LA MUJER DENTRO DE LA SOCIEDAD

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La mujer dentro de la sociedad

LA MUJER DENTRO DE LA SOCIEDAD

766.- ¿La vida social es natural? (Libro de los Espíritus)

  – Indudablemente. Dios ha hecho al hombre para vivir en sociedad, y no le ha dado inútilmente la palabra y todas las otras facultades necesarias a la vida de relación.

817.- ¿El hombre y  la  mujer  son  iguales  ante  Dios,  y  tienen  los  mismos derechos?  (Libro de los Espíritus)

       -¿No ha dado Dios a ambos la inteligencia del bien y del mal y la facultad de progresar?

Es una obligación moral de cualquier ser humano capaz de pensar y discernir, hacer el bien, ayudar a otros y convertirse en una gran contribución para esta sociedad. En el caso de las mujeres su aportación puede ser considerable, porque asumen una enorme responsabilidad como transmisoras de valores; como educadoras, integradoras y defensoras de los suyos; olvidándose muchas veces de sí mismas para entregarse a los demás.

Es relevante visibilizar el papel de la mujer en lo social o en la familia, puesto que siempre puede aportar la ternura y el amor que solo ella es capaz de dar, sobre todo a los más indefensos y necesitados.

 Dios ha dado la inteligencia al ser humano para distinguir el bien del mal, del mismo modo que también para comprender el lugar que le corresponde a cada uno, el papel que cada persona, en base a sus características y sexo, debe desarrollar en beneficio propio y de sus semejantes.

Somos seres racionales y disfrutamos de libre albedrío, y debemos ser capaces de transformar nuestro hogar, que es la Tierra, para hacerla un lugar acogedor donde todos quepamos, con nuestras diferencias y semejanzas. Por lo tanto el ser humano, ya sea hombre o mujer, tiene desde el principio de la creación la misma responsabilidad y los mismos derechos. Además hemos sido creados para asumir diferentes roles, pero dentro de la actividad social o laboral somos iguales.

ROL FEMENINO

Los valores asociados al rol femenino han sido tradicionalmente los de afecto, compasión, sensibilidad, cuidado… desplegándolos en su círculo más cercano. Su base se fundamenta en la sensibilidad, en el dominio de sí mismas y su capacidad para mostrar afabilidad, una actitud sensible ante los demás. Estos valores entran muchas veces en conflicto con las nuevas funciones y tareas que las mujeres llevan a cabo desde que entraron de pleno derecho en el mundo laboral.

Por otro lado, respetar al otro en su papel dignifica a la persona y refleja los valores éticos que se tienen. Si la familia es la célula de la sociedad, y es ahí donde se aprenden y asumen los principios éticos y morales que luego se desarrollan dentro de la misma, es necesario construirla dentro de unos valores como son la tolerancia, la solidaridad, la  justicia, la firmeza… siendo el paradigma del desarrollo ético. Es también la fraternidad una cualidad que ayuda a eliminar las dificultades que generan agresividad y asperezas en las relaciones.

ROLES DE GÉNERO

En la actualidad, la mujer vive en un mundo especialmente inestable condicionado por la  necesidad de llegar a todo, la inseguridad laboral y los clichés que hoy en día presentan, para ser aceptados por ellas. Gracias al progreso social, al desarrollo de sensibilidades y a la educación se ha avanzado bastante en materia de igualdad, pero no se ha conseguido la conciliación real entre ambos sexos. La existencia de una marea confusa y materialista empuja hacia lo que se denomina como lo políticamente correcto, imponiendo sin debate sano ni discusión unos principios basados en unos roles de género que solo atienden a una parte, creando en muchas personas un conflicto entre sus principios morales naturales y lo que los grupos de presión les demandan. Es una exigencia que ataca la libertad individual de cada persona y a la libertad de conciencia.

Esta desviación contranatural, sin reflexión serena y profunda,  sin un afán conciliador, empuja a la mujer a desviar su atención en el desarrollo de sus verdaderas potencialidades y en ver la forma de adaptarlas a los desafíos de nuestros días. En lugar de eso, la empujan a fijarse en unos valores y características masculinas que no le corresponden. Cuando la mujer es capaz de poner sus propios valores y capacidades naturales al servicio de la sociedad, el mundo cambia a mejor. Ahí es donde todos hemos de poner nuestras fuerzas y el empeño diario, sin distracciones ni desviaciones vanas que lo único que consiguen son enfrentamientos, debates estériles que nos apartan del verdadero camino de progreso común.

Como sabemos, el espíritu no tiene sexo y utiliza el cuerpo de hombre o de mujer en función de las necesidades espirituales que posee, siendo consciente de que tiene que pasar por todas las pruebas y experiencias que los dos roles presentan, el masculino y el femenino, para desarrollar todas las potencialidades posibles. Por lo tanto, venir con la materia de un sexo determinado, en la mayoría de los casos, se trata de un ejercicio de voluntad y libre albedrío, ya que este proceso no depende de un determinismo biológico como muchos pueden pensar, sino de las necesidades espirituales, como hemos dicho.

