NOS HIZO HOMBRE Y MUJER II

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Dios nos hizo hombre y mujer II
Viene de: Nos hizo hombre y mujer

Siguiendo con el tema del artículo del mes pasado, “Nos hizo Hombre y Mujer”, continuamos analizando la sabiduría con la que fuimos creados y las razones por las que nos diferenció en masculino y femenino.

 A nivel psicológico, cada sexo tiene características distintas, como pueden ser:

En los hombres: Protectores, familiares, son más racionales, ocultan sus emociones, prácticos, más orientados hacia la acción, autosuficientes…

En las mujeres: Más intuitivas, más realistas, expresan sus emociones, soportan mejor el dolor y el sufrimiento, son más reflexivas, tienen una mejor memoria emocional, son detallistas…

María Dolores Vila-Coro (Licenciada en Filosofía y doctora en Derecho)  afirma: “… el varón y la mujer se complementan y constituyen una unidad de orden superior: la pareja. Cada uno de ambos miembros genera una energía que, cuando es armónica, cuando está orientada en un mismo sentido, se potencia. Complementariedad significa emprender una tarea común, inseparablemente fundidos en un solo proyecto, en el cual ninguno es propiamente sin el otro”.

El intercambio se expresa en las múltiples situaciones que se presentan a lo largo de la vida, en una variedad enriquecedora de relaciones interpersonales, como las de la maternidad, la paternidad, la fraternidad, la amistad, y tantas otras que afectan a nivel interno en cada individuo.  Sin olvidar que cada una de las personas de diferente sexo tiene algo en particular que aportar a la vida social, ya que la sociedad progresa con la unión de ambos sexos.

Casi desde el principio de los tiempos hasta la edad contemporánea, la organización de las distintas sociedades siempre ha sido el patriarcado o hegemonía masculina el que se ha impuesto. Es decir, desde siempre el hombre ha utilizado su fuerza para tener el poder y el dominio de la comunidad. Dos sociedades patriarcales por excelencia en el mundo antiguo son la griega y la romana.

Platón, en su obra Timeo, ya describía el valor que se le atribuía a la mujer en aquella época. “Entre los hombres, que recibieron la existencia, los que fueron cobardes y pasaron su vida en la injusticia, fueron, según todas las probabilidades, metamorfoseados en mujeres en su segundo nacimiento”.

En las religiones también encontramos el patriarcado como forma de organización. Sin embargo, en todas las épocas ha habido mujeres que han sabido manifestar unas cualidades que el hombre difícilmente era capaz, como por ejemplo, el sentimiento de amor y de renuncia que las sustentan y las mueve para servir a los demás.

El catolicismo tampoco se libra del papel secundario que le ha otorgado históricamente a la mujer, destacando su rol de ama de casa y de sus deberes de sumisión en relación al hombre, sin darse cuenta de que ese papel aparentemente secundario es el más importante, pues ellas son las que se encargan del cuidado del hogar y de las personas más vulnerables.

No obstante, el modo de actuar de Cristo, tanto por sus obras como por sus palabras, demuestra el respeto que les tiene, pues las considera iguales y corrige con sus actos a los que ofenden la dignidad de la mujer. Jesús de Nazaret trata a la mujer como mujer. Ni privilegia su trato ni lo rechaza. Ve en ella el destello generoso del amor del Padre; está llamada a la alta vocación de madre, de esposa, de hija. Cristo muestra a todos los hombres un excelente ejemplo del trato que merece la mujer; su amabilidad, su respeto, su delicadeza, su prudencia, su amor desinteresado; el comportamiento idóneo que el hombre debe adoptar con la mujer.

El Papa Francisco declara: “Pensemos un poco en lo que acontecería si no hubiese religiosas en los hospitales, en las misiones, o en las escuelas”.

En el protestantismo, aunque la mujer seguía teniendo esa imagen devaluada, propia de la época, no se asustó ante las discriminaciones y persecuciones que sufría, y siempre tuvieron y mantuvieron un lugar destacado dentro de la Reforma, en su papel social.

Por otro lado, mejor que cualquier otra religión o doctrina filosófica, el Espiritismo puede y debe restablecer a la mujer en el lugar que le corresponde, porque nos prueba que el alma, en lo que piensa y siente, no tiene sexo, y que, por tanto, desde el punto de vista espiritual, el hombre y la mujer son iguales.

