ÉTICA EN LA REPRODUCCIÓN Y REENCARNACIÓN

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Ética en la reproducción y reencarnación

PRIMERA PARTE

Genética y ADN. Células Madre y Clonación.

“Cuando aparece un conflicto entre el mandato de curar y la obligación moral de no hacer daño, surgen decisiones difíciles… la batalla entre la concepción científica y espiritual del mundo debe ser resuelta, necesitamos que ambas voces estén en la mesa de debate sin gritarse entre sí”. 

Dr. Francis Collins – Libro: ¿Cómo habla Dios?

La reencarnación no es solo la herramienta instituida como una Ley universal que nos permite volver a la vida una y otra vez a crecer y progresar espiritualmente; sino que intrínsecamente lleva consigo una serie de procesos que han sido ampliados con la evolución de las ciencias y la tecnología y que suscitan intensos debates ético-morales entre los científicos, los filósofos y los religiosos.

Hoy abordaremos esos debates que están en el conocimiento de todos por los medios de comunicación pero que, indudablemente, a la hora de adoptar determinadas decisiones, precisamos conocer el enfoque profundo que la espiritualidad nos ofrece para evitar caer en el error de decisiones precipitadas o erróneas que comprometan nuestro futuro espiritual o el de nuestros familiares o cónyuges.

Sin duda, el avance de la tecnología es extraordinario y nos ofrece métodos de reproducción asistida inimaginables hace ahora apenas cincuenta años. Estas cuestiones no están reñidas con la espiritualidad y el sentido de la reencarnación, pues sabemos a ciencia cierta que la vida se abre paso, y que ningún espíritu puede reencarnar en la Tierra si no está permitido previamente.

Sin embargo, el hecho de que existan métodos de concepción que antes no existían y que permiten a muchas personas tener hijos es algo muy positivo que viene a solucionar la esperanza y ansiedad de muchos matrimonios infértiles que encuentran en ello la solución que andaban buscando para formar una familia. 

Sabemos también igualmente que esas características de infertilidad y otras que impiden tener hijos no son casualidad, sino pruebas o expiaciones que los espíritus han de superar, derivadas de errores cometidos en vidas anteriores; y el hecho de que el avance de la ciencia les ofrezca la oportunidad de ser padres es, sin duda ninguna, un gran consuelo y sirve de gran ayuda, no solo material sino también espiritualmente, pues permite reconducir en la misma existencia esos procesos kármicos, aceptando un nuevo rol como padres que les ayuda a saldar deudas contraídas.

Veamos ahora algunos de los procedimientos que se encuentran a nuestro alcance en las sociedades desarrolladas para acceder a la maternidad por medios no naturales y su repercusión y enfoque ético-moral bajo las premisas de la ley de la reencarnación. Pero antes, y para que sirva de recordatorio, desde el punto de vista espírita hemos de hacer una salvedad. El espiritismo nos ofrece la clave que la ciencia todavía no acepta: El papel que juega el periespíritu en el proceso reencarnatorio. Bajo el comando del espíritu inmortal, este es el agente y modelo organizador biológico que compromete la fisiología del embrión y que establece en su estructura electromagnética las matrices necesarias para el programa reencarnatorio que todos traemos. Es precisa esta breve mención para que la tengamos presente a lo largo de los puntos que vamos a explicar.

1º.- Genética y ADN

“Dios tuvo un plan para crear unas criaturas con las que pudiera relacionarse; en las que pudiera inspirar una ley moral, en las que pudiera infundir un alma y a las que pudiera dar voluntad y libre albedrío para tomar decisiones sobre su comportamiento. Un don que nosotros utilizamos para hacer lo que no debemos. Yo creo que Dios utilizó el mecanismo de la evolución para conseguir su objetivo” Dr. Francis Collins –

El descubrimiento del genoma humano el año 2000 por el Dr. Francis Collins tuvo una enorme repercusión a nivel mundial. Una de las mayores consecuencias fue desmitificar el determinismo genético imperante con anterioridad a esa fecha, donde el mundo científico afirmaba: “Todo está en los genes”. Llegando a aseverar que éramos esclavos de los mismos, lo que llevaba como consecuencia la inexistencia del libre albedrío. 

