LA VOLUNTAD: FUERZA PODEROSA

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La voluntad: fuerza poderosa

La voluntad: fuerza poderosa

“El valor, el miedo, la risa, la tristeza, el llanto, la alegría, el fastidio y los bostezos son contagiosos.

La voluntad tiene un poder de transmisión incomparablemente mayor. Una sola voluntad es capaz de guiar a un pueblo, a una nación, un continente… a un mundo. La Voluntad Suprema guía el universo.

Si tanto puede una sola voluntad, ¿qué no podrían conseguir las voluntades de todos para el bien y el Amor?”.

 Este párrafo, extraído del libro Higiene del Espíritu, debería hacernos reflexionar acerca de nuestro comportamiento: mirar hacia dentro de nosotros  mismos para conocer y reconocer todo nuestro potencial, todo cuanto somos capaces de realizar.

La risa es contagiosa; cuando oímos  reír, aun no sabiendo el porqué, también reímos. Lloramos a veces, simplemente, porque vemos llorar. Una situación de tristeza o alegría nos envuelve en alegría o tristeza; podemos ser contagiados por el miedo de uno solo, transformándolo en un miedo colectivo. Todas estas emociones residen en nosotros y se manifiestan, las más de las veces de una forma descontrolada, porque nuestra voluntad es débil y se deja dominar por el contagio.

Esas voluntades capaces de guiar pueblos, naciones o continentes son voluntades fuertes que persiguen un objetivo y luchan por conquistarlo; y lo consiguen con la fuerza de voluntad.

¿Qué no se podría conseguir con todas las fuerzas poderosas de la voluntad? Si cada uno de nosotros fuese capaz de emplearla para transformar nuestro yo; potenciar nuestros valores morales, como la comprensión, la tolerancia; la empatía, la caridad…; si cada individuo transformado se aunara a los demás, se crearía una sola Voluntad capaz de cambiar el mundo por sí sola, donde ya no tendrían cabida ni el odio, ni la envidia, ni el rencor, ni la ambición… La intolerancia, generadora de guerras y genocidios, quedaría proscrita; solo habría lugar para el bien y el Amor.

Para desdicha de todos nosotros, hasta la fecha de hoy esa Voluntad solo ha sido empleada para lograr objetivos materialistas; bienes perecederos, riqueza o poder, sin importar cómo se pueda conseguir.

Esta actitud está tan arraigada en nosotros, que nuestra voluntad se ve incapacitada para luchar por el cambio, viéndose así privada de una profunda higiene del espíritu.

La voluntad: fuerza poderosa por: María Luisa Escrich

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