LA ESPERANZA ES LA SOLUCIÓN

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La esperanza es la solución

La esperanza es la solución

Estamos  superando una pandemia. El ser humano ha podido comprobar que no es el rey de la naturaleza, es sí el más inteligente, aquel que prevalece sobre todos los demás organismos de la Tierra; pero la naturaleza es más fuerte, más sabia y más longeva que el propio ser humano.

En definitiva, la naturaleza nos ha dado una lección y nos ha puesto sobre las cuerdas para rebajar nuestro orgullo y ambición. Hemos tenido que someternos a un enclaustramiento, paralizando prácticamente toda la actividad que no se podía considerar como totalmente necesaria, para preservar nuestro sustento y mantenimiento de aquellas estructuras completamente necesarias.

Parece mentira, como un sueño utópico, pero en estas pocas semanas que hemos estado alejados de los entornos naturales y en los que la actividad industrial se ha paralizado, la naturaleza se ha regenerado; el aire, los ríos y los mares, incluso los bosques han notado la ausencia de contaminación y el perjuicio que constantemente ocasionamos al medio natural.

Por eso, este simple artículo lleva el título de «Esperanza», porque esta lección que hemos recibido nos ha demostrado hasta qué punto podemos mejorar el planeta, y esto consecuentemente repercute en nosotros mismos. Hay esperanza en que todos y cada uno de nosotros, individualmente, sepamos sacar las debidas reflexiones y podamos concluir que la naturaleza nos ha hablado; sí, a nuestra conciencia le ha dicho: ¡Cuidado!, que yo puedo reaccionar, puedo eliminar de la faz de la Tierra en un santiamén a cientos de miles de personas. Pero no es solo eso, es la amargura que nos puede producir sentirnos como nos hemos sentido, impotentes, casi por completo, para hacer frente a ese agente microbiano que amenaza con arruinar, no solo la vida, sino lo más importante a considerar: el modelo de vida que hemos concebido.

Por ello, debemos reflexionar para tomar medidas en el asunto y, lógicamente, hacer algún cambio en este modelo de sociedad que nos hemos fabricado sin haber medido las consecuencias de nuestros actos y sin prever el abuso que estamos haciendo de nuestro libre albedrío; abuso que se convierte en una degeneración del medio ambiente, llegando a convertir la Tierra en un vertedero de escombros, cuando, siendo nuestro hogar, la deberíamos mimar y proteger.

Sin embargo, observamos que desde todos los estamentos se ejerce una presión violenta sobre los gobiernos; la maquinaria se ha de volver a poner en marcha otra vez, a toda prisa; todo tiene que volver a la normalidad, pues la economía se tiene que recuperar, de lo contrario, esto es un desastre; vamos a entrar en una crisis muy difícil de superar.

Con ese pretexto todo tiene que volver a empezar otra vez, a lo que llaman la «nueva normalidad». No nos damos cuenta de que todo lo acontecido es solo un aviso; no nos damos cuenta de que ya estamos en crisis: es la crisis de valores la que nos ha conducido a todo lo que acontece en nuestro mundo y que, lamentablemente, hemos convertido en la normalidad: la pobreza de millones y millones de personas es una cosa normal; que millones de niños sufran o mueran de hambre es lo normal; la contaminación de todo donde el hombre pone sus pies es lo normal; las guerras que no cesan es lo normal; la desesperación de cientos de miles de familias que pierden sus trabajos en pos de que la empresa obtenga más beneficios es lo normal… Tantas cosas hemos llegado a considerar normales que nos hemos vueltos ciegos y no vemos hacia qué dirección nos hemos de dirigir.

No obstante yo tengo esperanza, porque, por otro lado, hay una nueva generación que ya ve los errores que se han cometido y cada día surgen cientos de voluntarios dispuestos a darle un cambio a todo eso; poco a poco se van saliendo de la cadena de ese montaje poderoso que es la industria fría que solo mira por la producción masiva a costa de lo que sea, y que no quieren participar de la economía que destruye la paz y los hogares de los más débiles de la Tierra.

Hay, sí, una nueva generación que lucha por vivir de forma más natural, que quiere volver a la sencillez, que ha comprendido que no se puede sobrevivir sobre los cimientos del egoísmo y la avaricia, que piensa más en los seres humanos como hermanos que todos somos, y no en el ser humano como un número, que es en lo que nos ha convertido esta era de la modernidad en la que entramos apenas sin darnos cuenta, llevados por un sueño irreal que nos decía: Cuanto más tengas, más feliz serás.

Por eso, pese a que los poderes del mercado nos quieran llevar otra vez hacia lo mismo, ha quedado tocada nuestra conciencia de una forma poderosa, y debemos confiar en que, sin que se vean los resultados a corto plazo, sí que confío en que a medio y largo plazo esta humanidad irá moderando su forma de vida y corrigiendo los errores, los abusos que hemos cometido, para que al mismo tiempo que nos regeneramos como personas, lo haga la misma casa Tierra que es nuestro hogar.

Todo es por nuestro bien; la naturaleza se regenera y se mejora después de las catástrofes y las desgracias que nos conmueven. Es la ley: se destruye lo viejo para recomenzar con esperanza y con ilusión para construir algo mejor. Hagámoslo.

La esperanza es la solución por: Fermín Hernández Hernández

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