Gracias a ese gran descubrimiento ahora sabemos que los genes son importantes pero no determinantes. Se creía que teníamos 100.000 genes y se descubrió que apenas rondamos los 24.000, bastantes menos que la mosca de la fruta que posee 35.000. Se creía que podríamos acabar con todas las enfermedades cuando dispusiéramos del mapa genómico de cada persona; y el descubrimiento del genoma puso en evidencia que los genes son el mapa, pero la activación, expresión e influencia de los genes en las células no depende de ellos, sino de otras energías como los pensamientos, emociones   y epigenética, que modifican los procesos de las proteínas y aminoácidos que afectan los receptores de las células. 

En palabras simples: “Los científicos habían convertido un supuesto científico en un hecho o evidencia falsa”, y este descubrimiento vino a poner a cada uno en su sitio. La mayor prueba de ello es que hoy, 20 años después del descubrimiento del genoma, y a pesar de los innumerables avances de la tecnología, la genética y la inteligencia artificial, las enfermedades siguen vigentes y afectando al ser humano de una forma u otra en todas partes. Otra prueba sobre esto es la pandemia que vivimos, que no hemos podido prevenir y aún no podemos controlar totalmente.

Realizamos esta introducción para comprobar que la ciencia avanza rápidamente, pero la tecnología mucho más. Y saber distinguir ambas cosas es muy importante. Respecto a la concepción humana (parte principal de la reencarnación) y la influencia de la genética y el ADN es algo ya comprobado; pues en el momento de la fecundación del óvulo por el espermatozóide, dos células distintas se funden en una sola formando el cigoto y heredando las características genéticas de ambas. Por ello en la reencarnación, la elección del espermatozoide se realiza mediante sintonía vibratoria por el periespíritu del reencarnante a través del óvulo magnetizado previamente (ver artículos de esta misma sección, meses nov. y dic. 2020 titulados ¿Cómo se Reencarna?).

Pero lo que heredamos en cada reencarnación a nivel biológico es el sustrato genético de nuestros ancestros, nunca las cualidades o capacidades psicológicas, morales o espirituales que siempre acompañan al espíritu inmortal vida tras vida, después de la muerte y en una próxima reencarnación.

El “modelo organizador biológico” (periespíritu) imprime en las matrices de los genes las características morfológicas que deberá tener el nuevo cuerpo (sexo, predisposición a enfermedades, deficiencias de funcionamiento, disfunciones, desarmonías energéticas, etc.). Todo ello conforme a la planificación que el espíritu realiza previa a la reencarnación y que forma parte de los recursos o deficiencias con las que se deberá enfrentar en la nueva vida que comienza.

Así pues, nuestro ADN presenta las características que el propio espíritu necesita para cumplir su trabajo en la Tierra. La energía del periespíritu en la formación embrionaria sobrepuja la expresión genómica en las células humanas desde su formación y desarrollo, condicionando la forma biológica resultante, e incluso modificando excepcionalmente la fisiología. Por ello, la morfología de nuestro cuerpo es siempre la adecuada para aquello que venimos a realizar; y por ello también existen rasgos genéticos que no se heredan y no se expresan, a pesar de haber tenido durante varias generaciones una preponderancia destacada en nuestros ancestros. Conforme al plan reencarnatorio anterior a la concepción.

“Cada alma trae un cuerpo según los méritos de sus previas acciones”.

Orígenes de Alejandría – Filósofo y Padre de la Iglesia, s. II d.C.

Siendo la reencarnación la herramienta clave que permite la evolución del alma, y estando impresa en esta última la ley moral que Dios otorgó al hombre para conducirse hacia la plenitud, podemos concordar en la afirmación del Dr. Collins, citada arriba, al respecto de que Dios utiliza el mecanismo de la evolución para llevar a cabo el plan que diseñó para el hombre como la especie que puede conocerle; y mediante el libre albedrío conducir su propio comportamiento y decidir su destino.

