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NADIE NACE EN UN CUERPO EQUIVOCADO

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Nadie nace en un cuerpo equivocado

“Conviene destacar el carácter binario del sexo. Desde el Paleolítico hasta hoy, cada vez que se dijo “es una niña” o “es un niño” tras un parto, no se estaba cometiendo ningún error. La negación de esta evidencia biológica por intereses políticos o ideológicos espurios sólo puede traer confusiones y problemas a la sociedad”.

J. Errasti y M. Pérez, Profesor y Catedrático de Psicología Clínica

Este delicado e interesante tema debe llevarnos a una reflexión profunda acerca de una cuestión principal: ¿qué diferencias existen entre el enfoque biológico, psicológico, ideológico o político con el enfoque espiritual que nos compete analizar?

Sin duda, una comprensión profunda del sentido espiritual del sexo; la reproducción y las leyes que sirven al espíritu humano en su trayectoria evolutiva a través de las distintas existencias nos esclarece y simplifica un camino turbio y confuso para la sociedad civil donde intereses de toda índole, ideologías perniciosas y políticas nefastas respecto al sexo y al género mantienen enfrentadas a gran parte de la sociedad por no conocer en profundidad las claves espirituales que posibilitan y permiten un nacimiento en uno y otro sexo debido a la planificación preencarnatoria que todos tenemos antes de venir a la Tierra.

Por lo tanto, no es nuestro interés posicionarnos o abanderar ninguna idea respecto al género, sino tan solo explicar las causas reales por las cuales el título de este artículo no solo es acertado con respecto a las evidencias bio-médicas, sino mucho más cuando tomamos en consideración los condicionantes espirituales del espíritu milenario que necesita de ambas experiencias, masculina y femenina, para el progreso integral del alma humana inmortal que trasciende las vidas, los sexos y los géneros.

Y todo esto tiene su base en un fundamento inapelable que los espíritus trasladaron a Kardec y que se resume así: “El Espíritu no tiene sexo”. Es precisamente esa máxima la que nos presenta una nueva concepción no solo del sexo, sino también del género y de la función tan importante, grandiosa y extraordinaria que la función sexual tiene en el progreso y desarrollo de las cualidades del alma a lo largo de sus experiencias en la carne, en la larga cadena de las reencarnaciones que como hombres y mujeres deberemos afrontar.

El padre de la psicología analítica, Carl Gustav Jung, tuvo la lucidez de explicarnos en sus “arquetipos” (modelos) la existencia de dos de ellos que representaban las fuerzas de la psique femenina y masculina respectivamente. A ellos los denominó como “animus” (las tendencias psíquicas masculinas en la mujer) y “ánima” (las tendencias psíquicas femeninas en el hombre). El desarrollo de las cualidades psíquicas de ambas tendencias lleva a la integración de la psique en lo que Jung denominó como “el antropos” (ser integral u hombre completo).

“El sexo es determinado por nuestro ADN en el momento de la concepción, y está en cada célula de nuestro cuerpo”

Dra. Michelle Cretella – Pte. As. Americana Pediatras

Es evidente que, desde la biología, la medicina, la embriología y la genética solo hay dos sexos, y lo mismo ocurre desde la psicología de Jung y otras exactamente igual, por ello apreciamos notablemente estas aclaraciones que están basadas en la ciencia: dos gametos XX, XY son los únicos capaces de generar los dos únicos sexos que existen, según nos afirma la genética.

Otras expresiones como “sexo no binario”, “multitud de tipos de género”, etc…, obedecen al “constructo social” de una ideología llamada de género que tiene como misión espuria y bajo una mal disimulada igualdad entre hombre y mujer asignar diferentes roles de género o sexo en función de intereses particulares, económicos unas veces y políticos en otras, que no vamos a analizar aquí pues no nos corresponde.

En términos biológicos y genéticos, la definición de ideología de género es equivocada y puede generar graves problemas: nacemos con un sexo biológico definido por los cromosomas X e Y. La Ciencia explica claramente y sin ningún margen de duda que la sexualidad humana es binaria, surgida evolutivamente con el propósito de la reproducción, supervivencia y mantenimiento de la especie.

Nada del constructo social llamado “identidad de género” está avalado por la ciencia, pero sí tiene una notable influencia en los medios de comunicación, habiendo logrado penetrar en las políticas educativas de algunos países y creando confusión y problemas a consecuencia del adoctrinamiento y los intereses que subyacen detrás de toda esta ideología, entre la que destaca la llamada y perniciosa “ideología queer” que, diciendo defender los derechos de las minorías sexualizadas y principalmente de la mujer, lo que proponen es acabar con la femineidad y la reproducción, pues consideran la maternidad y la crianza de los hijos como algo que discrimina a la mujer respecto al hombre.

Los ideólogos de género no encuentran respaldo científico y entran en ruta de colisión con principios éticos de la práctica médica, aunque justifican sus posiciones como una forma de evitar el prejuicio, la homofobia y la violencia contra las minorías no heterosexuales”.

