MODALIDADES DE FAMILIA

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Modalidades de familia
Continuación del artículo La familia

Algunas de las modalidades de familia más extendidas, que no todas, son las siguientes:

  • Familia nuclear: aquella formada por ambos progenitores y uno, o más hijos.
  • Familia extensa: compuesta por abuelos, tíos, primos y otros ascendientes consanguíneos o afines.
  • Familia monoparental: aquella en la que el hijo o hijos cuentan con un solo progenitor (ya sea madre o padre).
  • Familia homo-parental: aquella donde una pareja de hombres o de mujeres se convierten en progenitores de uno o más hijos.
  • Familia de padres separados: aquella en la que un hijo o hijos conviven con un solo progenitor o alternan la convivencia entre ambos; dónde los progenitores ya no forman pareja, no conviven y disponen de un régimen de custodia sobre los descendientes.
  • Familia ensamblada, reconstituida o mixta: aquella en la cual uno o ambos miembros de la pareja tiene uno o varios hijos de parejas anteriores.
  • Familia de acogida: aquella en la que los menores no son descendientes de los propios adultos, pero que han sido acogidos legalmente por estos de forma urgente, temporal o permanentemente, mientras permanecen tutelados por la administración.
  • Familia sin hijos por elección: aquella en la que los componentes de la familia toman la decisión de no tener descendientes.

Como podemos observar son numerosas las modalidades de familia o agrupación familiar. No obstante, no siempre ha sucedido así. En el pasado estas posibilidades resultaban impensables. La sociedad va aceptando paulatinamente los nuevos roles. Poco importa los férreos controles de las diferentes religiones, las creencias e imposiciones sociales, los grupos de poder y las rancias costumbres; la sociedad avanza y se adapta a las nuevas ideas que la transforman.

Aunque repetiremos que esta continua transformación social necesita un criterio imparcial que analice las nuevas tendencias y libertades en el tamiz del sentido común, de la lógica y la inteligencia. Y ese filtro no es otro que la ley natural, la ley de evolución; la ley que dirige la transformación de todo el universo.

Toda esa variedad de agrupaciones familiares ha venido a dar un empellón a la sociedad; permite que aquel tipo de personas que hace décadas carecían de posibilidades para establecer un núcleo familiar, pueda hacerlo ahora, viendo favorecidas y enriquecidas sus vidas. Así han aparecido nuevas oportunidades para los espíritus desencarnados necesitados de evolución en un cuerpo físico. Necesidades que en otras circunstancias difícilmente habrían conseguido superar. Con lo cual el mérito está ahí palpable y hay que aplaudirlo.

Resulta lógico y natural que determinadas personas o sociedad rechacen estos cambios. Lo motiva su formación, sus ideas, sus imposiciones sociales y su mayor o menor aperturismo. No nos sorprendamos pues que se resistan a cambios sociales de semejante calado. Mientras unos individuos observan los cambios con complacencia y los ven adecuados a la evolución social, otros, por el contrario y a causa de su mentalidad condicionada, encasillada, exponen un fuerte rechazo. La ley de evolución, no obstante, en su constante transformismo de formas e ideas seguirá canalizando al ser humano hacia nuevas metas.

Cada persona dispone de libre albedrío, del derecho y libertad de evolucionar a su propio modo. No deberían, por tanto, imponerse como leyes aquellas normas socialmente consideradas correctas en detrimento de otras menos aperturistas.

Si bien estos cambios sociales han venido generando importantes beneficios hacia colectivos necesitados, también han venido generando, en paralelo, una minusvaloración del núcleo familiar, de la familia tradicional. Si nos parásemos por un momento a analizar las últimas estadísticas sociales, observaríamos que en este país (concretamente en el año 2018), nacieron 120.000 niños menos que en el año 2008. ¿Resulta, o no, alarmante esta estadística? Resulta evidente la existencia de un rechazo general a la hora de constituir un núcleo familiar. Este rechazo va in crescendo y se escuda en numerosos pretextos.

Bien es cierto que las nuevas generaciones no desean construir familias, ni establecer un grupo conyugal; que no desean cargar con la responsabilidad que representan los hijos, las ligazones y los compromisos. Las nuevas generaciones han visto la dura tarea que ha representado para sus padres llevar adelante el proyecto familiar. No desean cargar con tamañas responsabilidades y obligaciones. ¿Por qué? Porque resulta más sencillo ir cada uno su aire, hacer lo que apetezca en cada momento y vivir en libertad y sin ataduras. Esta es la triste realidad que observamos a nuestro alrededor; podemos ver como se impone el más burdo materialismo.

Quien esto redacta, proviene de un núcleo familiar de siete hijos, donde solo trabajaba el padre y donde únicamente llegaba un sólo sueldo. Personalmente afirmo que jamás escuché de boca de mis padres la palabra crisis, ni tan siquiera una queja ante la carga que suponía cuidar de sus siete hijos. Actualmente y, por lo general, trabajan los dos miembros de la pareja, buscando conseguir para sus hijos todo aquello que, o bien no tuvieron, o bien no pudieron conseguir. Lamentablemente, vienen olvidando algo esencial: el cariño y la cercanía de padres. Esta función queda delegada en guarderías y colegios mientras esos padres se dedican a conseguir mayores cotas de comodidad y bienes. Esto debería llamar al análisis, porque cuando estas necesidades se vuelven perentorias, ¿cuáles son, realmente, los valores más útiles para los hijos?

Cuando hechos o transiciones como estos se ponen de moda llega un momento en el que todo vale, ya todo está bien visto, se pasa de un extremo a otro sin analizar y sin pararse a pensar en la corriente que se está generando. La falta del sentido ético, de responsabilidad, de compromiso y de cultura espiritual merman la fuerza de voluntad y anulan el sentido crítico y el poder comprender la auténtica naturaleza de los cambios que se producen en nuestra sociedad.

Es algo que no deja de preocuparme, pues mientras la sociedad aplaude esa brecha social que posibilita la creación de diferentes núcleos familiares, que en realidad son una conquista social,  también se está produciendo una reacción contraria a la familia tradicional; una reacción que amenaza destruir esa estructura social que es la familia tradicional, ahora llamada familia nuclear. Sin duda están apareciendo una serie de prejuicios, por comodidad, porque haber perdido el norte espiritual, diferentes razones o pretextos que cada cual debe considerar por sí mismo.

“Escuchemos la voz que proviene del plano espiritual y de las corrientes más vanguardistas de la psicología moderna sobre la considerada como la columna vertebral de la sociedad, la sociedad conyugal, el núcleo familiar.”

A nadie debe negársele el derecho a tomar decisiones e iniciativas. Ahora bien, sí exigirle ser consecuente con ellas y saber que está generando consecuencias inevitables para sus futuras existencias. La libertad de elección es un derecho natural y debe ser respetada. Ahora bien, el ejercicio de esa libertad conlleva asumir las responsabilidades que le son inherentes, pues ambas son inseparables. Nunca olvidemos el binomio “libertad versus responsabilidad” que rige el destino de todo ser humano.

Modalidades de familia por: Fermín Hernández

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