ÉTICA EN LA REPRODUCCIÓN Y REENCARNACIÓN (2ª PARTE)

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Ética en la reproducción y reencarnación (2ª Parte)

SEGUNDA PARTE

Inseminación Artificial, Embriones y Fecundación in Vitro

“P: Puesto que la unión del espíritu con el cuerpo se consuma definitivamente con el nacimiento, ¿podemos considerar al embrión poseyendo un alma? R: El espíritu que debe animarlo existe fuera de él. El embrión no tiene, hablando con propiedad un alma, ya que la encarnación está en vías de operarse, pero sí se encuentra unido  al alma que debe poseer”. Allán Kardec – L.E., ít 353

1.- Inseminación Artificial

Sin duda ninguna, el mayor avance en medicina reproductiva se inició con la inseminación artificial. A través de ella muchas infertilidades en las parejas fueron solventadas y concedieron un horizonte de esperanza a aquellos que anhelaban ser padres, y por un motivo u otro no lo alcanzaban. La fecundación por inseminación ha proporcionado igualmente la oportunidad de ser madres a muchas mujeres que deseaban serlo, pero al no tener pareja quedaban imposibilitadas para ello. 

Sabemos igualmente que esas características de infertilidad y otras que impiden tener hijos no son casualidad, sino pruebas o expiaciones que los espíritus han de superar derivadas de errores cometidos en vidas anteriores. Y el hecho de que el avance de la ciencia les ofrezca la oportunidad de ser padres es, sin duda ninguna, un gran consuelo y sirve de gran ayuda no solo material, sino también espiritualmente, pues permite reconducir en la misma existencia esos procesos kármicos, aceptando un nuevo rol como padres que les ayuda a saldar deudas contraídas.

Como en cualquiera de las técnicas de reproducción asistida que hoy analizaremos, la intención es fundamental. Cuando esta última es noble y sana, el problema ético apenas existe en este caso, pues a la luz de los conocimientos que la doctrina espírita proporciona sabemos que ningún espíritu reencarna en la Tierra sin que sea autorizado por Dios. Por ello, si el niño no ha de venir, no vendrá, sean cuales sean las técnicas que utilicemos, o en el peor de los casos nacerá muerto. Analicemos y reflexionemos sobre este tema la cuestión it. 356 del Libro de los Espíritus, donde estos responden a Kardec lo siguiente:

“P:¿Hay niños nacidos muertos que no estaban destinados a la encarnación de un espíritu? R: Sí, los hay que no tuvieron jamás asignado a su cuerpo un espíritu. Para ellos nada debía realizarse. En tal caso, sólo por los padres llegó ese niño” 

2.- Embriones y F.I.V.

Extraer células madre de un embrión supone la destrucción del mismo. Y si creemos que la vida es sagrada y empieza en el momento de la concepción, esto sería una forma inaceptable de investigación”.  Dr. Francis Collins

El extraordinario avance de la medicina reproductiva, no únicamente de la regenerativa, ha supuesto la esperanza de muchas parejas que por diferentes problemas no podían acceder a realizar su sueño de ser padres. Sin duda, en estos casos la ciencia se une a la espiritualidad para facilitar los medios que permitan abrirse paso a nuevas vidas, a pesar del uso de métodos no habituales ni existentes en el pasado.

Como ya analizamos en el artículo anterior, la destrucción de los embriones, cuando son utilizados como células madre para la regeneración de determinadas prácticas médicas, supone la destrucción de los mismos. Y aquí aparece el primer y grave problema ético. Si la vida comienza con la unión del óvulo y el espermatozoide en la fecundación, todo embrión es ya vida en desarrollo, y por tanto su destrucción atenta contra la ley moral más sagrada: la preservación de la vida humana.

Desde nuestro punto de vista existe una gran incertidumbre en la obtención de embriones en los procesos de Fertilización in Vitro (F.I.V.), pues desde el punto de vista ético-moral se trataría de permitir nuevas vidas; aunque también aquí la línea delgada del principio de “no dañar” tiene un margen considerable de discusión. Si este procedimiento se realiza sin dañar otros embriones sería éticamente aceptable, pero desde el momento en que la vida se abre paso a través de la fecundación, previa a la formación del embrión, cualquier atentado contra la misma es un crimen moralmente reprobable ante la Ley de Dios.

Matizando las líneas morales de estas decisiones, observamos que no es lo mismo un aborto por cuestiones personales egoístas o espurias, que la destrucción de embriones en la búsqueda de nuevas vidas que puedan venir a la Tierra. Podemos encontrar un paralelismo ético en el Libro de los Espíritus cuando Kardec pregunta acerca del aborto y los espíritus superiores confirman que solo en un caso es lícito moralmente practicarlo: “Cuando está en peligro la vida de la madre; pues siempre hay que preservar la vida que ya existe que aquella que comienza”.

Esta afirmación, sin ser igual al caso que nos ocupa, presenta el interrogante de la duda al respecto de la F.I.V. (Fecundación in Vitro). Esta técnica consiste en fecundar las dos células (ovario y espermatozoide) fuera del útero materno para después realizar la implantación. Y para tener garantías de éxito, no se efectúa una sola fecundación sino varias, de forma que sean varios embriones los que puedan implantarse en distintas veces en el caso de que las pruebas fallen sucesivamente. 

