Evolución del espíritu

LAS TRES EXISTENCIAS

12. “Con todo, esos mundos afortunados no son mundos privilegiados, porque Dios no es parcial con ninguno de sus hijos. A todos les confiere los mismos derechos y las mismas facilidades para llegar a ellos. A todos hace partir de un mismo punto, y no dota a unos, más que a otros. Los primeros puestos son accesibles a todos, a ellos corresponde conquistarlos por medio del trabajo; a ellos corresponde alcanzarlos lo antes posible o languidecer, durante siglos y siglos, en la hondonada de la humanidad.” (Resumen de la enseñanza de todos los espíritus superiores).

El Evangelio según el espiritismo.- Mundos superiores e inferiores; Allan Kardec.

Como pudimos valorar en el artículo anterior, cuando un espíritu progresa sin detenerse es porque ha grabado esa decisión de forma indeleble en su conciencia, mediante el uso de su fuerza de voluntad. Y cada nueva existencia representa otro reto para él, nuevas enseñanzas, nuevas experiencias, diferentes obstáculos a sortear, donde ejercitará sus cualidades, y dónde hará frente a los nuevos objetivos que le presenta la ley para acelerar su progreso. No es casualidad que un espíritu atraviese el camino de la evolución sin equivocarse, que evite caer en las tentaciones, y que aparte de él vicios, debilidades y defectos. Nada es casual ni aleatorio, todo obedece al determinismo de las leyes universales, y el individuo, como ser espiritual, no puede escapar a esa condición, pues sus conquistas debe realizarlas con el propio esfuerzo, con su trabajo, su tesón y su constancia.

El espíritu no es como la piedra que se va tallando y puliendo a medida que pasa el tiempo y permanece a merced de los elementos; no, con el espíritu no ocurre así. El espíritu se mueve por otros derroteros, pues no conseguirá progresar si como individuo no se aplica en la misión que tiene comprometida, si no se entrega en la lucha diaria ni corrige sus impulsos egoístas; si no se emplea en el servicio a los demás y supera el egoísmo y las debilidades que pudieran entorpecerle. No sólo necesita tiempo, necesita también trabajar en aras del bien común, colaborar y poner en práctica sus valores internos, cualidades que le permitirán afianzarse, vida tras vida, en su propio progreso.

Así, ese espíritu luchador, consciente de sí mismo, decidido a tomar el camino del bien común y a no apartarse nunca de él, vuelve nuevamente a tomar una materia física con ansias renovadas de trabajo y progreso. ¡Qué duda cabe que tendrá nuevas tentaciones, y que estas le incitarán a sumergirse en la maldad, a hacer daño a sus semejantes! Pero su trabajo previo en el plano espiritual, entre una vida y otra, le han aportado claridad de ideas y propósitos; habrá renovado los deseos de mantener las metas y afrontar enérgicamente las pruebas del planeta en el que se encuentre. Con fuerzas renovadas irá superando las pruebas que cada nueva existencia le presenta, evitando dañar a sus semejantes y sucumbir ante los equívocos que le podrían perjudicar. Intuye su futuro y ejercita su voluntad para alcanzarlo; rechaza todo aquello que, espiritualmente, no le conviene, y así, vida tras vida, cuando vuelve al plano astral, verifica que ha avanzado en su crecimiento personal, aunque no se haya elevado mucho, y se siente, cada vez, más fuerte.

En cada retorno al mundo de las formas domina, con más energía, su cuerpo físico, y aunque no tiene recuerdos de lo vivido y aprendido en vidas anteriores, su conciencia le intuye constantemente, fortaleciéndole y aconsejándole, para que nada le perjudique ni interrumpa su progreso, para que pueda culminar con éxito sus futuras encarnaciones.

Y así continúa durante siglos y siglos, porque la evolución no se efectúa a saltos. Y aunque ese ser espiritual no llegue a sucumbir a la maldad, su aprendizaje continúa lentamente. Todas esas etapas anteriores le han resultado útiles, le han permitido avanzar en su evolución. Pero llega el momento en que debe prepararse para acceder a un mundo superior, un mundo de regeneración. Sólo necesita ya de breves experiencias en los mundos de prueba, pues nada le queda por expiar, pero debe culminar su paso en estos mundos aún inferiores que son la antesala de los mundos de regeneración. En ese tránsito, los espíritus permanecen tan sólo el tiempo necesario para alcanzar las condiciones requeridas por ese nuevo mundo (mundo que se encuentra un peldaño más arriba en la escala evolutiva), y necesitan desprenderse de las taras y defectos que les impiden participar de ellos. Deben conseguir la suficiente evolución espiritual que les impida perjudicar al conjunto de esa humanidad superior a la que acceden, pues no pueden convertirse en un lastre, un obstáculo. Así lo dicta la ley del progreso.

Entonces, ese espíritu se prepara para, con tan sólo tres existencias (en las que se le pondrá a prueba en distintos aspectos), dar el salto a un mundo de regeneración. Los espíritus prudentes e inteligentes suelen dejarse pruebas como la riqueza, el poder y en definitiva las más difíciles para cuando se ven mejor preparados para superarlas; este puede ser el caso de estos espíritus que dejan para el final de su periplo en los mundos inferiores este tipo de pruebas, que todos hemos de superar antes de pasar a un mundo de regeneración. Eso le resulta suficiente para alcanzar ese mundo superior, un lugar donde efectuará otro tipo de  labor más fácilmente, un trabajo más acorde a su grado de evolución, pues las pruebas difíciles y más duras estarán ya superadas.

No obstante, debemos considerar que, en los mundos de regeneración, la perfección todavía no existe, aún queda lejos. Pero resultan imprescindibles una preparación y un nivel evolutivo adecuados, en donde el egoísmo, el afán de dominio, el orgullo, los celos y las envidias estén ya dominados. Es un mundo de transición hacia mundos superiores, y para acceder a él, los espíritus deben conseguir un elevado grado de pulcritud espiritual. Y a través de esas tres existencias, ese espíritu que mencionamos, ese espíritu que recorrió los mundos primitivos que la Providencia dispuso para su progreso y por los que pasó sin recoger atisbo de maldad; ese espíritu tiene que demostrar su preparación, para poder así integrarse al nuevo mundo de regeneración. Haciéndolo, culminará la fase previa de su evolución y conseguirá encauzarse hacia planos más perfectos y sublimes.

A grandes rasgos, ese podría ser el proceso de evolución de un ser, que desde el principio de su vida como espíritu se ha mantenido al margen de la maldad y de las imperfecciones. Y ésta podría muy bien ser la casuística propia del peregrinaje seguido por muchos espíritus.

“Ya te lo hemos dicho. Los espíritus fueron creados simples e ignorantes (ver párrafo 115). Dios deja al hombre que escoja el camino: tanto peor para él si opta por el malo… En tal caso, su peregrinaje será más largo”. El bien y el mal, Libro de los Espíritus, Allan Kardec.

            Recomendamos leer detenidamente la obra “El evangelio según el espiritismo”, capítulo III, dedicado a los mundos de expiación y prueba, donde se pueden extraer interesantes conclusiones que no contradicen, en absoluto, lo que tratamos en esta sección.

 

Fermín Hernández Hernández

© Amor, Paz y Caridad, 2018

Anteriores Artículos

FACULTADES MEDIÚMNICAS EN LA INFANCIA

Siguientes Artículos

LA COMPRENSIÓN DESARROLLA LA CONFIANZA

Sin Comentarios

Deja tu opinión

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.