GUARDIANAS DEL HOGAR II

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Guardianas del hogar II

GUARDIANAS DEL HOGAR II

Continuando con el tema del mes pasado, iremos analizando cuáles son los aspectos que una esposa debe cuidar para hacer de su hogar un refugio de bienestar.

Seguiremos con otra vertiente dentro del matrimonio que es el cuidado que hay que tener en la comunicación entre ambos cónyuges; este debe discurrir con fluidez compartiendo inquietudes, pensamientos, experiencias y todo aquello que preocupa del diario vivir. Entre los esposos, por lo general, no hay tema o acontecimiento que debiera estar fuera de los límites.

Ante los diversos problemas o diferencias que van apareciendo dentro del matrimonio, el encararlos con seriedad, con reflexión, con disposición para superarlos por medio de una comunicación franca, sincera; y sobre todo, dedicarles el tiempo que sea necesario para aclarar las posturas, y de ese modo resolver de la mejor forma posible cualquier  contratiempo que aparezca en la relación. No nos olvidemos que, si hay discordia y no se ataja a tiempo, nacerán todos los males posibles; mientras que si hay concordia el resultado será la felicidad, la satisfacción interior de la familia.

 En el caso que nos ocupa, la esposa está para ayudar y apoyar al esposo en todas las circunstancias, ya sea en lo privado, social o laboral.

Siendo una mitad de la pareja debe alegrarse de los triunfos de él, pues son parte suya también. Además, aunque se diera la circunstancia de pensar que no tiene la autoridad de la pareja, siempre ha de tener la competencia para guiarla. Nunca debe renunciar a sus responsabilidades y cualidades naturales como son la inteligencia, la intuición o la tolerancia, pues el matrimonio se podría tambalear, incluso acabar por romperse.

La paciencia siempre tiene que estar presente, pues aunque la pareja se elige, viéndose revestida con muchas cualidades en un primer momento, también tiene defectos, y es en la convivencia diaria cuando aparecen, y alguno puede tener más presencia de lo esperado.

Sin duda, compartir la vida con otra persona es un acto voluntario, siendo el amor el que intervino para tomar esa decisión, dando la confianza y moviendo la voluntad para que, en el transcurrir del tiempo, se acepten ambos cónyuges tal y como son.

Trabajo mutuo es fijarse en lo que entorpece la relación de pareja para poder ir eliminándolo poco a poco; de esta forma irá aumentando, entre otras cosas, el respeto, pues amor sin respeto no es verdadero amor.

No solo es respeto lo que debe sentir por el marido, sino una verdadera valoración de sus cualidades, evitando, por ejemplo, desautorizarlo delante de los hijos. También el marido no debe desautorizar a la mujer, apoyándola en sus decisiones, ya que si se sienten respaldados mutuamente, sin reproches futuros o recriminaciones por los posibles errores cometidos, la percepción de armonía, coherencia y equilibrio que van a percibir los hijos ayudarán sobremanera en una educación eficiente, contribuyendo a un desarrollo familiar armónico y feliz.

Por otro lado, muchos de los fracasos de pareja son por causa del egoísmo que desequilibra la armonía del hogar. Este se puede presentar de mil formas diferentes; está presente en los detalles o actuaciones de los esposos, y no hay cosa que desgaste más a un matrimonio que las quejas continuas.

La persona que continuamente se está quejando produce desagrado, y suele provocar también distanciamiento. Nadie quiere estar al lado de una persona negativa, porque genera tensión y llega a producir discusiones que con frecuencia finalizan en ofensas por situaciones anteriores, que van más allá del asunto de la queja, provocando una onda expansiva que descompone la relación, apareciendo actitudes nada deseadas, como pueden ser la falta de respeto, la desconsideración, la indiferencia, etc.

Hay que prestar mucha atención, porque en ese estado negativo se exageran las quejas, los reproches, dejando a un lado la comprensión, la empatía, la tolerancia; olvidando las circunstancias del otro. Por lo tanto, quejarse, criticar o desdeñar no son formas adecuadas para comunicarse, ya que no ayudan a entenderse sino todo lo contrario, provoca dolor, angustia, tristeza; en pocas palabras: la ruptura de los compromisos espirituales libremente adquiridos.

