“La educación tiene como finalidad el desarrollo moral de los ciudadanos”
Aristóteles, filósofo s. III a.C.
El Propósito Superior de la Educación según Aristóteles
Para el gran filósofo Aristóteles, padre de la lógica y discípulo de Platón, la finalidad de la educación pública tenía un sentido superior: formar a los individuos en el discernimiento entre el bien y el mal, a fin de construir con las futuras generaciones sociedades justas e igualitarias donde el respeto, la libertad y el bien triunfen sobre el mal, la violencia y el egoísmo.
Distorsiones Modernas en la Formación vs. Educación
La confusión permanente entre formación y educación conlleva, en las sociedades modernas, distintos tipos de distorsiones que terminan por subvertir el profundo sentido de este importante aspecto de la vida humana.
Por un lado, muchos progenitores ni siquiera consideran el aspecto de la educación moral de sus hijos, despreciando este importantísimo aspecto y perjudicando con ello a sus descendientes. Hay otros que creen que la educación se imparte en los colegios e institutos de formación, por lo que ellos se desentienden de este esfuerzo.
La Visión Espiritual: Disciplina, Amor y Responsabilidad Parental
Bajo una visión estrictamente espiritual, el proceso educativo tiene para nosotros una definición muy concreta basándose en dos aspectos insoslayables de toda educación que se precie: la disciplina y el amor. Estos dos elementos son imprescindibles en todo proceso educativo que desee formar el carácter de las nuevas generaciones conforme a un desarrollo integral, equilibrado y de preparación para el día de mañana y la justa convivencia en sociedad.
No es por casualidad que sea precisamente en la infancia cuando el carácter del niño está receptivo a los cambios, modificaciones y sugerencias que condicionarán su estructura psicológica el día de mañana y la forma de relacionarse en sociedad. Sabemos, espiritualmente hablando, que hasta los siete u ocho años el espíritu no completa definitivamente la reencarnación. Y esto tiene como objetivo precisamente la importancia de una educación parental en los primeros años de vida que ayude al niño a corregir sus deficiencias y estimular sus capacidades y virtudes.
Otro de los desequilibrios y distorsiones del proceso educativo actual viene de la mano de las políticas socio-educativas que abandonan la meritocracia y el valor del esfuerzo, y consideran que todos los infantes, por el mero hecho de serlo, ya están capacitados para superar los retos que la vida les presentará porque se encuentran bajo el paraguas social de colectividades permisivas que no les exigen esfuerzo alguno, contribuyendo de manera muy exacerbada en todo esto la propia actitud de algunos padres que nunca ven errores en sus hijos y cualquier dificultad la achacan al sistema o a los educadores que tienen la responsabilidad de formarlos.
Desde el aspecto espiritual, es un gravísimo error de los padres olvidar su gran responsabilidad en la formación intelecto-moral de los hijos, pues al no ayudarles en la corrección de sus deficiencias de carácter, reforzando sus cualidades positivas, están dejando indefenso al niño ante las dificultades que la vida les presentará el día de mañana, lo que, como ya estamos viendo, se traduce en grados de frustración, angustia, incapacidad y ansiedad que llevan al niño a distintas patologías, falta de confianza en sí mismo y abandono de cualquier tipo de deber o responsabilidad para la que no le han preparado.
Nunca como ahora los niños habían presentado en las sociedades económicamente avanzadas tantos grados de incapacidad, tendencias suicidas, frustraciones interiores, etc. Y nunca como ahora se han visto sometidos a la indefensión tan enorme que sufren muchos de ellos, pues al priorizar la ley del más fuerte, los casos de acoso escolar, suicidios prematuros y traumas psicológicos se extienden como una pandemia a una velocidad vertiginosa.
Si los padres quieren de verdad a sus hijos, deben enfrentar con seriedad y sentido del deber la educación de estos desde el mismo instante en que se conoce la gravidez de la madre.
Allan Kardec y la Educación como Base del Progreso
Allán Kardec coloca en el centro de la ecuación del progreso de las humanidades la educación. E incide notablemente en el hecho de que las sociedades avanzadas son aquellas que, habiendo educado a sus hijos, no solo en las cuestiones formativas del conocimiento, sino en las bases éticas y morales, una serie de leyes que construyen en la psicología del individuo una conciencia social que les permite hacerse empáticos y activos con el bien común, observan las reglas y normas ético-morales que ayudan al individuo a convivir en sociedad.
“Lo que es considerado justo en una época parece bárbaro en otra. Sólo las leyes divinas son eternas; las humanas se modifican con el progreso y seguirán cambiando hasta que se armonicen con las leyes divinas”
A. Kardec – ít 763 L. E.
Esta es una importante cualidad para procurar el mejoramiento de toda la sociedad, de ahí que el desarrollo de la moral, como afirma Aristóteles, sea la base principal de la educación. Y coincidiendo en el fondo de este importante asunto, Kardec preguntó en el ítem 793 del Libro de los Espíritus:
P: ¿Por cuáles signos podremos reconocer una civilización completa?
R: La reconoceréis por su desarrollo moral
Si, como afirmamos arriba, la disciplina y el amor son la base para construir en los niños una buena base educativa de respeto al semejante y de no hacer a los demás lo que no queramos que nos hagan, cuando la vida nos ofrece la oportunidad de colaborar siendo partícipes del mejoramiento de nuestro círculo social, no deberíamos soslayar nuestra aportación mediante el ejemplo ético y una contribución efectiva al esparcimiento del bien y las conductas que ofrezcan lo mejor de nosotros.
Precisamente una de las grandes deficiencias de la crisis moral que sufre todo el planeta viene dada por la escasa importancia concedida a la ética y la moral en la formación de los individuos. Salvo en las áreas del planeta donde la religión todavía es impuesta, parece confundirse religión con moral, y esta actitud es alimentada con el materialismo embrutecedor y el positivismo científico que ha creado un nuevo Dios basado únicamente en la ciencia y la tecnología, dejando de lado la importancia de la ética y la moral como base de la formación, educación y naturaleza humana.
El Hombre como Ser Moral e Inmortal
El hombre es, antes que otra cosa, un “ser moral e inmortal”, que transita evolutivamente por las eras y los mundos adquiriendo experiencias milenarias e individuales que le ayudarán a alcanzar el día de mañana el discernimiento necesario entre el bien y el mal para conquistar la plenitud y la dicha que le esperan. Y en ello, la educación moral es la piedra angular que permite comprender el sentido del deber y de la responsabilidad en la vida, favoreciendo así la madurez psicológica y el despertar espiritual que a todos nos aguarda antes o después.
Educación: Propósito y moral por: Redacción
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“El hombre es el único animal ético-moral que existe y que respeta una Ley escrita en su propia naturaleza”