MACHISMO

De lo cual, podemos deducir fácilmente que el machismo es un sentimiento de superioridad mal entendido ante el sexo femenino; de una actitud equivocada, más propia de pueblos atrasados, faltos de ética, consecuencia del desconocimiento de los motivos que nos traen a reencarnar en la Tierra. Por lo tanto, pobre de aquel que, creyéndose superior, abusa, ofende o desprecia a una mujer, porque volverá a la tierra como mujer obligado por la Ley, pero en ambientes atrasados, donde sufrirá todo aquello que ocasiono a sus semejantes.

No podemos olvidar que somos libres para sembrar, pero la cosecha es obligatoria. La ley de consecuencias se encarga de que cada uno reciba de vuelta todo aquello que ha dado.

Estamos en el siglo XXI y la mujer ha de tener la libertad y la educación, como desde el principio de los tiempos, para traer hijos al mundo si es su deseo, verlos crecer con salud, amarlos y educarlos para el futuro. El progreso tecnológico y laboral no puede eliminar una de las funciones fundamentales de la mujer.

MADRES TRABAJADORAS

Por lo tanto, las mujeres, como madres, siguen siendo las primeras educadoras de la personalidad de los niños, que a su vez serán el día de mañana las personas que asumirán responsabilidades importantes en el tejido productivo y social de los países, bien sea en empresas, gobiernos, etc. Forma parte importante de su naturaleza el formar, desarrollar, impulsar.

No obstante, existen muchas mujeres que, aunque tienen hijos, trabajan fuera de casa por necesidad, lo cual no les exime de la necesidad de sentirse consideradas y valoradas en su ámbito laboral. También buscando el equilibrio entre las obligaciones familiares y laborales, para lo que las autoridades tienen la obligación moral de facilitarles la conciliación de ambas actividades esenciales para el ser humano. En el caso de las mujeres cuya posición profesional sea de cierta desventaja respecto a los hombres, o en el de aquellas otras sin hijos, deben saber priorizar aquello que sea mejor para ellas mismas y para sus familias, y esto se consigue procediendo a una conciliación familiar plena.

Por todo ello, la mujer, por las cualidades de que está dotada, puede ser capaz de superar todos los obstáculos que se le presenten en la vida. Se desarrolla mejor trabajando en equipo, haciendo partícipe a todos, sin rivalidades de sexo, con la capacidad de trabajar en una sintonía conjunta y colaborando en lo que cada uno puede aportar en función de sus cualidades innatas de género, que son totalmente diferentes pero complementarias como dos manos que se entrelazan; tanto por su habilidad de llegar a consensos, de cooperar, de mirar la realidad en su conjunto.

Por la mayor sensibilidad que ha podido suscitar el hecho de ser madre, la mujer puede tener un papel singular en el establecimiento de la paz, la armonía, la tranquilidad, siendo estos valores cualidades que pueden ser desarrollados por todos, para poder devolver al mundo un poco de equilibrio vital.

LA MUJER EN LA HISTORIA

La historia nos ha dado infinidad de ejemplos de mujeres que, integradas en el mundo social y laboral, aportaron concordia y avances a pesar de los obstáculos que le puso la sociedad marcada por los hombres; entre ellas están: de Juana de Arco (1412-1431) a Isabel de Portugal (1503-1539); de la Madre Teresa (1910-1997) a Zahra Abdelnaieem; desde la premio Nobel Marie Curie (1867-1934) a Rosalind Franklin (1920–1958); de Rigoberta Menchú (Premio Nobel de la Paz en 1992 y Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional en 1998) a Malala Yousafzai (premio nobel de la Paz 2014); y un largo etcétera.

FEMINISMO

La sociedad en que vivimos enfrenta muchos desafíos. Por ello, la incorporación íntegra de la mujer a la vida social, política y económica significa estar en igualdad de condiciones con el hombre para trabajar en colaboración, en pos de un mundo mejor para todos. Por lo tanto, los planteamientos que enfrentan y están relacionados con los movimientos de emancipación de las mujeres o con posturas extremas del empoderamiento femenino no deben tener cabida. El movimiento feminista en su aspecto más extremo infravalora el verdadero papel de la mujer y tiende a rechazarlo lejos de su camino natural. Estamos en una sociedad donde más de la mitad de la humanidad son mujeres, por lo cual, trabajar en un ambiente de igualdad entre todos significaría una sociedad unida, justa y próspera.

La mujer dentro de la sociedad por: Gloria Quel

© 2020 Amor, Paz y Caridad.

 

 “Una mujer con imaginación es una mujer que no solo sabe proyectar la vida de una familia y la de una sociedad, sino también el futuro de un milenio” (Rigoberta Menchú).

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