Por eso debemos tener cuidado de no caer en la crítica destructiva, sino que los comentarios han de ser siempre constructivos y alentadores, que motiven para hacer las cosas mejor. Esto hará que aparezca la gratitud por la ayuda y apoyo recibido.

La reflexión de la propia conducta y actitudes dentro del matrimonio es imprescindible para poder evitar esos momentos de irritación donde se actúa de forma áspera, sin pensar en las consecuencias posteriores que pueden afectar seriamente a la relación.

Otra vertiente del egoísmo puede ser también el no querer tener hijos. Un matrimonio que opta exclusivamente por llenar su vida conyugal de necesidades materiales, muchas de ellas superfluas, jamás podrá sustituir el gozo y la satisfacción que genera el traer unos hijos al mundo, es decir, espíritus necesitados de progreso espiritual en un nuevo cuerpo físico.

El amor, por el contrario, es generosidad, es también darse al otro; con lo cual, si el egoísmo entra en un matrimonio y se establece en el hogar, este tiende a descomponerse y termina quebrando la relación de pareja, pues es como la hiedra que todo lo devora. Es la causa de enfrentamientos que, en ocasiones, llegan a convertirse en auténticos obstáculos insalvables, generando sufrimiento en todo el círculo familiar, en particular, a los hijos, si los tuviesen.

Otro atributo que se le da a la mujer es el sexto sentido, que según el Libro de los Espíritus, es solo una premonición enviada por el espíritu protector. O también la voz del instinto. Este instinto les permite tomar ventaja para percibir las necesidades ajenas, especialmente del entorno familiar y afectivo. Esta última cualidad tan intangible, cuando se usa correctamente, es una herramienta muy eficaz para hacer el bien a los demás, pero si hace un mal uso de esa intuición para satisfacer su propio interés egoísta, para confundir y arrastrar a otros en su beneficio, le supone un entorpecimiento muy grande, perjudicándole sobremanera en su progreso espiritual.

Otra herramienta que alguna mujer puede usar para conseguir que el esposo haga lo que ella quiera es el sexo, que lo utiliza de forma inadecuada para ilusionar al marido y tener al hombre donde quiere; sin saber que las consecuencias espirituales de ese comportamiento antinatural e interesado es nefasto. El sexo es un complemento necesario para que el amor entre la pareja sea perfecto. Por regla general su empleo se debe de hacer de forma digna, teniendo siempre en cuenta el respeto al compañero, para que la unión entre la pareja crezca. Pero si a esa relación se le ponen artimañas solapadas, tarde o temprano la convivencia se irá resquebrajando.

Por tanto, la mujer, mejor que nadie, puede aplicar la psicología e intuición que posee para conseguir la unión familiar. Sin renunciar a su personalidad y a la firmeza de carácter, puede al mismo tiempo adoptar una postura de saber ceder o callar cuando la ocasión lo requiera, evitando un protagonismo que en múltiples ocasiones no necesita; ahí reside su principal fuerza y valor. También, en algunos casos, utilizar esa sabiduría tan particular, consecuencia de su amor incondicional para colocarse en un segundo plano, y de ese modo, poner en valor el trabajo de su cónyuge; al mismo tiempo el hombre tiene la obligación de saber reconocer el papel y el trabajo de ella.

Un matrimonio compenetrado y sostenido gracias a la comunicación, el respeto, la honestidad y sobre todo por el amor, es un matrimonio feliz, y en gran medida ese éxito es gracias a la mujer, si sabe colaborar, unir, mediar y, sobre todo, usar la intuición, la inteligencia y el corazón.

 

Guardianas del Hogar II por: Gloria Quel

© 2020, Amor, Paz y Caridad.

La esposa debe de ser sumisa a su compromiso moral y espiritual dentro del matrimonio… no al hombre por ser hombre. El esposo, de la misma forma, debe ser fiel y sumiso a su compromiso con la esposa ¡Esa es, en realidad, la más sublime y bella manifestación del amor conyugal!

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