cerebro de la nueva personalidad?”

Sebastián de Arauco – Libro: “Tres Enfoques sobre la Reencarnación

Así pues, un cerebro nuevo no tiene capacidad de reconocer conscientemente la memoria “extra-cerebral” que nuestro inconsciente sí posee. Por ello, biológicamente es imposible recordar de forma nítida las vidas anteriores. Sólo mediante las facultades del alma se puede acceder a ese recuerdo.

Sin embargo, en la infancia se produce un hecho muy curioso a este respecto, pues muchos niños tienen percepciones, imágenes e incluso vivencias de vidas anteriores, demostrando así la reencarnación. Esto acontece porque, desde el momento en que se produce la concepción y comienza la reencarnación, esta última no se ve completada de forma definitiva hasta los siete u ocho años en los que el espíritu ha asimilado totalmente (como una esponja) los procesos biológicos y periespirituales. Es por ello que los niños, a menudo, parecen vivir entre dos mundos, el espiritual y el material, donde perciben sensaciones y tienen recuerdos que no saben explicar, e incluso tienen contacto con espíritus que son sus propios familiares o espíritus guías que les protegen y acompañan.

Y para completar el tema del olvido del pasado, debemos abordar la causa principal del mismo que tiene que ver con el enfoque espiritual. Cada vez que reencarnamos en la Tierra, por muy diferentes que sean los retos a conseguir, el objetivo principal es el progreso del espíritu. Y por ello, en las condiciones de un mundo de expiación y prueba como el que  nos encontramos, nuestra principal tarea es la de reeducarnos espiritualmente. Esto tiene que ver con rescatar las deudas de nuestro pasado (expiación), y al mismo tiempo ejercitarnos ante nuevos desafíos (prueba) para crecer espiritualmente y mejorar moralmente.

Estas dos cuestiones no podrían llevarse a cabo si fuéramos conscientes de nuestros actos delictuosos del pasado o de aquello que venimos a experimentar o saldar como débito, y que supondrá, sin duda, sacrificios o aflicciones agudas durante la trayectoria en la Tierra. La gran mayoría de nosotros seríamos incapaces de aprovechar la vida en la carne para reeducar nuestra alma y progresar en el bien si fuéramos conscientes de que nuestro enemigo del pasado ha reencarnado con nosotros como hijo, esposa, padre o hermano. Los odios se recrudecerían y las venganzas impedirían al ser humano progresar y perdonar. Lazos de consanguinidad o familiares permiten, con el afecto que les son propios y el olvido de las deudas anteriores contraídas, acoger con amor y cariño a aquel que tanto daño nos hizo y al que ahora adoramos o queremos como hijo.

Y a la inversa, espíritus más elevados que nosotros que fueron víctimas de nuestros rencores y venganzas, reencarnan como hijos o familiares nuestros para darnos ejemplo y ayudarnos a desarrollar el afecto y el amor que no tuvimos con ellos, resarciendo así las deudas contraídas y estableciendo lazos de perdón y de cariño que convertirán a los antiguos enemigos en amigos mediante los lazos fraternos que ahora, con el olvido de las ofensas pretéritas y el cariño del presente, se consolidan definitivamente.

“Los males con que afligimos a nuestros semejantes, nos persiguen como nuestra sombra sigue a nuestro cuerpo”

Krishna

También la debilidad psicológica o mental, derivada de nuestras falencias milenarias, vicios o pasiones desordenadas, defectos morales enquistados como hábitos perniciosos en nuestro inconsciente (odios, soberbia, envidias, celos, resentimientos, etc.), son en algunos casos tan fuertes y tan arraigados que el conocimiento consciente de las situaciones en que cometimos crímenes hediondos contra el prójimo o contra nosotros mismos (suicidio por ejemplo), crearía en nosotros un sentimiento de culpa consciente tan enorme que nos impediría progresar, al mismo tiempo que el conocimiento de esas situaciones por parte de los que nos rodean crearía un clima de imposible superación de las taras más graves de nuestra alma inmortal.

La providencia y la Ley divina, actuando bajo la misericordia infinita y sabiduría de Dios, nos priva del recuerdo y conocimiento consciente de nuestro pasado cuando tomamos un nuevo cuerpo. Ese olvido desaparece al volver al plano espiritual después de cada experiencia en la carne. Y cuando el espíritu evoluciona lo suficiente y forma parte de humanidades más avanzadas en elevación y progreso moral, sí le es permitido recordar sus experiencias de vidas anteriores a fin de mejorar sus objetivos de plenitud y lucidez en la nueva vida con materia.

Todo se enlaza en el universo y se articula en base a leyes justas y perfectas que persiguen el objetivo de beneficiar al hombre en su camino hacia la felicidad. El olvido del pasado es temporal, siendo así un acto de misericordia y de sabiduría de Dios, inteligencia suprema, que creó y reguló la evolución del alma humana para regresar hasta Él al alcanzar una perfección relativa, sin perder nuestra individualidad y en total integración con su Amor Divino.

Olvido del pasado por: Antonio Lledó Flor

2021, Amor, Paz y Caridad

“El olvido de las experiencias en vidas anteriores permite el equilibrio entre el espíritu y cuerpo físico impidiendo las tensiones provocadas por recuerdos que violentan psicológicamente a la persona y a sus relaciones” J.A

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