Psicografías

MEDIUM PROBADO

REFLEXIONES DESDE EL OTRO LADO(*)

Durante mi estancia en la tierra, y cuando ya llevaba algunos años ejerciendo la facultad de la mediumnidad que afloró en mí a su debido tiempo, solía recordarme a mí mismo que el conocimiento no lo es todo, y a pesar de que me consideraba un “medium probado” por las circunstancias y efectos que a través de mí realizaban los espíritus, siempre albergaba una sensación de inconsistencia, de falta de seguridad, de confirmación.

Este era el motivo de repetirme constantemente que las pruebas que otros y yo mismo habíamos  recibido a través de mi mediumnidad, eran extraordinarias bondades de la facultad además de una auténtica bendición para el progreso de mi espíritu.

Cuando hablo de inconsistencia o falta se seguridad no estoy hablando de duda. La duda en la mediumnidad era y es perniciosa para su desarrollo, y así lo entendí aún con cuerpo físico. Pero lo cierto es que a pesar de múltiples pruebas y de reiterados beneficios de esta facultad, realizados por los espíritus a mi prójimo a través mío, incluso sobre causas y circunstancias que yo desconocía y que servían de consuelo y auxilio para sus necesidades espirituales -a pesar de todo ello como digo-, siempre la confirmación y los resultados positivos de las manifestaciones espirituales son hechos impagables para un médium.

Esta confirmación se presentaba con frecuencia a través de otros; y casi siempre de forma inesperada. Personas que llegaban a mí con la necesidad de consuelo por familiares queridos que habían partido al plano espiritual, y que me demandaban información sobre los mismos, a veces, no siempre, veían satisfechas y calmadas sus angustias con informaciones de los espíritus del familiar en cuestión.

Esta información era proporcionada muy escasas veces por el espíritu mismo, sino por otros espíritus familiares que, conocidos por el demandante de consuelo, informaban de las situaciones y condiciones espirituales del sujeto por el que preguntaban. Yo mismo quedaba sorprendido por las coincidencias, confirmaciones y pruebas que se vertían a través mío sin ser apenas más que un instrumento en esta actividad mediúmnica limitado a transmitir el pensamiento del espíritu comunicante, unas veces mediante la psicografía y otra por la mediumnidad de incorporación.

Con el ejercicio comprometido y serio de la mediumnidad, me visualicé a mi mismo ayudando a otros en su desesperación, en su oscuridad, en el ofrecimiento de consuelo y esperanza. A todos ellos les indicaba que yo apenas servía de instrumento y que la vida continuaba más allá del túmulo; haciéndoles partícipes de la buena nueva de la inmortalidad del alma y de la esperanza del posible reencuentro con el ser querido que había partido.

Todo siempre con el fin de que olvidaran el concepto de “perdida” de un ser querido; y lo sustituyeran por el de “separación temporal” del mismo. Nadie se pierde, nada se pierde, pues la vida es una y única, y en lo tocante al espíritu humano la vida continúa plena, hermosa, y extraordinaria en el plano espiritual.

Con todo y con ello, cuanto más practicaba la mediumnidad, dos circunstancias me condicionaban cada vez más. Por un lado; el conocimiento que la filosofía kardeciana ofrece sobre la mediumnidad me aportaba la seguridad y el camino cierto a seguir; pero era un camino de dificultad, de exigencia moral, de vigilancia permanente sobre mis imperfecciones. Pues para ser un buen médium, lo más importante no es ejercer la facultad sino hacerlo correctamente, y para ello hay que elevar el nivel de nuestro espíritu con la reforma moral y la constante atención a nuestras imperfecciones.

Por otro, conforme la facultad ampliaba su territorio, y la claridad y manifestación de los espíritus era más notoria; me daba cuenta de la pequeñez, de la insignificancia que los espíritus encarnados tenemos respecto a la sabiduría y el amor que nos ofrecen los espíritus elevados, los espíritus de los planos superiores que exceden con mucho los atributos de humildad, sencillez, caridad y sabiduría a los que nosotros podamos aspirar.

Esta enormidad; esta infinitud de manifestaciones de amor, de consuelo, de auxilio sin límite, de humildad sin límite, de caridad sin límite, de paciencia sin límite que a veces expresaban a través de mi materia, causaba en mí la preocupación de poder estar a la altura, como instrumento, de tales portavoces. Y ello fomentaba en mi interior la necesidad de disciplinarme en mejorar mis debilidades de carácter.

Así fui entendiendo y practicando la mediumnidad en mi etapa terrena; y además, en las primeras fases de mi desarrollo, donde los errores aparecen y la maquinaria no está todavía engrasada, tuve la gran ayuda de mi guía espiritual que, con la debida delicadeza, me señalaba las faltas cometidas, me indicaba la prudencia y la discreción como pauta a seguir, animándome siempre a continuar sin dudar ni un ápice de mi facultad.

Sin los conocimientos de la doctrina espiritista nunca podría yo haberme aventurado en tal empresa. Comprendí entonces que necesitaba ejercer este testimonio de la inmortalidad del alma para ayudar a los demás, y al mismo tiempo que me servía de progreso; comencé dando gracias a Dios por la misericordia que había tenido para conmigo, al proporcionarme la herramienta que necesitaba para saldar deudas de mi pasado y alcanzar un mayor grado de perfeccionamiento moral que el ejercicio responsable de la mediumnidad lleva consigo.

Ahora, desde aquí, redoblo mi gratitud al creador, pues gracias a la magnífica  facultad que tuve la ocasión de desenvolver, muchas piedras en mi camino de progreso fueron apartadas, conquistando a través de la renuncia y el auxilio a los demás, bondades impensadas para mi espíritu tiempo atrás.

Benet de Canfield

Medium probado por   Psicografiado por Antonio Lledó

©2017, Amor, Paz y Caridad

[*] Serie de psicografías mensuales; en las que un espíritu amigo, desencarnado hace pocos años, comenta experiencias de vida de su última existencia; así como las reflexiones sobre las mismas una vez llegado al mundo espiritual. Para preservar el anonimato de su identidad, tal y como él mismo nos ha solicitado, usamos el nombre que tuvo en una existencia anterior, hace ya varios siglos.

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