Desde el punto de vista espiritual todo está medianamente claro. Y esto es lo que verdaderamente nos interesa analizar. La sexualidad es una condición inherente a la evolución y el progreso del alma porque se necesita de la reproducción para garantizar la supervivencia de la especie y la posibilidad de seguir reencarnando en nuevos cuerpos para aprender y adelantar intelectual y moralmente.

Por tanto, la sexualidad es una fuerza importantísima que el alma utiliza para evolucionar y experimentar el desarrollo de ambas cualidades, masculinas y femeninas, en nuestra propia psique. Los Espíritus reencarnados poseen un cuerpo físico, construido a partir del periespíritu que, desde el momento de la fecundación, ya ha definido su sexo biológico.

No obstante, el alma humana, antes de reencarnar establece un programa en el mundo espiritual para trazar las líneas generales de la nueva etapa que deberá afrontar en la Tierra. En esta planificación espiritual, no solo se establece y determina el lugar donde irá a nacer, los padres, los hermanos, sino también el sexo que tendrá para conseguir optimizar sus posibilidades de adelanto espiritual mediante las funciones y pruebas o expiaciones que debido a sus circunstancias particulares deberá afrontar.

Esta y no otra es “la razón más importante” a la hora de encarnar como hombre o mujer, y viene determinada por las necesidades de adelanto y de progreso espiritual, así como del nivel de evolución alcanzado como espíritu inmortal en vidas anteriores. Y precisamente es el periespíritu, ese cuerpo intermedio que se une al “cigoto”, la primera célula del futuro embrión, el que dirige el desarrollo fetal y las características filogenéticas que tendrá el nuevo cuerpo que se desarrolla en el vientre de la madre; entre ellas el sexo.

P: ¿Cuando estamos en el plano espiritual, preferimos encarnar en el cuerpo de un hombre o en el de una mujer? 

R: “Al espíritu le importa poco, depende de las pruebas que deba de pasar”.

 Allán Kardec. ít. 202, Libro de los Espíritus

El periespíritu traduce e imprime de forma ajustada y precisa las instrucciones de la mente del espíritu, que deberá acoplarse con el nacimiento en base a la planificación previa realizada. Por ello es conocido como el Modelo Organizador Biológico del feto humano y marca de forma indeleble las características, cualidades, deficiencias o atributos bio-psíquicos que el propio espíritu ha planificado previamente para poder ejecutar de la mejor forma posible el programa establecido de antemano.

Esto no quiere decir que el programa se cumpla, pues a partir de la planificación plasmada en los primeros nueve meses, las condiciones epigenéticas y de desarrollo del niño en su familia: el entorno, la educación, las creencias, los traumas infantiles, la infancia feliz o desdichada, los avances positivos en familias responsables, etc., llevarán al ser a la madurez, donde su libre albedrío enfrentará las pruebas planificadas, y acertará o se equivocará. Ambos aspectos quedarán grabados como experiencias para su acervo personal y le servirán de adelanto.

Comprendiendo el planeamiento espiritual podemos afirmar que el título de este artículo es exacto, tal y como afirmábamos más arriba. Otra cuestión muy diferente es que el espíritu que encarna tenga que enfrentar diversas pruebas relacionadas con su sexo actual derivadas de causas que provienen del pasado. En función de su “esfuerzo adaptativo”, en el caso de una disforia de género o una incomodidad con el sexo biológico en el que ha encarnado, logrará sus objetivos de progreso o fracasará en el intento.

También todo esto le servirá de experiencia y de progreso. En la noche milenaria del pasado hemos cometido aciertos y errores, y en relación con la función sexual todavía hoy comprobamos las aberraciones, abusos, estupros, pederastias, pedofilias, promiscuidad aberrante, sexolatría imperante o incluso obsesión sexual. Todo esto es de actualidad y genera enormes perturbaciones mentales y emocionales, además de una inhibición por desgaste energético que afecta la salud integral del ser humano.

Y lo lamentable de estas conductas es la agresión, la violencia ejercida sobre otros inocentes, que son las víctimas de estas prácticas abusivas y degeneradas. Todo esto no queda impune ante las leyes de Dios que rigen el equilibrio moral del alma humana. Por ello, el abusador, el pederasta o el promiscuo hasta la saciedad vuelven a la carne en futuras existencias sufriendo en ellos mismos las consecuencias de sus actos.

El promiscuo, al haber abusado del sexo de manera descontrolada, llega a un nuevo cuerpo con diferentes problemas como la impotencia derivada del desgaste energético que su periespíritu sufre en su chakra genésico al haber abusado de eso mismo en una vida anterior.  El violador viene en condiciones de vulnerabilidad respecto a sus energías sexuales y colocado en una posición delicada en la que es muy posible que sufra vejaciones de todo tipo por su condición sexual nueva (siendo hombre en la existencia anterior viene ahora como mujer débil y desamparada, expuesta a sufrir abusos). Estas situaciones son reversibles mediante la transformación conductual y moral del propio individuo; es decir, no siempre se producen de forma inevitable, pues el libre albedrío del espíritu y la ley de causa y efecto pueden modificar y dulcificar las consecuencias de sus actos aberrantes del pasado.

