Trabajo Interior

TOLERANCIA

A lo largo de la historia el concepto de tolerancia ha estado presente.

Aristóteles (siglo IV a C.) ya la proponía, pero no usa el término tolerancia sino prudencia y lo hace en el tratado de la Justicia, definiéndola como: Grado de aceptación frente a un elemento contrario a una regla moral.

Luego con S. Agustín (siglo IV d C.), la propone como tratado filosófico de cómo la tolerancia sirve  para detectar el mal y discernir si ese mal se puede aguantar pacientemente o por el contrario hay que rechazarlo.

Decía San Agustín: “No es tolerante quien lo permite todo sino quien, defendiendo una postura verdadera, respeta a otra que mantiene una opinión diferente o equivocada”.

En el siglo XVI, Martín Lutero propone la tolerancia  para convivir católicos y protestantes, y sobre todo, las distintas corrientes del protestantismo con sus disputas teologales…

John Locke, en el siglo XVII, en su ensayo y carta sobre la tolerancia. Habla sobre permitir toda clase de pensamientos religiosos, siempre que no perjudicaran los intereses de la sociedad y del estado.

Pero si yo tuviera que elegir el que mejor explicó la tolerancia y para qué sirve, me quedo con el Maestro Jesús, que en un lenguaje sencillo y por medio de parábolas explicaba las virtudes morales que las personas debemos de desarrollar por medio del trabajo interior para ir perfeccionándonos.

La parábola que utilizó fue la del trigo y la cizaña, explicando que es mejor esperar a que, el bien y el mal, crezcan juntos: “No la arranquen, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también el trigo; dejad que ambos crezcan hasta la siega”. (Marcos.13, 24-30). Dando una lección de tolerancia y explicando que a veces aunque veamos que existe un perjuicio hay que esperar, dejando pasar un tiempo, porque atajarlo precipitadamente puede causar un peor daño.

La exigencia de Jesús en la práctica de la tolerancia va más allá de la paciencia y nos dice: “Amad a vuestros enemigos”. (Lucas. 6,27-30)

Tolerar deriva del verbo en latín “tolerare” que significa soportar, sufrir y sostener. Podríamos relacionarla también con permitir y aceptar

La tolerancia hace del ser humano respetuoso con todas las convicciones y no censura a los que no piensan como él. Transige con el contrario a su moral o diferente a  sus valores.  Respeta las opiniones o forma de actuar de los demás. Reconoce el derecho que tiene el ser humano de pensar, actuar y vivir en la forma que tiene de entender el mundo.

La tolerancia es una virtud que necesitamos para poder actuar en medio de los conflictos de la vida. Desarrolla en la persona la capacidad de habituarse a los problemas de la vida diaria, en el ámbito familiar y en la sociedad en general. Es practicar la caridad, el respeto, la serenidad y la paciencia.

El ser humano es sociable por naturaleza, para desarrollarse necesita de una interrelación con las personas que le rodean. El bagaje con el que nacemos de defectos y virtudes ayuda a que la presente encarnación quede marcados por ellos. Esto indica que en esta sociedad, no todos estamos en un mismo nivel evolutivo, sino que cada uno de nosotros estamos a un nivel moral y espiritual diferente. Por tanto cada cual, tiene su manera de pensar diferente e individual, acorde a su evolución espiritual.

En la sociedad actual la tolerancia pierde su importancia como valor moral, porque cada vez nos hacemos más individualistas, más egoístas. Donde los hombres ven en sus creencias verdades absolutas, creando conflictos cuando alguien les lleva la contraria, llevando su rechazo hasta a todo lo que rodea al oponente. Porque sólo se piensa en uno mismo y no interesa lo que piensen los demás.

Ese mismo egoísmo lleva a muchas personas al permisivismo o relajación moral, o sea, al todo vale mientras a mí no me afecte. La falta de valores que hoy existe en la sociedad permite que casi todo pueda hacerse, haciendo la vista gorda con tal de alcanzar unos objetivos materiales, o en satisfacer los propios deseos y caprichos sin respetar a los otros. Porque no se reconoce la dignidad personal, se saltan los principios de igualdad de oportunidades y una base de comportamiento justa que no discrimine a nadie.

La tolerancia suele resultar más sencilla con nuestros hijos y las personas más allegadas a nosotros. El amor y el cariño que sentimos por ellos facilita las relaciones y nos ayuda a ser más benévolos con ellos, aunque en muchos casos, los sentimentalismos inclinen la balanza en exceso, perjudicando en lugar de beneficiar a los seres queridos.

Que los hijos vean en sus padres el ejemplo (que no hay mejor lección) del respeto, comprensión y paciencia hacia ellos y todas las situaciones que se les pueden presentar tanto a nivel familiar o social, les ayudará en el futuro para su desarrollo personal. Ser padres tolerantes no significa dejar de ser firmes en los temas fundamentales de educación, sin embargo la necesidad de expresarlas con serenidad y entereza. Los padres tenemos una responsabilidad adquirida  y no debemos renunciar ni delegar de ella.

Ser indulgentes, aceptar que todos tenemos debilidades y defectos. De la misma manera que nos soportan los nuestros, también nosotros tendremos que transigir con los demás. Convivir con personas que no tienen los mismos valores o pensamientos nos ayuda a reflexionar sobre nosotros mismos; nos obliga a mejorar y ampliar nuestro campo de visión ante situaciones que nos pueden sobrepasar, de cómo podemos controlar las diferentes reacciones que nos provoca por ejemplo: el enfado, la ira, la falta de respeto, la impaciencia, etc. El rechazar el resentimiento que nos puedan provocar las agresiones verbales y evitar discutir sin provecho.

A través del análisis sincero que hacemos diariamente es donde podemos descubrir esos pequeños tropiezos que tenemos que evitar hasta llegar a eliminarlos.

El aprender a ser tolerantes nos ayuda a desarrollar otras virtudes como puede ser: la prudencia, la paciencia, la templanza, la flexibilidad…Eso no significa que tengamos  que dejar que nos impongan formas de vida ajenas a las nuestras, ni que seamos permisivos con todo lo que nos rodea, porque para discernir lo bueno de lo malo tenemos que tener claros nuestros fundamentos morales de vida y como queremos llevarlos a la práctica. El ser tolerante es un desafío cotidiano que nos compromete diariamente en nuestra vida personal y social.

                                                                                                   Gloria Quel

©2015, Amor,paz y caridad

“La tolerancia es el mayor don de la mente; requiere el mismo esfuerzo del cerebro que se necesita para equilibrarse en una bicicleta” (Helen Keller – 1880-1968; Escritora, oradora y activista política sordociega estadounidense.)

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