Pero el hecho es que varón y mujer sienten el mundo de forma diferente, resuelven las tareas de manera dispar; piensan y reaccionan de forma distinta, esto es fácilmente observable. El hombre y la mujer se complementan en su correspondiente y específica naturaleza corporal, psíquica y espiritual. Ambos poseen valiosas cualidades que les son inherentes, y cada uno en su propio espacio es donde pueden sacar lo mejor de sí mismos. En el punto de vista de la acción social, son equivalentes e inseparables

Por lo tanto, la mujer fue creada para ser la parte del sentimiento, del binomio hombre-mujer. Se mueve guiada por el sentimiento, como recordaba ya hace algún tiempo José María Pemán, «el amor es en la mujer como la expresión total de su ser y el ejercicio fundamental de su vida […]. La mujer es, por definición, una “criatura de amor”.»

Sin embargo, hoy día, y como consecuencia de la confusión social y la alteración de valores, se pretende que deje su valioso papel en la sociedad para adoptar el rol masculino, creyendo que así se igualan. Se trata inicialmente de una reivindicación legítima de igualdad de derechos, de respeto y valoración social de sus aptitudes, pero llevado al extremo pretenden eliminar todos los roles e igualarse con los hombres. Aspiraciones que nunca deberían convertirse en un anhelo de igualdad ciega al varón: asumiendo muchas veces un comportamiento que, si lo hacen ellos es rechazable, pero si lo asumen las mujeres, se convierte en una forma de obrar aceptable, convirtiéndose en copias idénticas de las actitudes machistas. Esta manera de actuar y de ver las cosas bajo ningún concepto podría considerarse como una victoria sino más bien un perjuicio para la mujer, otra forma de perder la identidad y los valores inherentes a ellas.

Resumiendo, el principal trabajo de la mujer es ser madre, y esta condición natural deriva en ser EDUCADORA. Ella es la que da la vida, es la que enseña las primeras nociones de vida al nuevo ser. Su capacidad para sentir, comprender, tolerar, perdonar y amar le ayuda a mantener unida a la familia y enseñar, sobre todo con el ejemplo, los valores morales que enriquecen a la sociedad. El mundo de la mujer equilibrada es más íntimo, sereno, donde la paz y la calma la envuelven; actitud que si se trasladara a la sociedad se convertiría en un lugar donde la vida sería más agradable.

Hay que dar sentido al hecho de nacer mujer, desarrollar todos los valores y características que trae, allá donde pueda encontrarse, tanto si es una ejecutiva como una ama de casa. Todas han nacido con el compromiso de aportar algo muy importante; de ser el faro que conduce a la familia por el sendero de los valores morales.

Bajando al plano físico nos sumergimos en la escuela donde trabajamos para corregir el pasado que hemos vivido incorrectamente, repitiendo las lecciones necesarias para nuestro reajuste espiritual, donde tenemos que aprovechar la oportunidad que se nos ofrece para nuestro beneficio. Toda conquista del espíritu exige esfuerzo, lucha, perseverancia, trabajo, y siempre sufrimiento… Toda virtud exige siempre un precio para conquistarla.

Si el espíritu encarna como mujer, sabemos que el trabajo se fundamenta en el amor, el cuidado y la protección; en conservar los valores íntimos, en sus actuaciones con prudencia y realismo; en sus deberes de hermana, hija, compañera y madre.

En una ocasión le preguntaron a la Madre Teresa: ¿Por qué nos hizo Dios a unos hombres y a otras mujeres?

“No entiendo por qué algunas personas dicen que la mujer y el hombre son exactamente lo mismo y niegan las bellas diferencias entre hombres y mujeres. Todos los dones de Dios son buenos, pero no todos son iguales… Dios ha creado cada uno de nosotros, cada ser humano, para cosas muy grandes, para amar y para ser amado. Pero ¿por qué Dios nos hizo a algunos hombres y a otras mujeres? Porque el amor de la mujer es una imagen del amor de Dios. Y el amor del hombre es otra imagen del amor de Dios. Ambos son creados para amar, pero cada uno de una manera diferente. Mujer y hombre se completan mutuamente, y juntos muestran el amor de Dios más plenamente que cualquiera de los dos puede hacerlo solo”.  (Madre Teresa de Calcuta).

Nos hizo hombre y mujer II por: Gloria Quel

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