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LA RESPUESTA: UNA CAUSA TRANSCENDENTE

“De la cuna a la tumba”; este es el recorrido inexorable que afecta a todo ser humano en la tierra. Solamente la mera percepción de la vida -el intervalo que sucede entre ambos acontecimientos- nos permite reconocer lo que somos; quedando ante la incertidumbre de nuestro pasado y nuestro futuro sino llegamos a comprender que somos seres trascendentes y preexistentes.

Toda duda, toda indecisión respecto a nuestra existencia, se disipa con claridad cuando nos paramos a reflexionar unos pocos momentos sobre la propia vida que llevamos. Ni siquiera la ciencia -mitificada en exceso como la única que puede entender la realidad- es capaz de comprender ni el origen ni el destino de la vida.

Le falta la herramienta principal, la Causa que da origen a la misma, y esta no se encuentra dentro de sus parámetros, está por encima de sus expectativas y no existe método científico capaz de alcanzarla. La base de todo método científico es la inteligibilidad del universo; es decir, la capacidad de comprender aquello que nos rodea. Albert Einstein lo definió de la siguiente manera:

“Lo incomprensible del Universo es que sea comprensible”

A pesar de ello, el propio Einstein se percató precisamente de la gran verdad que se encierra detrás de todo ello, y esta no es otra que las causas que originan esa comprensión son inaccesibles para el ser humano; no podemos llegar a ellas porque ni siquiera sabemos el cómo o el porqué de la aparición de este universo del que formamos parte.

Comprendemos las leyes que lo rigen, podemos proyectar los resultados y probabilidades de cómo se comportan los parámetros de la física, de la química, de la biología, etc.. pero no alcanzamos a encontrar la etiología y la causa que los origina y bajo la cual se han originado.

Así, mientras unos científicos abogan por fuerzas ciegas o aleatorias, el azar, o la auto-organización de todo lo que existe; otros abogan por una causa inteligente que es la base de los principios inteligentes que se demuestran en las propias leyes de la física, la matemática, el código genético, etc… Toda la información que nos proveen los elementos del universo en cuanto al orden, precisión y equilibrio de las leyes que lo rigen, apuntan indefectiblemente a una causa inteligente como su origen.

Una fuerza ciega es improbable que se armonice aleatoriamente de forma que llegue a crear vida; lo mismo ocurre con las leyes en sí; estas demuestran el proceso y funcionamiento del universo y de la vida, pero son independientes de la causa que las ha originado. Ninguna ley es capaz de crear nada, si acaso explicar el funcionamiento de lo que ya existe.

Ante esta perspectiva de una Causa Primera Inteligente, que trasciende al propio universo y a la realidad que podemos comprender; es realmente asombroso que se permita al hombre conocer y comprender el medio dónde se desenvuelve. Puesto que, si estamos aquí por azar y nada trascendente gobierna la vida y el universo, podríamos vivir permanentemente engañados bajo la ilusión de conocer aquello que creemos conocer.

Más bien ocurre lo contrario; el Universo y la Vida parecen planificados y diseñados para que el hombre pueda comprenderlos, observarlos, utilizarlos y aprovechar esta circunstancia para su propio progreso y beneficio. Esta reflexión tiene mucho que ver con el Principio Antrópico (Antrophos = Hombre) de la física, dónde las leyes y las constantes que propician la vida están equilibradas de tal forma que se presentan afinadas y ajustadas a un nivel de precisión enormemente exigente para que exista la vida y el hombre pueda ser su beneficiario último. Algo muy alejado del azar, la casualidad o las fuerzas ciegas aleatoriamente implementadas.

Aquí estamos hablando pues de que una Causa Trascendente es la que permite que nosotros estemos aquí; en este universo, viviendo, sintiendo, experimentando, sufriendo y gozando. Esta Causa a la que no podemos comprender, -pues está muy por encima de aquello que ha creado- es a lo que las religiones han denominado Dios, y muchos científicos, que no se contentan con el azar como explicación a la perfección y las leyes que rigen la vida, comienzan a incorporar a sus postulados y principios personales.

