Editorial

LA COMPASIÓN

La compasión se erige sobre la empatía que, a su vez, requiere prestar atención a los demás. Si estamos absortos en nosotros, no nos daremos cuenta de los demás y seguiremos nuestro camino, indiferentes a su sufrimiento.

Dr. Daniel Góleman – Psicólogo

Derivada del vocablo griego “sympathia”, que viene a significar “sufrir juntos”, la compasión es un sentimiento humano que nos lleva a desarrollar la empatía por el prójimo. De esta forma, es una expresión del amor al prójimo en acción y, por ello, es preciso colocarla en su justo valor.

Lamentablemente, algunas connotaciones de esta palabra, en algún lenguaje coloquial, tienen como expresión conceptos equivocados, calificando a aquellos que la poseen como débiles de carácter, pusilánimes o fácilmente impresionables por las desgracias ajenas. Todo esto viene derivado por la deshumanización e indiferencia moral que se propaga como una verdadera pandemia en esta era de la tecnología, la descreencia y la pérdida de los valores superiores de la vida que interiormente engrandecen al ser humano.

Se cree equivocadamente que sentir pena, mostrar empatía por las desgracias ajenas o implicarse en proyectos de caridad y ayuda desinteresada, no es cosa de las personas sino de las instituciones, derivando hacia estas organizaciones las responsabilidades que como humanos nos corresponderían asumir y aceptar. 

El Budismo elevó y dignificó esta palabra como la mayor expresión de su código ético. El Cristianismo tiene como referencia de la compasión la parábola del buen samaritano, en la que Jesús pone como ejemplo la importancia de la compasión con el necesitado, dándole mayor relevancia a la acción del samaritano y situándola por encima de la falta de caridad de los sacerdotes y escribas.

El sentimiento de compasión está en la base del amor al prójimo.

Mencio – Filósofo Chino

La compasión no es sólo un concepto aplicado al semejante, también tiene sus raíces en la manera como comprendemos y tratamos la naturaleza, a las demás especies y a todo ser vivo que siente y posee vida interior. Si el mundo tuviera conciencia de “la necesidad de ponerse en el lugar del otro”, o lo que es lo mismo, desarrollar la empatía con todo lo que nos rodea, el respeto, la conservación responsable de la naturaleza y el trato ético y adecuado con todas las especies serían una realidad.

El hombre se considera a sí mismo el rey de la creación, y con ello la especie dominante que tiene permiso para subyugar, explotar y colocar bajo su dominio y a su servicio al resto de seres vivos y especies naturales. En una aparición aproximada de hace apenas 1 millón de años y mediante el proceso de la evolución, el Homo Sapiens fue alcanzando los niveles de “humanidad” que convirtieron a este homínido en lo que hoy conocemos como “ser humano”. En ello se ven implicados no sólo los procesos cognitivos, la auto-reflexión o conciencia de sí mismo, sino sobre todo la emoción, el desarrollo de los sentimientos del amor, la piedad, la empatía, el perdón, etc.

Mientras el círculo de su compasión no abarque a todos los seres vivos, el hombre no hallará la paz por sí mismo. 

Albert Schweitzer -Médico y Filósofo

La compasión tiene muchas acepciones: misericordia, clemencia, ternura, piedad, solidaridad, etc. Todas ellas nos hablan de expresiones de amor y caridad desde distintas posiciones. Por ejemplo, cuando hay que impartir justicia, la clemencia es un valor en alza. El ejercicio del poder conlleva responsabilidad, pero también la capacidad de perdonar y tener misericordia engrandecen a aquel que las practica. La piedad con el vencido es otro aspecto que permite al vencedor ejercer la compasión en una alta expresión de amor al prójimo.

Y por último, la solidaridad como expresión de la compasión es también un valor responsable que, ejercido desde los más nobles sentimientos, nos impele a ayudar al necesitado, al desamparado o a aquel que más precisa de nuestra ayuda material, espiritual o de cualquier índole.

La comprensión de las leyes espirituales que rigen la vida superior, es decir, la vida del espíritu cuando está encarnado, nos hace entender que muchas de las personas que precisan de compasión, misericordia y ayuda es debido a deudas del pasado que han de saldar. Lejos de tomar distancia al respecto y pensar que las desgracias son merecidas, la ley del amor nos impele a ayudar por encima de todo, pues es en esos momentos cuando la persona desamparada necesita del ejemplo que ella misma -probablemente- no tuvo en su momento, a fin de poder apreciar el valor de la ayuda desinteresada y de la caridad bien entendida.

Además, la oportunidad de servir a nuestros semejantes debería ser para nosotros motivo de agradecimiento a Dios por permitirnos ayudar y de esta forma, conquistar los valores del amor y la caridad que todavía tenemos muy poco desarrollados. En estos casos, somos instrumentos de Dios para ayudar a sus criaturas más necesitadas en la Tierra. Y esta es una oportunidad de progreso para nuestra alma que no debemos desaprovechar bajo ningún concepto.

Dios ama todavía al mundo y nos envía a ti y a mí para que seamos su amor y su compasión por los pobres.

Teresa de Calcuta

Junto a esto, la comprensión de la inmortalidad del alma y de la reencarnación nos permite entender con claridad que todo aquello que hacemos a nuestro prójimo va construyendo en nosotros la coraza contra el sufrimiento. Pues no es menos cierto que, cuanto más ejercemos la compasión, la solidaridad, la piedad o la misericordia con nuestros hermanos de la Tierra, estamos forjando un destino venturoso que nos espera el día de mañana, facilitando nuestro progreso moral y apartándonos del dolor y los sufrimientos que el egoísmo, la indiferencia moral y la falta de compasión generan.

Es este uno de los retos que nos toca asumir. Contemplar la creación como un Todo en el que permanentemente Dios nos permite encontrar nuestro lugar bajo el respeto a sus leyes y en armonía con las mismas, en dirección al infinito que nos aguarda bajo el esplendor de la plenitud y el amor, del cual la compasión es la expresión más noble de la caridad que podemos ejercer.

Redacción

©2018, Amor, Paz y Caridad

 

El problema humano básico es la falta de compasión. Mientras este problema subsista, subsistirán los demás problemas. Si se resuelve, podemos esperar días más felices.

Dalai Lama

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