Evolución del espíritu

GRANDES SUFRIMIENTOS

Continuando con el análisis y profundizando en ese tipo de espíritus que han escogido, por su propia voluntad, el camino del mal, ya desde los inicios de su evolución, podemos comprender cómo y por qué existen, lamentablemente, ese tipo de hermanos sumergidos en las profundidades de las sombras, de las zonas abismales de los planos inferiores, cuyo único objetivo para ellos es el afán de poder, dominar a cuantos más espíritus débiles, enfermizos y desviados puedan, a fin de darle un sentido a su existencia, que no es otro que el de la práctica del mal, tanto en los planos espiritual y material.

Estos espíritus, por otro lado hermanos nuestros, por mucho que se hallen en ese estado de sumisión hacia el mal y estancados en su proceso evolutivo, todavía no han comprendido las leyes universales que a todos nos rigen, más allá de nuestro planeta. Esa es la razón por la cual viven solamente pensando en su presente, sin atender a nada más, dominados por el egoísmo y la más absoluta ignorancia acerca del proceso espiritual de perfección al que todos estamos llamados; del que no quieren saber nada, desconociendo que un día llegará en el que tendrán que comenzar a pagar por todo aquello que de sufrimiento causan a los demás, y por todas las violaciones constantes a la ley de amor, de justicia y caridad.

De ahí que veamos en algunas ocasiones a niños que a la más temprana edad, en lugar de desprender ternura, tienen ya expresiones de maldad, sin que nadie les haya enseñado ni hayan recibido un mal ejemplo o mala educación; les nace el ser así porque es el carácter que traen. No se doblegan ante nada, son rebeldes por naturaleza, y a la más mínima oportunidad recaen en los mismos vicios y perversiones, que son lo único que conocen y a lo que están habituados.

No obedecen a nada, no pueden ni quieren reprimir sus malos instintos, sus defectos y debilidades; la carencia de valores morales es en ellos casi absoluta, piensan que no hay una fuerza superior a ellos que les pueda doblegar y ponerles en una situación muy distinta a la que están acostumbrados, y así siguen cometiendo todo tipo de maldades y causando daño por doquier, porque solo piensan en su beneficio y en sí mismos.

Pero llega un momento en el que la LEY DE CAUSA Y EFECTO interviene, porque este hermano es imposible que, por sí mismo, pueda reflexionar y tomar el camino del bien, del cual está muy alejado y le es imposible tomarlo. Ha perdido toda su luz, su fuerza espiritual, la intuición, y su conciencia está completamente turbada, no puede corregirse ni quiere reorientar sus pasos.

Ha llegado el momento en el cual todo el peso de la ley comenzará a recaer sobre él por medio de reajustes, expiaciones y sufrimiento.

De arriba se toma la decisión de coartar su libre albedrío, siendo esta la única medida para que no siga alejándose tanto de la senda correcta y pueda comenzar su proceso liberador de todas aquellas imperfecciones y pasiones que le han conducido hasta ese punto de degeneración. Todo tiene un límite, y por fortuna siempre hay espíritus que velan por nosotros, así como las leyes de nuestro Padre que también quiere lo mejor para nosotros, teniendo que tomar una solución drástica pero necesaria. Esta es una medida extrema, pero es la única forma de poder recuperar a este espíritu, y también a sus cómplices y otros hermanos que le van acompañando durante siglos cometiendo delitos y demás tropelías, a fin de redirigirlos y procurar la sublime ascensión que a todos ellos les compete efectuar sin más excusas.

A partir de ese momento, su proceso evolutivo es intervenido. Ese crédito que por ley todos tenemos se ha acabado, ya no se le conceden más existencias con el uso de su libre albedrío. Comienza entonces una fase de vidas de sufrimiento, vidas difíciles, vidas destinadas a expiar y a hacerle consciente de todo aquello por lo que tiene que pasar para poder ir eliminando toda la maldad adquirida, por medio de la catarsis del dolor, y comenzar a ir desarrollando los valores de los que, por comodidad y egoísmo, no quiso desarrollar; optó por el camino más fácil.

