Preguntas y respuestas

CONCIENCIA Y FELICIDAD

Es importante tener las ideas claras sobre diversas cuestiones que en ocasiones se nos plantean, para ello nada mejor que acudir a las explicaciones y reflexiones que los conocimientos espirituales nos pueden ofrecer.

La mejor forma de comprender unas ideas espirituales es realizarse infinidad de preguntas en torno a ellas, procurando ver los pros y contras de las respuestas que nos ofrezcan, buscando siempre que todo ello no esté reñido con la sensatez, la lógica y la razón, pues de esa forma evitaremos toda fantasía, sensacionalismo y lo que es peor: el fanatismo, verdadera lacra que contamina los mejores principios y la buena voluntad de muchas personas que, sin pensar ni razonar, acogen y admiten toda idea por ilógica que sea.

 En este espacio, que ahora iniciamos, también tienen cabida las cuestiones que los lectores nos planteen sobre temas muy diversos, preguntas puntuales que atienden a inquietudes concretas que necesitan de una explicación lo más clara y razonada posible, la cual despejará esas dudas y ofrecerá una nueva visión que quizás antes les había pasado por alto.

Para comenzar, abordaremos uno de los temas que más preguntas y dudas suele generar: la felicidad; y aún más porque a todos nos atañe y nos preocupa.

HAY MUCHAS PERSONAS QUE PIENSAN QUE LA FELICIDAD LA DA EL DINERO Y LOS BIENES MATERIALES. ¿HASTA QUÉ PUNTO ES ESTO CIERTO?

El mayor índice de depresiones, incluso de suicidios, lo ostentan los países más desarrollados económicamente, y ocurre con mucha frecuencia en personas con un nivel muy alto, quienes tienen todo aquello que desean, salvo precisamente lo que más ansían: la felicidad.

Aunque también es cierto que carecer de lo más elemental para subsistir y ver como la propia familia padece hambre y todo tipo de carencias, resulta una prueba demasiado dura y difícilmente se suele llevar con alegría, por lo que tampoco hemos de achacar al dinero y a los bienes materiales en su conjunto todo el mal que se le supone, sino más bien al uso, bueno o malo, que realicemos de él, lo que nos permitirá adoptar en la vida una actitud más o menos acertada.

“El dinero no da la felicidad pero ayuda a conseguirla”, este dicho popular es cierto siempre que no tomemos los bienes materiales como un fin en sí mismos sino como un medio para obtener algo. Si únicamente nos preocupamos por atesorar bienes y posesiones físicas, a costa incluso de perjudicar o pisotear a los que nos rodean, nuestro comportamiento nos llevará a una actitud interior egoísta muy lejos de granjearnos la amistad y la simpatía de los demás, circunstancia que tarde o temprano nos creará un gran vacío interior e insatisfacción personal.

Existen personas que a pesar de tener que afrontar una situación económica difícil son capaces de sonreír, de tomarse la vida con alegría, de compartir con los demás lo poco que tienen, y en el fondo son personas felices, que viven la vida con mayor ilusión y esperanza que muchas personas que teniéndolo todo no saben aprovecharlo y administrarlo convenientemente.

¿SENTIMOS LA FELICIDAD A RAÍZ DE NUESTRAS ACTUACIONES Y CREENCIAS ESPIRITUALES, O MÁS BIEN ES ALGO PASAJERO QUE ÚNICAMENTE PERCIBIMOS EN CONTADAS OCASIONES?

Contar con la ayuda de una creencia de tipo espiritual es un primer paso para poder aspirar a la felicidad, o por lo menos a los primeros estados de ella, léase: satisfacción o paz interiores, conciencia tranquila, etc. Aunque no por el sólo hecho de pertenecer a ésta o aquella religión ya lo tenemos todo realizado, ni mucho menos, es en la práctica diaria, en nuestras actuaciones, pensamientos y sentimientos, donde demostraremos la veracidad de las ideas aprendidas.

Todos podemos hablar de la felicidad por la forma en que la hemos sentido y a raíz de qué situaciones vividas la hemos percibido, aunque a grandes rasgos se ha captado esa agradable sensación interior al realizar obras de bien por los semejantes, al ofrecer nuestra ayuda de forma totalmente desinteresada y altruista, al ser solidarios ante los problemas o vicisitudes ajenas, en fin siempre que hemos puesto en juego nuestras cualidades interiores en beneficio de los demás o incluso cuando hemos logrado dominar ciertas debilidades personales que nos perjudicaban seriamente, entonces hemos captado, aunque quizás tan sólo por unos leves instantes, esa FELICIDAD en su nivel más elevado.