El gran dilema viene cuando la FIV tiene éxito. ¿Qué hacer entonces con los embriones excedentes? En muchos países quedan congelados durante varios años a la espera de que los padres puedan volver a usarlos en el caso de necesitarlos nuevamente. Y una vez llegado ese plazo son desechados. ¿Esto tiene una repercusión ético-moral? ¿Hay espíritus ya vinculados a esos embriones desde la fecundación? ¿Permanecen entonces vinculados a esa materia en congelación si no son usados? ¿Qué ocurre entonces? ¿Cómo debemos actuar?

Difíciles preguntas que lógicamente tienen respuestas controvertidas. Partiendo de la base ético-moral podemos aceptar que cualquier postura firme contra la destrucción de embriones se posicionará en contra de la FIV. Sin embargo, algunos investigadores, filósofos y moralistas argumentan que, a pesar de la eventual destrucción de embriones excedentes después de la FIV, el deseo de una pareja de tener hijos es “un bien moral tan fuerte que justifica el procedimiento”.

El conocimiento de la ley de la reencarnación nos confirma que ningún espíritu viene a la Tierra sin que Dios conceda su permiso. Por ello, cuando la FIV tiene éxito, es porque ese espíritu ha de reencarnar con un propósito determinado y sus padres, que han buscado con ahínco la llegada del nuevo ser por todos los medios posibles, viven esa experiencia como una prueba espiritual aunque lo ignoren, pues no es casual que hayan tenido dificultades para concebir por medios naturales. 

“P: ¿Sabe el espíritu de antemano que el cuerpo que escogió no tiene posibilidades de vivir? R: Algunas veces lo sabe, pero si lo ha elegido por ese motivo, es por ello que a veces se echa atrás ante la prueba.” A.K., L.E., ít. 348

En muchas ocasiones se trata de parejas que practicaron atentados contra la vida en otras existencias (abortos, etc.) y ahora vienen aparentemente sanos, pero la maternidad se resiste al tener que desarrollar el deseo y el amor por tener un hijo al que anteriormente negaron la posibilidad de reencarnar. En otros casos la prueba es para el espíritu que reencarna bajo esas circunstancias.

Y atendiendo a la pregunta formulada arriba acerca de qué ocurre con los espíritus vinculados al embrión que quedan congelados, se dan dos supuestos. Por un lado, aquellos embriones que no albergan espíritus vinculados, pues como bien explican los espíritus superiores a Kardec en el Libro de los Espíritus, no toda vida biológica en formación tiene necesariamente un alma vinculada para reencarnar, véase los casos de los niños que nacen muertos (Léase la ít. 356 de arriba). Pudiendo acontecer igualmente que, sabiendo que no podrá reencarnar, algún espíritu vinculado pueda retirarse del embrión ya fecundado antes de que lo destruyan o lo congelen (se echa atrás ante la prueba. It. 348 de arriba).

Y por otro, sin duda, algunos de esos embriones congelados si tienen vinculados espíritus a ellos, lo que constituye una expiación durante un tiempo. Se trata de espíritus que despreciaron la vida o se suicidaron y con ello saldan su deuda con la ley, puesto que ahora, queriendo reencarnar no les está permitido, viviendo con angustia los momentos en los que se acerca la destrucción del cuerpo en formación. A su vez, algunos de estos espíritus albergan con ansiedad la decisión de los padres de que acepten traerles a la Tierra de nuevo, ofreciéndoles una nueva oportunidad de progreso.

Como vemos, la casuística es siempre variada y compleja. No obstante, sin querer establecer una definitiva norma ético-moral, si alguien nos pregunta la opinión, siempre seremos favorables al avance de la vida y el desarrollo de la ciencia. Salvando el hecho incontrovertible de que la destrucción de un embrión atenta contra las Leyes divinas que protegen la Vida.

Exceptuando la incertidumbre de la FIV, y aguardando que la medicina reproductiva alcance nuevos hitos de investigación dónde no sea necesaria la destrucción ni la congelación de embriones, consideramos que métodos reproductivos menos complejos como la inseminación artificial, son recursos favorables y extraordinarios dentro de la bioética y la moral. Pues sabemos a ciencia cierta que estos métodos no solo permiten la llegada de espíritus a la Tierra que necesitan reencarnar, sino que a su vez facilitan que entre padres e hijos se ayuden mútuamente a resarcir deudas del pasado (víctimas y verdugos, abortistas y abortados, suicidas e inductores al suicidio, etc.) mediante la expiación que les depura y les hace progresar, objetivo ineludible e imprescindible de toda criatura que reencarna.

(Continuará)

Ética en la reproducción y reencarnación (2ª Parte) por: Antonio Lledó flor

©2022, Amor, Paz y Caridad

P: ¿Cuál es el objeto de la reencarnación? R: Expiación, mejoramiento progresivo de la humanidad. Sin esto, ¿dónde estaría la justicia? Allán Kardec – L.E., ít. 167

 

Ética en la reproducción y reencarnación (2ª Parte) es continuación de: Ética en la reproducción y reencarnación

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