LOS MIEMBROS DE UN GRUPO ESPÍRITA

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Los miembros de un grupo espírita

Los miembros de un grupo espírita

Los grupos espíritas están tomando conciencia de ser organizaciones formales, serias; agrupaciones que empeñan enorme responsabilidad en la relación con las personas, con los propios integrantes y con las personas que muestran interés por la filosofía espírita.

En modo alguno es una especie de club social, deportivo, que comparte un hobby, una afición concreta. Es muchísimo más, es un agrupamiento de personas que comparten una labor de índole espiritual; un trabajo que podríamos dividir en dos vertientes diferenciadas: la primera, el conocimiento de las normas y leyes espirituales que rigen el universo y la vida para, conociéndolas, encaminarse al perfeccionamiento moral, la superación de las deficiencias íntimas, junto con la práctica de la caridad y la ayuda al semejante. Más concretamente, la caridad espiritual, la divulgación de conocimientos y, en concreto, la ayuda a toda persona que necesita esclarecimiento, compresión y ayuda; en especial, ante los problemas de índole espiritual, léanse mediumnidades en desarrollo, problemas obsesivos, enfermedades y obstáculos para llevar una vida, llamémosla formal.

Qué duda cabe que es mucha labor por realizar. Y esa labor debe ser realizada en función de las características y peculiaridades de cada grupo. Es por ello que los grupos espíritas deben asumir su propio compromiso y dedicar el tiempo y esfuerzo necesarios para cumplirlo.

Es también una premisa irrenunciable que los grupos estén compuestos de personas dispuestas a trabajar, al esfuerzo; que tengan espíritu de sacrificio, buena voluntad y deseos de prestar ayuda a los demás. O lo que es lo mismo, deseos de progreso espiritual y de arroparse en la humildad. Sin esa humildad, difícilmente podrán mantener la convivencia necesaria. No olvidemos que cada persona es diferente a las demás, que tiene sus prioridades, sus limitaciones, sus problemas individuales, su propio bagaje personal y espiritual. Aunque superadas esas limitaciones, humanas por otro lado, los componentes del grupo podrán llevar a cabo una labor remarcable.

Toda persona que desee formar parte de un grupo espírita debe concienciarse de que serlo implica un enorme desafío. En primer lugar ante sí mismo, pues le surgirán experiencias y pruebas que le harán caminar por el filo de la navaja (expresión anglosajona). Aunque superando las pruebas se enriquecerá, personal y espiritualmente.

La participación en un grupo espírita implica participar en un vasto campo de trabajo en el que, con plena seguridad, nunca estará solo, pues le acompañará su propio guía espiritual más los componentes desencarnados adscritos a ese mismo grupo que, por lo general, suelen ser mucho más numerosos que los componentes encarnados. Esos compañeros están ahí, prestan sus veladas intuiciones, su calor, arropan a todos y cada uno de los componentes del grupo, y lo hacen siempre. Ayudan en esa labor social, consecuencia de las demandas de personas que acuden hasta allí buscando comprensión, aceptación; respuestas, en suma. Ayuda que en muchas ocasiones no solo es espiritual sino también material.

Con ello quiero decir que toda persona puede ser miembro de pleno derecho en cualquier grupo espírita, aunque siempre y cuando reúna los condicionantes necesarios, que por otra parte no son exigentes. Reiteraré, todas las personas están capacitadas para formar parte de un grupo espírita siempre que acudan revestidas de buena voluntad y deseos de progreso. Nadie está de más, nadie sobra, todas las personas son útiles en sus capacidades y limitaciones.

El espiritismo no exige mucho, en cambio ofrece enormidades. Ofrece la oportunidad de alcanzar conocimientos de índole universalista; más concretamente, dar a conocer las razones de la presencia del hombre en el plano físico, en el mundo donde encarna; conocer el porqué y para qué de su presencia allí.

Cuando el ser humano consigue enlazar con su yo superior percibe una gran necesidad por trabajar en la superación personal, material y espiritual. Es la conciencia que llama a la puerta; que señala las realizaciones que aguardan, las pruebas que se han de superar. Comprendiendo que no es suerte escuchar el llamado de la evolución espiritual; que deben aprovecharse todas y cada una de las oportunidades en el campo de la evolución, aquí y ahora; que los compañeros espirituales están ahí, prestando su apoyo incondicional, intuyendo, colaborando en la medida de sus capacidades; señalando el contrato y responsabilidad asumidos antes de encarnar, y también brindando su apoyo incondicional para dicha realización.

Quién no ha percibido esa llamada, ese aviso del yo superior, la voz de la conciencia; la voz que insiste en que se aproveche el tiempo en la experiencia de la carne. Que son muchas las deudas contraídas y mucho el trabajo por realizar. Por tanto, desde aquí deseo hacer una llamada a todos vosotros, amigos lectores, para que aprovechéis la energía, los estímulos de esos compañeros del plano espiritual en los momentos difíciles; para superar el trabajo duro, las pruebas, los desencuentros, las desilusiones; las experiencias amargas que la vida reserva a todos, sin excepción. Os invito también a que dejéis aflorar vuestras capacidades personales, vuestras ansias de superación, la buena voluntad, la sencillez, la humildad, el deseo de progreso.

Cada componente de un grupo espírita tiene su propia personalidad, sus valores, sus defectos, sus virtudes. No obstante, conviene priorizar la tolerancia y el respeto entre sus componentes. No puede obviarse el hecho de que −según define la palabra grupo− lo esencial es la armonía general del mismo, el equilibrio personal, individual y global; de modo que puedan acometerse labores conjuntas con ciertas garantías de éxito. Nadie exigirá a nadie, nadie impondrá condiciones a nadie, nadie impondrá su criterio, acertado o no, su percepción, su particular visión de las cosas. Las exigencias son de otra índole; son de índole personal, íntima. No obstante, esas realizaciones, agrupadas individualmente, potencian al grupo, le ayudan a seguir el objetivo común, el avance generalizado.

Dice el saber popular que no hay rosas sin espinas. Todo parece indicar que cuanto ofrece el espiritismo es bonito, maravilloso, bello. Formar parte de una misma familia espiritual, compartir anhelos, ideales…grata perspectiva, pero hay que sudarlo. Dice una máxima deportiva que en un trabajo en equipo, la medida del mismo es su componente más débil. Por tanto, nada de rémoras, vagancia, cansancio; se debe estar a la altura del conjunto, avanzar y progresar a la par.

Se trata de un esfuerzo común. No sirve que unos empujen y otros se dejen arrastrar; suma el conjunto, la unidad. Así que no me cansaré de repetir, hasta la saciedad, la conveniencia de revestirse de humildad, de buena voluntad por parte de todos los componentes del grupo espírita.

Los miembros de un grupo espírita por: FERMÍN HERNÁNDEZ

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