Lo cierto y verdad es que grandes investigadores y mentes lúcidas de finales del siglo XX y de este siglo XXI, escépticas por naturaleza, han sido llevadas por sus propias investigaciones a la realidad de la existencia de una Causa Trascendente que ha conseguido modificar su enfoque sobre la vida y el universo, aceptando una super-inteligencia como la mente donde comenzó todo.

Entre muchos; científicos de la talla de Francis Collins (Director del Proyecto Genoma Humano), Sir Fred Hoyle (Astrónomo y Matemático) o Willem Penfield (Padre de la Neurocirugía), se convencieron de esta trascendencia en el origen de todo gracias a sus propias investigaciones. No llegaron a través de la creencia al conocimiento de la existencia de Dios, sino a través de su propia ciencia.

“Parece como si una superinteligencia hubiera trasteado en la física, la química y la biología, y de que en la naturaleza no hay fuerzas ciegas de las que merezca la pena hablar” .

Sir Fred Hoyle – Revista Anual de Astronomía y Astrofísica

Al abordar la complejidad de la vida a nivel bioquímico, y con el avance de los métodos de investigación, la informática y los microscopios electrónicos, cada vez es más evidente que la célula (elemento de la vida), no puede existir por sí misma sin una serie de complejos mecanismos que provee su ADN mediante unos códigos que se asimilan a un lenguaje claramente definido. Es aquí, en los intrincados procesos del ADN, dónde las cadenas de proteínas se articulan para nutrir, desarrollar, reproducirse, expulsar y ejercer la función que le corresponde a toda célula, siendo cada una de ella responsable de su complejidad en base a la función que posteriormente deberá desarrollar. ¿Quién ha puesto ahí esos códigos? ¿De dónde han salido? ¿Cómo células procedentes del mismo origen se especializan en funcionamientos dispares y antagónicos unas de otras? No preguntamos el porqué sino el cómo.

Toda información proviene de la mente, por ello en el origen de la vida de la célula Francis Collins observa una Causa Trascendente, una Mente Superior  que la propicia, afirmando en su libro ¿Cómo Habla Dios? lo siguiente:

“Dios es el motor de la evolución, como una especie de primer motor en la célula”

El aceptar una causa trascendente en el origen de la vida y del universo permite explicar mucho mejor y con mayores garantías de éxito la propia conciencia humana. Si hay una mente súper inteligente que ha creado todo lo que existe, es mucho más fácil explicar la existencia de otras mentes más limitadas que provengan de ella, como son las que poseemos los humanos.

Por ello W. Penfield, -padre de la neurocirugía- después de miles de experimentos para demostrar justamente lo contrario -que la mente procede del cerebro- tuvo que aceptarlo, afirmando:

“Hoy, después de empeñarme en demostrar durante años que la mente proviene del cerebro afirmo que además, existe una realidad no física que interactúa con el cerebro”

Esta realidad no física constituye lo que denominamos alma, espíritu, mente, nuestro auténtico ser – lo que somos realmente – una entidad inmortal al proceder de esa misma esencia eterna que es nuestro Creador. Esta Mente Superior que es el origen de todo cuanto existe; sustenta y promueve de forma perpetua toda su obra, y su máxima expresión es el hombre -creado a su imagen y semejanza en su naturaleza espiritual e inmortal. Todo ello con un propósito y significado concreto: “permitir al ser humano alcanzar la perfección y la plenitud mediante el desarrollo de las cualidades divinas que, como una semilla, se encuentran dentro de sí mismo.”

El nuevo paradigma científico de las últimas décadas está acercándose a Dios como Causa Trascendente a través de la propia ciencia que, lejos de rechazar a Dios, comienza a vislumbrar su presencia detrás del origen de la vida y del universo. Y a pesar de que no podamos comprenderlo ni medirlo mediante ningún método científico -pues está por encima de nuestras limitadas capacidades-, se revela al ser humano a través de los efectos que su voluntad ha generado, preparando este universo para la expansión, crecimiento y felicidad del hombre.

LA RESPUESTA: UNA CAUSA TRANSCENDENTE  POR: Antonio Lledó Flor

©2017, Amor, paz y caridad

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