Enfocando la actualidad

MENTE Y PANSIQUISMO

Ya hemos explicado con anterioridad -en sucesivos artículos de esta revista- que tanto la mente, la conciencia como el cerebro, son instrumentos del alma. Esta última es la parte trascendente del ser humano y que últimamente es objeto de estudio en diferentes disciplinas científicas -psicología, neurología, psiquiatría, bioquímica, etc..- o filosóficas -teología, religión,espiritualidad-.

A este respecto, los neurobiólogos, en su afán de encontrar una solución al problema del origen de la conciencia, identifican a esta última como un producto de la mente. Es más, interpretan que la mente a su vez es producto de procesos biológicos únicamente que tienen que ver con el desarrollo evolutivo del cerebro.

Explicamos con anterioridad lo erróneo de esta premisa; pues la inteligencia nunca puede surgir por azar, ni por la aleatoria sucesión de átomos de materia gris que -sin propósito ni dirección alguna- se combinan por causalidad para dar como resultado lo más excelso del ser humano: su capacidad consciente, cognitiva, emocional y trascendente.

 No vamos a abundar en este concepto suficientemente explicado con anterioridad; pero sí vamos a incidir en que en el mismo origen de la mente se encuentra su capacidad. Nuestra mente no es más que un instrumento del que se vale nuestro ser consciente, nuestro espíritu inmortal, que se manifiesta a través del pensamiento y es traducido por el cerebro para su comprensión y manifestación en el plano físico.

Pero el origen de nuestra mente va ligado al de nuestro ser; si el espíritu es creado por Dios a su imagen y semejanza en cuanto a sus atributos superiores, lo mismo ocurre con la mente. Nuestra mente procede de una mente superior y es uno de esos atributos superiores con los que el creador dota al espíritu para que vaya desarrollándolo en las experiencias de su trayecto evolutivo, en la tierra reencarnados o en el espacio en estado espiritual.

Es mucho más fácil comprender que el origen de la mente -todavía incipiente que poseemos- procede de una mente superior, que entender que aparece por generación espontánea, debido al azar o la casualidad, como defienden los naturalistas que niegan el origen teísta del hombre.

Sea como fuere, hasta los propios naturalistas reconocen un proceso evolutivo de la mente con el transcurso de la evolución humana. Incluso, cuando se les propone que expliquen cómo es posible entonces la aparición de la conciencia y los estados mentales complejos, como no saben cómo hacerlo, están recurriendo al peregrino argumento de que en un principio evolutivo, la mente primitiva del hombre surge porque en la materia atómica ya existían proto-estados mentales que dieron origen a la mente humana posterior.

Es de tal inconsistencia el argumento, que lo utilizan antes que reconocer que una mente superior pueda ser el origen de la mente humana. Y no se dan cuenta de que al hacerlo, no sólo yerran, sino que caen en la trampa que ellos mismos denuncian para no reconocer a Dios. Con ese argumento no hacen ciencia, hacen metafísica.

Y no sólo eso; atribuir a la materia ciega, sin propósito alguno, estados proto-mentales que sólo podrían derivar de una mente inteligente, es darle a la materia unas características que no posee -la capacidad de originar pensamientos-. Algunos filósofos e investigadores ya han definido y calificado esta propuesta de los naturalistas que niegan a Dios -como mente e inteligencia suprema- con el término Pansiquismo. Y denuncian lo arbitrario e inconsistente de su evidencia científica.

Es un intento desesperado para conseguir una explicación del origen de la mente por parte de los científicos que niegan que la mente humana procede de Dios; y en esa huída hacia delante caen en el mismo error que ellos achacan a los científicos que reconocen en la mente del hombre un origen superior, a los que tachan de acientíficos por colocar una causa superior en el origen de la vida, de la mente y la conciencia.

Este debate, instalado en las cátedras de neurobiología, psicología, antropología y otras, no es más que el comienzo. En la misma medida en que la ciencia se abra paso en la comprensión de la entidad trascendente del ser humano -el espíritu o alma inmortal- todo quedará explicado con nitidez y claridad. Sin embargo, el tiempo es el gran dictador de la verdad inexorable.

Y, curiosamente, el transcurrir del tiempo, el avance de la ciencia y el enorme avance de la tecnología, lejos de ofrecer coherentes explicaciones materialistas sobre el origen de la mente, nos deriva a confirmaciones y evidencias de que una Causa Inteligente es el origen del Universo, de la Vida y del Hombre.

Una causa a la que pobremente llamamos Dios; pero que se manifiesta como una Mente Superior en todos los ámbitos de la realidad conocida; el Universo físico y el Universo espiritual.

Adelante; esta Inteligencia Suprema, no tiene prisa, el tiempo y el espacio -dimensiones relativas- que el mismo ha creado, son los testigos inexorables de su proyecto, de su propósito en la creación del hombre y de la vida.

Este es un Universo con propósito, con significado; por ello, el hombre, cómo una creación superior de la Conciencia Divina, también tiene su sentido y su propósito, algo que alcanza con el transcurso evolutivo de los milenios; en los que desarrollará sus atributos intrínsecos, de los que uno de los más importantes es la Mente Humana.

Mente y pansiquismo por:   Antonio Lledó Flor

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