Sirvan estos ejemplos para esclarecer la importancia de comprender la lucidez que nos ofrecen los conocimientos espirituales y las leyes de justicia, amor y caridad que restablecen el equilibrio culpable en los espíritus que se rebelan y se niegan a comportarse con el respeto debido a la libertad sexual del otro.

Comprobamos igualmente los problemas de muchos jóvenes adolescentes que, sin haber definido su sexo todavía por su edad y en la confusión que la ideología siembra en sus vidas creyendo que así encontrarán el equilibrio mental que buscan respecto a su condición sexual, se someten a agresivas cirugías de cambio de sexo que muchas veces son irreversibles, o se hormonan de tal forma que destruyen el equilibrio hormonal del sexo que portan desde el nacimiento.

La actitud hacia estas personas que sufren estas situaciones siempre deber ser la del respeto y ayuda. La comprensión del origen y causa del problema les ayudaría muchísimo en la solución de este. Lamentablemente, el conocimiento espiritual no está en los objetivos o preocupaciones de la juventud actual que se deja seducir por el materialismo, las redes sociales, los comportamientos mimetizados de la mayoría, la sexolatría imperante, el consumismo y la búsqueda efímera del placer o el bienestar personal creyendo que un cuerpo adaptado a sus circunstancias les resolverá el problema.

El origen es más profundo, y sin duda, la comprensión de las leyes que rigen el proceso evolutivo del alma inmortal preexistente al nacimiento les ofrece las respuestas que necesitan acerca del porqué de su situación y la manera de resolverla eficazmente, pero no sin esfuerzo, como cada cosa que acontece en la vida y que tiene valor.

Así pues, desde el conocimiento de las leyes del espíritu no existen las casualidades y todos venimos con el cuerpo que necesitamos en cada vida para afrontar los retos y objetivos previamente planificados. La disconformidad, la disforia o la incomodidad y aparente contradicción entre el sexo biológico y la sensación psicológica del sexo opuesto es una prueba o expiación necesaria para el alma, a fin de corregir actitudes equivocadas o fortalecer su carácter enfrentando una gran dificultad que le supone un esfuerzo adaptativo muy importante que miles de personas realizan y lo consiguen, logrando equilibrar ambos aspectos.

Es, pues, un esfuerzo por equilibrar esas dos tendencias psicológicas que encontramos en todo ser humano, la masculina y la femenina. Imprescindibles para el equilibrio del ser y cuya finalidad es el desarrollo de todas las cualidades que cada una de ellas nos aporta. Sabiendo que no es fruto de la casualidad y que muchas personas consiguen superar esta difícil situación, para finalizar mencionaremos un ejemplo ilustrativo:

Frederic Chopin, el gran pianista, y su compañera George Sand, novelista y periodista, representan el ejemplo de dos almas unidas por el amor y cada una de ellas dotada de la sensibilidad contraria a su sexo biológico, que realizaron el esfuerzo adaptativo para la convivencia y el afecto mutuo. Chopin era un alma con predominancia de temperamento femenino (ánima), mientras que Sand poseía los rasgos de la psique masculina (ánimus).

Una anécdota del día que ambos se conocieron deja a las claras la primera impresión. Cuando fueron presentados por el gran pianista Liszt, Sand murmuró al oído de madame Marliani: «Ese señor Chopin, ¿es una niña?». Chopin le comentó a Hiller saliendo del hotel: «¡Qué antipática es esa Sand! ¿Es una mujer? Estoy por dudarlo».

Esa primera impresión no impidió, con el tiempo, una relación de profundo amor, sensibilidad y entrega mutua que potenció las cualidades artísticas de ambos al complementar sus características mediante la integración de las dos polaridades de la psique humana, la femenina y la masculina, acompañando así la trasmutación y sublimación de las energías sexuales que el ser humano puede efectuar mediante los centros de fuerza del periespíritu.

Este es un ejemplo de “esfuerzo adaptativo”, no de una sola persona sino de una pareja de amantes, que supieron adaptarse emocional, psíquica y sexualmente a su nueva condición sin renunciar a la sensibilidad que llevaban cada uno de su trayectoria existencial de vidas anteriores, respetando y ampliando sus potencialidades y recursos artísticos.

Sin duda, ninguno de los dos encarnó en el sexo que por sensibilidad psíquica les correspondía; no obstante, supieron superarlo mediante el amor y con ello elevaron su patrón de integración psíquica al incorporar y desarrollar cada uno de ellos aquellos atributos propios del sexo contrario.

Nadie nace en un cuerpo equivocado por. Redacción

2026, Amor, Paz y Caridad

“Nadie nace en un cuerpo equivocado, sin que esto niegue la experiencia de aquellos que así se sienten. Pero no sería en un cuerpo equivocado donde uno estaría atrapado sino en los discursos y normas que regulan la identidad de género”.

J. Errasti y M. Pérez – Psicólogos

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