EL TERCER MILENIO

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El tercer milenio

Con el título: El tercer milenio he leído un librito precioso; y digo librito porque apenas si tiene ochenta páginas, exactamente setenta y ocho. Su contenido son mensajes de amor y esperanza, pero también de advertencias acerca de lo que se avecina: un mensaje decisivo para el creyente y para el no creyente.

La luz de Cristo se hizo visible cuando se encarnó entre nosotros, aunque no todos supieron, o quisieron verla, y no ha dejado de brillar a lo largo de los más de veinte siglos. Él vino en un acto de Amor hacia los hombres, sus hermanos, pues ya lo dijo: Todos somos hijos del mismo Dios.

Como nos dice un mensaje, estamos inmersos en el tercer milenio, el decisivo; el milenio del cambio; no el de la destrucción de nuestro planeta, como muchos creen, sino el cambio del pensamiento; el cambio de esta civilización marcada por la sinrazón humana, hundida en los abismos de la incomprensión, la intolerancia y el desamor; donde ha imperado y aún impera la fuerza y no la razón. Una humanidad aferrada al materialismo, preocupada solo por el presente y pensando en un futuro erróneo, porque el verdadero futuro no tiene nada que ver con el futuro material.

En este tercer milenio, la humanidad tiene ya marcado un destino irreversible. El planeta está abocado a un cambio total; a lo largo de todo este milenio, las generaciones venideras vivirán y sufrirán esos cambios ineludibles, en todos los órdenes, sobre todo en el orden moral; ir recuperando muchos valores perdidos u olvidados; y lo más importante, erradicar todas las malas tendencias, los sentimientos de incomprensión, intolerancia; la mala conciencia, donde se esconden el odio, el rencor, los deseos de venganza que dan lugar a los enfrentamientos absolutamente cruentos que se han sufrido a lo largo de la historia. La humanidad corre alocada hacia su destrucción, pero no puede desaparecer, y este cambio ya iniciado la salvará de sí misma.

¿Cuántos años de este milenio serán necesarios para llevar a cabo la transición planetaria? Nadie lo sabe, pero algo es seguro: al final del milenio, la Tierra ya no será la misma, y esa luz de Jesús, que no ha dejado de brillar, aunque no hayamos querido verla, será el faro guía para la nueva humanidad.

Es seguro que la mayoría me dirá que es muy largo el plazo, y que ninguno de nosotros lo verá: cierto, pero nosotros y las generaciones pasadas somos las causantes del actual estado moral del planeta, y deberemos desaparecer para dar paso a una sociedad más justa donde impere el amor entre los hombres. Tal es el destino del Planeta Tierra.

Creo en la reencarnación, y quién sabe: la misericordia de Dios es infinita, y tal vez me sea concedido el regresar, con otro cuerpo, a la nueva Tierra redimida.

El tercer milenio por: María Luisa Escrich

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