Debemos comprender que la vida es un préstamo, no nos pertenece; es un medio, una oportunidad de progreso. Si no hacemos un buen uso de ella, lo que pudo convertirse en un gran adelanto en torno a nuestro progreso se convierte en una deuda, en intereses negativos de los que antes o después debemos dar cumplida cuenta. Por eso la ley tiene que intervenir, impidiendo que ese suma y sigue sea tan abrumador.

La ley de consecuencias determina que venga en la próxima encarnación en inferioridad de condiciones para que se vea distinto de los demás y por medio del sufrimiento empiece a arrepentirse de lo que han hecho. Comienza una serie de existencias en las que viene a expiar, y en cada una de ellas irán dejando parte de la maldad que han ido adquiriendo, al mismo tiempo que van resarciendo a todas sus víctimas de los males causados. Estas son las vidas predestinadas al sufrimiento, del cual no se puede escapar, cuyo programa no es otro que el  someter a este espíritu para que paulatinamente vaya perdiendo, merced al dolor y a verse impedido, toda la maldad acumulada, y empiece a sentir que sí puede cambiar, que quiera verse y estar en mucho mejores condiciones, como en realidad en su fuero interno quiere sentirse, y que además envidia el por qué otros muchos evolucionaron y se encuentran en el otro extremo del camino.

Al verse sometido e impedido por medio de una materia que no le deja manifestarse tal cual es, empieza a desgastar sus energías, empieza a comprender que no se puede permanecer durante toda la eternidad apartado de la senda del progreso sin dejar salir de su interior las cualidades que conserva innatas. Es una lección muy dura, pero hará que este espíritu comience a admitir que no puede realizar siempre todo aquello que le place sin pensar en el mal que causa, y en lo mucho que se aleja de su cometido como espíritu; que levante la mirada hacia su Creador y comience a implorar ayuda y esclarecimiento.

Con el paso de algunas existencias, este tipo de espíritus van comenzando a ser conscientes de todo por lo que han de pasar y las muchas deudas que tienen pendientes. Es entonces cuando ya piden venir en una existencia a pagar todo lo que puedan, voluntariamente, por medio de vidas de mucho dolor y sufrimiento, en las que vienen en condiciones muy deplorables; son aquellos casos en los que vemos a personas sumidas en una desgracia tras otra, en una enfermedad tras otra, y con todo en contra, vidas con tanto dolor y desgracia que nos hacen pensar en por qué viene una persona en esas condiciones. Es el resultado de tantas maldades y existencias lejos del camino del bien y del amor. En estos casos, estos hermanos piden una protección especial, piden ayuda desesperadamente a fin de llegar al término de la existencia, cumpliendo lo mejor posible el programa que se han planificado llevar a efecto.

Desde el plano espiritual son conocedores de todo aquello que le espera a estos hermanos, a nivel de sufrimientos que quizás no puedan soportar; se planifica la próxima existencia y por supuesto se les facilita, cómo no, esa doble protección para evitar que no sucumban ante tales pruebas y expiaciones, no opten por la vía del suicidio, y logren llegar hasta el final de su existencia pudiendo aprovecharla al máximo, y siempre con el fin de ir rectificando su carácter y sus debilidades con la mayor rapidez posible.

Aunque este proceso les puede llevar cientos de años y sucesivas encarnaciones, estos espíritus ya saben lo que no tienen que volver a hacer, porque están pagando con su vida  todo el mal causado anteriormente. Ya están encaminándose correctamente, están luchando por recuperarse y expiar sus deudas; es cuestión de forjarse a fuego como el acero mediante todo aquello que la ley le imponga.

¡Aquello que sembramos voluntariamente lo hemos de recoger forzosamente!

Estos son los destinos compulsivos, los designios que recaen sobre uno mismo, la llamada fatalidad, que no es más que el reajuste obligado de aquellos que escogieron el camino contrario a su evolución y que nunca quisieron por sí mismos reconocer sus errores y comprender que:

¡Aquello que se ata en la Tierra, en la Tierra se ha de desatar!

 

Grandes sufrimientos por:     Fermín Hernández

© Amor, Paz y Caridad, 2018

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