Psicografías

MISIÓN Y REDENCIÓN

REFLEXIONES DESDE EL OTRO LADO (*)

Así pues, mientras trabajaba, me dedicaba y me entregaba con denuedo a la nueva perspectiva que se abría en mi vida de ser útil, de servir a mis semejantes, mi conciencia se iba expandiendo, mi comprensión de la realidad se ampliaba; y lo más sorprendente era que mi dicha iba en aumento a medida que el trabajo bien hecho se concretaba.

Poco a poco, sin apenas proponérmelo de forma consciente, fui comprendiendo que aquello que daba sentido a mi vida estaba comenzando a experimentarlo. El propósito de mi vida, mi misión o mi compromiso, como queramos llamarlo, iba tomando forma delante de mí mismo.

El sentido de mi estancia en la tierra aparecía ahora más claro que nunca; y los pequeños actos de renuncia, sacrificio, dedicación y trabajo en esta maravillosa filosofía de vida que es la doctrina espírita, tomaban auténtico significado para mi alma.

Este significado que se traducía en dicha, en felicidad interior por el deber cumplido paso a paso, no era en absoluto permanente, pues mi condición moral imperfecta, como la de la mayoría de los hombres, no nos permite un estado de felicidad plena continuado. Las taras morales, alternan los momentos de dicha con otros de decepción, al comprobar cómo nuestras miserias morales nos devuelven a la realidad de lo que somos realmente.

Pero ahora existía una gran diferencia respecto a mi condición anterior; pues aunque cada día era más consciente de mis propias debilidades, ahora sabía cuáles eran, y mi propósito y mi voluntad se encontraban en la lucha por superarlas; lo que me fortalecía enormemente a cada paso que daba en este sentido. En la etapa anterior de mi vida podría ser consciente de mis imperfecciones pero nunca hacía nada por superarlas, convivía y me refugiaba en ellas.

Esto había cambiado rotundamente; ahora entendía, comprendía y me alejaba lo más posible de las malas inclinaciones del carácter; sabía de ellas, las conocía mejor día a día, y mi empeño estaba siempre vigilante en superarlas y evitar que dañaran a mi prójimo.

El cambio se estaba operando; y a la vez que descubría mi misión y mi trabajo exterior, estaba encontrando el camino de mi redención moral, al conocerme interiormente mejor y trabajar sobre mí mismo. Recordaba entonces las sabias frases de Kardec respecto al código penal de la vida futura; en el que con la sabiduría acostumbrada, inspirada por el mundo espiritual superior, nos recordaba que la felicidad del espíritu es directamente proporcional al grado de perfeccionamiento del mismo. La imperfección moral es así mismo la fuente del dolor, del sufrimiento y de la infelicidad en el mundo del espíritu y en la materia con cuerpo físico.

Interiorizando, aprehendiendo y comprendiendo la importancia de esta máxima inicié mi redención moral, a fin de rescatar deudas del pasado, repararlas y encontrar, en el servicio desinteresado hacia mi prójimo, el bálsamo que me permitiera crecer espiritualmente, elevarme por encima de mis propias miserias y alcanzar un estado medianamente equilibrado entre mi espíritu inmortal y mi personalidad física.

Buscaba sin saberlo la auto iluminación; porque esta conduce a la felicidad, el equilibrio y la verdad. Pero iba comprendiendo al mismo tiempo que, esta auto realización no podía alcanzarse únicamente con recogimiento interior, con posturas de aislamiento, soledad o introspección. La auténtica iluminación interior se alcanza sublimando nuestros esfuerzos al servicio de una causa noble, en favor de los demás.

La entrega al prójimo desinteresada y permanente permite el olvido del ego; pues, cuando nuestra voluntad y pensamiento vive por y para los demás, la fuerza del egoísmo personal y del amor propio disminuye exponencialmente.

Esto pude comprobarlo cuando, sin pensar en las consecuencias o penurias materiales que podría experimentar, coloqué por delante de mis prioridades personales el trabajo que realizaba; dando conferencias, seminarios, traduciendo, escribiendo, trabajando en las instituciones en las que colaboraba, comprometiendo mi tiempo, mi salud y mi economía sin apenas importarme cuando, carente de los recursos necesarios, me embarcaba en viajes para divulgar la doctrina a lo largo de la geografía de mi país y por todo el mundo.

En este camino iniciado, tuve la grata satisfacción de comprobar como era auxiliado por espíritus amigos que poco a poco se fueron haciendo patentes en mi vida a medida que crecía espiritualmente. Tanto es así que, de una incipiente mediumnidad, mis facultades fueron ampliándose notablemente hasta el punto de encontrar en la asistencia de estos amigos y hermanos del espacio el consuelo y el auxilio necesario cuando las circunstancias se volvían hostiles a fin de cumplir los retos, servicios y deberes que tenía que afrontar.

Fui pues agraciado con la percepción del mundo espiritual de varias formas; se presentaron ante mi manifestaciones que fortalecían mi fe, mi carácter y mi determinación en todo lo que estaba realizando, reafirmando así que estaba en el camino cierto de mi misión en la tierra y de mi redención moral.

Ver a los espíritus, poder comunicarte con ellos, recibir sus mensajes de orientación y consuelo y utilizar estas bendiciones para ayudar a mi prójimo; era algo extraordinario en un principio, que fue convirtiéndose en algo normal que me acompañó hasta el final de mis días.

Pero estas evidencias con las que era bendecido, y por las que agradecía todas las noches a Dios; me han vuelto a confirmar algo que ya manifesté anteriormente: el hecho de que sólo el mérito, el esfuerzo por mejorar, por superar nuestras debilidades y miserias morales, alcanza para elevar nuestra frecuencia vibratoria y ser más receptivos, estar en sintonía con los planos superiores del bien y del amor.

Salvo casos excepcionales, el equilibrio de la mediumnidad se alcanza con el tiempo, cuando se comprende su auténtico sentido como una oportunidad de progreso para rescatar deudas con la práctica del bien; sin mercantilismo alguno y poniendo al servicio del prójimo los beneficios y aspectos caritativos de la facultad.

La ayuda que el ejercicio responsable de la mediumnidad me concedió, fue otro de los apoyos que contribuyó al cumplimiento de mi trabajo en la tierra. Un trabajo que, ya adelanto, no fue completado en su totalidad, pero sí en gran parte, y que ha representado para mí el gran tesoro con el que pude retornar a esta patria espiritual en la que me encuentro, con gran satisfacción por el deber cumplido.

Así pues, el trabajo, la reforma interior, el servicio desinteresado hacia el prójimo, la iluminación interior y la práctica responsable de la mediumnidad fueron, en mi caso, las herramientas de las que se sirvió mi espíritu inmortal para el cumplimiento de mi misión en la tierra y alcanzar la redención moral que precisaba.

Benet de Canfield
Misión y redención por: Psicografiado por Antonio Lledó

©2017, Amor, paz y caridad

[*] Serie de psicografías mensuales; en la que un espíritu amigo, desencarnado hace pocos años, comenta experiencias de vida de su última existencia; así como las reflexiones sobre las mismas una vez llegado al mundo espiritual. Para preservar el anonimato de su identidad, tal y como él mismo nos ha solicitado, usaremos el nombre que tuvo en una existencia anterior, hace ya varios siglos.

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