Editorial

FRENTE AL MIEDO Y EL MAL

“Lo que se hace por amor está más allá del bien y del mal”

 Friedrich Nietzsche – Filósofo

La tendencia a relativizar muchos conceptos e ideas sobre las emociones humanas o el contenido moral de las mismas lleva a muchos a pensar que el mal y el bien no son conceptos existentes o de naturaleza intrínseca, sino que apenas son percepciones morales que cada uno interpreta en base a su cultura, educación y creencias.

Si bien es cierto que los conceptos morales varían en función de la cultura, la sociedad o el medio dónde nos desenvolvemos, no es menos cierto que el bien y el mal son aspectos que existen por sí mismos. Siendo el bien todo aquello que procura el bienestar del hombre y el mal aquello que le produce malestar.

En relación a esto último surgen en el presente las emociones tóxicas o perturbadoras derivadas de los vicios, los defectos morales y los excesos de todo tipo y que incorporamos a nuestro acervo merced a pensamientos y acciones contrarios a las leyes divinas. Y por otro lado, el mal también tiene otro origen (kármico) que el hombre acumula desde tiempo inmemorial en su inconsciente profundo. Procedentes de miles de años de evolución, la herencia y la memoria del ser inmortal acumula no sólo las cualidades positivas sino también las negativas, o dicho de otro modo, aquellas cosas que le producen bien, confianza, seguridad, satisfacción o felicidad y aquellas otras que le suponen dolor, incertidumbre, desesperación o amargura.

Entre las últimas se encuentra una derivación de la primera emoción humana que apareció en el homo sapiens hace millones de años: el miedo. Esta primera emoción imprescindible en las etapas de primitiva supervivencia, ha venido mutando, pero sus acepciones siguen presente en la vida del hombre, y una de ellas es el temor. Cuando se teme es difícil amar. Cuando estamos bajo la penosa impresión del miedo surge a veces la violencia como medio de subsistencia, como un reflejo ancestral de nuestras primeras etapas evolutivas en las que teníamos que protegernos para sobrevivir a toda costa.

“Muy a menudo el miedo a un mal nos lleva a realizar uno peor”

Nicolás Boileu

El temor puede ser externo o interno, puede ser propio, como el que hemos explicado anteriormente o inducido, es decir que nos sobrevenga por causas ajenas a nuestro carácter o que nos sea impuesto por circunstancias o personas ajenas a nuestro propio ser.

El miedo, padre del temor, se combate con el bien y la entrega a una causa superior. La prueba más evidente es el ejemplo que han dado los grandes héroes o personajes de la historia. Aún a pesar de sentir miedo ante las grandes epopeyas que debían representar y afrontar, este era sobrepujado por el amor a una causa superior (amor al prójimo, a la patria, a unos ideales de justicia social, etc…) lo que les infundía el valor necesario para afrontarla. El miedo era inevitable, pero el amor y la voluntad por conquistar aquellos ideales que defendían era de tal envergadura, que con ello superaban ese temor a enfrentar la dureza de la prueba que tuvieran delante.

“La visión más valiente de la vida es ver a un hombre luchando contra la adversidad”

Seneca – Filósofo S.I d.C.

Cuando se entienden las consecuencias espirituales de una vida en la tierra, se sabe con certeza que venimos a progresar, a enfrentar retos y experiencias importantes para nuestra alma. Este hecho muchas veces nos coloca frente a situaciones en la que el temor a equivocarnos es importante. Sin embargo, aquél que es fuerte en sus convicciones y actúa bajo la premisa del altruismo, la verdad y el bien, siempre extrae fuerzas de flaqueza para superar cualquier temor a equivocarse. Priorizando la acción en el bien aún a riesgo de caer en el error.

También es cierto que las personas de conducta recta y conciencia limpia que trabajan en la vida por ser mejores día a día y ayudar a los demás, son siempre auxiliadas por el plano espiritual. Así, a las protecciones habituales que se tienen como consecuencia de ser almas encarnadas con un propósito de crecimiento en el bien, se unen todas aquellas fuerzas invisibles que elevan la voluntad de la persona hasta niveles impensables para ella misma antes de enfrentar los retos que se le presentan.

El bien es una corriente de amor en acción protegida, bendecida y apoyada por las potencias espirituales que gobiernan la tierra, procurando que aquellos que lo ejercitan puedan servir de ejemplo a sus congéneres. Ante esta situación, el miedo desaparece por completo, pues como en el caso de los héroes y algunos personajes de la historia, el temor interior se diluye por la entrega y el servicio a una causa superior inspirada por el amor, animada y propiciada por las inteligencias superiores que espiritualmente procuran el bienestar del planeta.

“El amor libera del mal a la mente”

Krishnamurti – Filósofo 

En estos casos el miedo sólo puede venir exteriormente, pues aquel que actúa como hemos explicado se encuentra seguro, protegido, confiado y sin temor alguno, sean como fueren los retos que deba enfrentar espiritualmente. El temor externo sólo acontece de forma esporádica cuando, sin buscarlo, entidades de baja condición encuentran una pequeña brecha en nuestro carácter por la que penetrar. Ellos son especialistas en sembrar la duda, la incertidumbre, la desconfianza y el temor. Sin embargo, contamos con el apoyo de la oración para rechazar estas intrusiones que pretenden hacernos desistir de nuestro camino.

Hemos de fortificar nuestro carácter en el bien para que, cuando estas influencias externas nos sorprendan por un descuido, poder reaccionar y rechazarlas cuanto antes, a fin de que no hagan mella en nuestro carácter ni en la determinación de cumplir con aquel compromiso que cada cual trae a la tierra en esta existencia.

Así pues, cuando se camina en el sendero de la luz, la abnegación, el sacrificio personal, la confianza en Dios y su justicia para poder servir y trabajar por los demás, nada hay que temer. Siempre estamos protegidos y amparados, y a la mínima perturbación podemos contar con el extraordinario recurso de la oración que proveerá de las fuerzas necesarias para alejar de nosotros cualquier intento de entorpecer nuestro camino en el bien y el amor.

“La persona que ama no tiene miedo. Donde hay amor no hay temor. El verdadero amor quita el miedo. Si alguien tiene miedo de que Dios lo castigue, es porque no ha aprendido a amar”

 

 

Frente al miedo y el mal por:   Redacción

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