EL CENTRO ESPÍRITA: UNA ESCUELA

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El centro espírita: una escuela

El centro espírita: una escuela

¿Qué es un centro espirita? ¿Cómo definirlo? ¿Qué actividades realiza? ¿Cuál es su utilidad? ¿Qué labores realiza? ¿Cuál es su compromiso? Son preguntas sencillas que, no obstante, requieren respuestas claras y concisas. Y buscando que se cumplan los objetivos a que están destinados, diré que esos grupos necesitan transformarse, enfocarse a fines claramente diferenciados, como son: En primer término, un lugar de enseñanza, un lugar de aprendizaje espiritual; y, en segundo, un punto de trabajo.

¿Por qué un lugar de aprendizaje, un aula, una escuela? Sencillamente, porque en la ciencia del espíritu, que es la ciencia de la vida, nunca se consiguen conocimientos suficientes. El individuo debe aspirar a más siempre, pues nunca tendrá conocimientos bastantes para comprender el mundo, el universo que le rodea; pues en la medida que el bagaje de sabiduría y experiencias aumenta, crece también exponencialmente su  área de aprendizaje.

Las personas que creen saberlo todo se encuentran con la triste decepción de que están lastradas, intelectual y moralmente; también que están involucionando… sin poder evitarlo. Sencillamente, han perdido el tren del progreso; han perdido la conexión con los seres y el mundo que les rodea; han quedado al pairo. Mientras tanto, la gran mayoría sigue aprendiendo, creciendo moral e intelectualmente. Aquellas quedaron descolgadas del conjunto de la sociedad.

Cuando el individuo pierde la senda de progreso, pierde, a su vez, el sentido de la responsabilidad; se deja arrastrar por la vorágine del mundanal ruido, olvida los compromisos y tareas para consigo mismo, para su propia evolución y para su progreso íntimo.

Resulta evidente que nunca se podrán conseguir los conocimientos que ofrece este planeta. O lo que es lo mismo, el summum de experiencias y sabiduría que ofrece este mundo donde el ser humano se desenvuelve, nace, vive y muere a la vida física.

Está, por una parte, el conocimiento teórico de la filosofía y la ciencia espírita; además, la totalidad de experiencias que propicia la vida terrena, las vivencias de un mundo como el nuestro, un mundo perdido en una galaxia olvidada: la Tierra.

Por otra parte, figura también el conocimiento espiritual, resultado del camino de perfeccionamiento moral. La frase “si quieres evitar el abismo, conócete a ti mismo” debería estar presente en todo momento y lugar. A ese conocimiento ayuda, sobremanera, el hecho de pertenecer a un grupo espírita y disfrutar de las virtudes y experiencias que esta peculiaridad implica a la hora de sumar valores, actitudes, comportamientos. Es el único bagaje del ser humano cuando abandona su cuerpo carnal y trasciende al otro lado de la vida, al mundo del espíritu.

El centro espírita tiene como misión principal divulgar los conocimientos recibidos de las esferas superiores. Conocimientos que debe hacer llegar a su entorno y, en especial, a las personas que llaman a su puerta demandando ayuda, consejo, aclaraciones, conocimientos.

Y el mejor lugar para hacerlo es, precisamente, el centro espírita. Allí deben impartirse, de forma estructurada y sistemática, conocimientos útiles, tanto para el individuo como para la sociedad. Y esos conocimientos deben exponerse de forma fácil, sencilla, asimilable para quienes acuden allí, de modo que cuando escuchen las exposiciones, ponencias o charlas, puedan asimilar los conocimientos con facilidad y, a ser posible, aplicarlos en la vida diaria.

El centro espírita deben ser, inexcusablemente, un lugar de estudio y trabajo. Esta premisa viene a complementar el primer fin, el de ser un lugar de aprendizaje. El centro espirita es, realmente, un espacio divulgativo teórico-práctico, un lugar de trabajo donde se acude a colaborar, aportar un grano de arena o toda una montaña. Y hacerlo en la convicción de que no es un lugar donde pasar los ratos de asueto. Es un lugar de convivencia, un lugar para compartir alegrías, dedicación y estudio. Para nada un elitista club social. Y eso hay que tenerlo claro en todo momento, evitando así caer en vicios impropios.

Pueden llegar hasta sus puertas personas con necesidades materiales, personas necesitadas que buscan consuelo y ayuda. También pueden llegar hasta allí personas que sufren perturbaciones psíquicas, trastornos de índole mediúmnica, facultades perturbadas, obsesiones, estados depresivos, tendencias suicidas, etc., todo ello derivado de las influencias del mundo espiritual de bajo tenor, seres enquistados en el mal…ajeno y propio.

Existe, qué duda cabe, todo un abanico de posibilidades. Una infinita variedad de problemáticas en las personas que acuden hasta allí solicitando ayuda. Es labor de los componentes del grupo tenderles la mano, aclarar sus dudas, ayudarles, apoyarles y compartir sus desvelos; en suma, ofrecer la mano amiga que les abra nuevos horizontes de esperanza.

Sin una conveniente preparación y disponibilidad, difícilmente surgirá la oportunidad de ayudar; si acaso, hacerlo en pequeña medida. Ese centro espírita incumplirá sus obligaciones, sus compromisos. Poco podrá hacer para cumplir la misión pactada previamente. Huelga decir que los trabajadores del otro lado de la vida, los espíritus superiores, necesitan, inapelablemente, la colaboración de los humanos, los encarnados, para completar su labor de ayuda, su propia misión y también la del grupo espírita. Sin esa colaboración les resulta imposible llevar a buen fin su compromiso.

¡Cuando el alumno está preparado, aparece el maestro!

 Estas son las premisas fundamentales que dan sentido y valor a un grupo espírita. Dos caras de una misma moneda, irrenunciables para quienes desean formar parte del equipo de trabajadores de la última hora. Los espíritus superiores cuentan con todos y cada uno de los miembros del grupo, aunque compete a los encarnados dar el primer paso.

De no encontrar buena voluntad y una actitud correcta, buscarán otro grupo que se ajuste mejor a sus necesidades. Es mucha la mies y pocos los trabajadores. Tengamos claro que los espíritus superiores no están para perder tiempo, cuya valía reconocen; están para construir un futuro común.

El centro espírita: una escuela por: Fermín Hernández

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

“Dirigentes, auxiliares y frecuentadores de un centro espírita bien organizado saben que la obra de Kardec es un momento científico, filosófico y religioso de estructura dinámica, no estática, pero cuyo desarrollo exige estudios e investigaciones del mayor rigor metodológico, realizado con humildad, buen sentido, respeto a la doctrina y condiciones culturales superiores”. (Herculano Pires, en su obra El Centro Espírita).

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