PRIMERA EXPERIENCIA 2

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Primera experiencia 2

El día en que, reunidos como era habitual, la hermana comunicante se identificó como Chatita, fue de una grandísima emoción para mí, pues como ya dije, omití hablar del tema por temor a que se me considerase fantasiosa, y así nunca hablé con nadie de Chatita; solo mi madre tenía conocimientos de ella. En aquellos tiempos en que era imposible hablar de nada que no estuviera fijado por la ortodoxia más estricta, la posibilidad de que alguien pudiera tener otro concepto de las cosas y poder manifestarlo abiertamente, y al mismo tiempo escuchar y comprender, era punto menos que imposible, y sobre todo tratándose de una niña. No obstante, siempre albergué la esperanza de que, en algún momento, se revelaría mi verdad.

Cuando el espíritu de Chatita se manifestó, lo hizo tal y como cuando a mí se me permitió vivir aquella experiencia durante mi enfermedad, y en esta ocasión para confirmarlo, pues según me confesó mamá, ella sí había comentado el caso con los compañeros de nuestras reuniones, y quién sabe si en ellos se había suscitado alguna duda.

Es maravilloso ir adquiriendo nuevos conocimientos del mundo espiritual, pero recibirlos directamente de los hermanos desencarnados es para no olvidarlo nunca.

Por unos segundos fue Chatita, la niña; pero pasados esos segundos su acento cambió totalmente; su voz adquirió el tono de un ser adulto. Su mensaje fue claro:

Hermanos míos, sin duda os sorprenderá este cambio; sin embargo, no hay nada raro, y tampoco debéis suponer que hay mistificación. Nosotros, los espíritus desencarnados, adoptamos la apariencia o la voz según las circunstancias, y nuestro trabajo, libremente aceptado, consiste en actuar de la manera más apropiada a cada caso. Cuando se trata de niños, nos hacemos como ellos para conducirles durante esos momentos en los que el cuerpo material sufre las consecuencias de una enfermedad y el espíritu se libera, entrando en el plano espiritual, y si han de volver cuando aún no es llegado su momento. Debéis entender también que el espíritu, en general, es siempre adulto; que ya ha vivido muchas vidas y solo es niño durante un corto espacio de tiempo, cuando reencarna.

Nada más por ahora, queridos hermanos. He cumplido la misión que se me había encomendado; daros a conocer y haceros comprender un poco de lo que es el mundo de los espíritus. No quiero retirarme sin deciros que el nombre de Chatita es el que mis padres usaban conmigo hasta mi desencarnación, que se produjo a los diez años.

Mucha paz.

Nunca me cansaré de agradecer a Dios y a los buenos espíritus sus enseñanzas directas. En aquellos tiempos en los que carecíamos de libros por estar prohibidos, sus manifestaciones adquirían una altísima magnitud, y que hoy, gracias a la codificación kardeciana y otros libros reveladores, he podido corroborar todo aquello que ellos, en aquellos difíciles años, me enseñaron.

Son muchos los años que tengo y mucho lo que he aprendido; sin embargo, necesitaría otros tantos y muchos más para adquirir los conocimientos que necesita el alma humana para crecer y evolucionar. Pero somos espíritus inmortales y la bondad de Dios nos concede muchas vidas para lograrlo, y solo debemos no desaprovechar todas las oportunidades que con ellas nos da para avanzar hacia la plenitud que, aunque lejana, es certera.

Mucho amor.

Primera experiencia 2 por: Maria Luisa Escrich

© Amor, Paz y Caridad, 2019

Este artículo viene de: Primera experiencia

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