¿PUEDE EXISTIR UNA VOZ INTERIOR QUE NOS INDIQUE EL CAMINO A SEGUIR EN LA VIDA ?

Por supuesto que sí, la voz de la conciencia. Esta nos indica qué debemos de hacer en cada instante, aunque es necesario que la escuchemos y que sepamos distinguirla entre nuestros gustos y deseos egoístas que muchas veces intentan confundirnos para tomar un camino o decisión equivocada.

Todos sabemos, porque hemos llegado a percibirlo en muchas ocasiones, que algo muy dentro de nosotros, la voz de nuestro espíritu, nos ha indicado que un determinado comportamiento, actitud, pensamiento o sentimiento, no han sido correctos, y que debemos de evitarlos en lo sucesivo. Si escuchamos ese sentir interior muchos de los problemas que hoy tenemos, muchos errores cometidos, hubiéramos sido capaces de evitarlos. Esa voz, no podemos explicarla muchas de la veces, ni siquiera tiene que ver en determinados casos, con la educación recibida, forma parte de nosotros, es nuestro bagaje interior, la experiencia de las múltiples existencias vividas, es la voz del propio espíritu que nos indica el camino a seguir, la misión que debemos de cumplir.

Muchas personas no son capaces de estar equilibradas y sentir paz interior porque no escuchan la voz de sus conciencias que les indican continuamente el trabajo a realizar, y porque se empeñan en hacer precisamente lo contrario, se sienten vacías, insatisfechas incluso depresivas. Ser felices es estar en armonía con nuestra propia conciencia, no lo olvidemos, pero sepamos distinguirla de esa otra conciencia material que únicamente mira por nuestros gustos y deseos egocéntricos.

Tras estas cuestiones, indudablemente, se nos pueden volver a presentar otras muchas, sin embargo cualquiera de ellas es posible contestarla y lo más importante aclararla a la luz del conocimiento espiritual. No nos detengamos ante cuestiones complejas si a primera vista no les encontramos solución, sigamos trabajando y esforzándonos pues ante muchas situaciones, será la experiencia y la constancia, además del consejo de otras personas con más años en el camino, las que nos irán conduciendo por un rumbo seguro. Utilicemos nuestra razón sin olvidarnos también del corazón, “pues éste tiene razones que la misma razón desconoce.

 

F.M.B.

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3 Comments

  1. J.R.C. Bay. PR.
    24 julio, 2014 at 00:39 —

    En este articulo F.M.B. comenta: “No olvidemos la razón del Corazón” ¿Puede el Corazón razonar? Como es posible que un musculo,que su función es, impulsar la sangre hacia el cuerpo, puda razonar como lo hace el Cerebro? Alguien me puede aclarar . Gracias.

  2. Anonymous
    24 julio, 2014 at 20:15 —

    Dicho así como podemos asegurar que el cerebro piensa. Este no deja de ser un órgano más del cuerpo. Los últimos avances en neurocirugía, dicen que el cerebro es tan sólo un instrumento de la conciencia. La conciencia está fuera de nuestro cuerpo físico, se sirve de él, el cerebro es un filtro pero tampoco piensa, quien transmite los pensamientos y sentimientos es la conciencia que preexiste al nacimiento del bebe y sobrevive a la muerte. lo del corazón es una manera de distinguir entre el intelecto y el sentimiento. Nunca hos oído decir, acaso no tienes corazon, ….

  3. 26 julio, 2014 at 19:05 —

    Es evidente que las últimas investigaciones sobre la conciencia confirman la evidencia de que esta no es una exudación del cerebro, sino que está por encima del órgano biológico. El pensamiento es ajeno al cerebro, que actúa como un receptor de radio, captándolo y transmitiéndolo de nuevo. Recomiendo el libro “La Prueba del Cielo”, del eminente neurocirujano americano Dr. Eben Alexander. Profesor en Harvard y una de las personalidades científicas más avanzadas en el campo de la neurología y la conciencia. En él relata su propia experiencia.

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