2º.- Células Madre y Clonación

La frase que da inicio a este artículo es uno de los principios de la bioética y del código deontológico de la profesión médica desde Hipócrates. No todo vale o es permitido a la hora de la investigación científica; existen límites que la praxis médica correcta no sobrepasa; a pesar de que algunos científicos, investigaciones o determinados programas estatales no contemplen la dignidad humana y, guiados por sus egos, intereses espurios o de otro tipo, no tengan ningún escrúpulo en dañar o perjudicar con sus investigaciones determinadas especies o al hombre mismo en su fase embrionaria. Es aquí donde surge el debate ético de las células madre y de la clonación. 

El ADN se encuentra en cada célula de nuestro cuerpo, y la plasticidad de estas células madre (aquellas que tienen el potencial de desarrollarse en diferentes tipos de células) ha permitido los procesos de clonación. Sin embargo, la controversia y desacuerdos entre los propios científicos sobre “beneficios y riesgos” de esta investigación es cada día más acuciante.

La clonación consiste en la extracción del núcleo de una célula con su ADN y su inserción en el citoplasma de una célula de óvulo, que permite al nuevo embrión un ADN idéntico al de la célula original. Esto es posible debido a la flexibilidad del genoma y lo positivo ha sido comprobar cómo las células madre pueden convertirse en una célula de hígado, de riñón o una neurona. Células madre de la médula espinal podrían convertirse en células hepáticas para ayudar a un autotrasplante de hígado usando la médula del propio individuo. Este debería ser el futuro de la medicina regenerativa, siempre y cuando no se usen las células madre de un embrión que destruyen una vida en formación. El principio del juramento hipocrático y bioético de “no dañar” tiene en este caso toda su fuerza y justificación.

P:¿El cuerpo es el que influye sobre el espíritu para mejorarlo, o es el espíritu el que influye sobre el cuerpo? R: Tu espíritu lo es todo. Tu cuerpo constituye una vestidura que entra en putrefacción: he ahí todo… A. Kardec – L.E. Item 196 a

La filosofía espírita de Allán Kardec y el enfoque profundo de la importancia del periespíritu como modelo organizador biológico en la formación y desarrollo de los embriones y posteriores fetos, es una respuesta importante a la idoneidad o no de la clonación humana. Ningún alma reencarna sin el permiso y la planificación adecuada, por lo que suponer que pueden crearse “copias humanas de personas idénticas” es ignorar que cada alma es individual y que la biología está condicionada a la energía e impresión que el periespíritu ejerce en la célula desde el momento de la concepción. El cuerpo no posee inteligencia, libre albedrío ni voluntad propia, estas son cualidades del alma, y como tales pertenecen a cada espíritu de forma individual antes de venir a la Tierra; por lo tanto, nadie puede copiarlas ni reproducirlas para colocarlas en un nuevo cuerpo biológico.

El equilibrio entre investigación y bióetica debe estar siempre presente, pues de lo contrario corremos un riesgo serio y evidente de actuar contra las más elementales leyes morales que cercenan la vida o cosifican al ser humano como un objeto de investigación y no como un alma inmortal que merece respeto y dignidad. Confundir cosas con personas es el grave error que se comete y que atenta contra las más elementales normas de respeto a la vida.

La mejor opinión sobre la cuestión ética de la clonación humana con carácter reproductivo la extraemos del Dr. Francis Collins en su libro ¿Cómo Habla Dios? Opinión que compartimos plenamente   y que reproducimos a continuación, porque confirma los planteamientos ético-morales que sustentamos y los riesgos y beneficios de esta práctica en los seres humanos.

“Científicos, teólogos, filósofos y legisladores son unánimes en que la clonación reproductiva del ser humano no se debe intentar bajo ninguna circunstancia. La razón principal se basa por un lado en las fuertes objeciones morales de fabricar copias humanas de manera antinatural. La segunda objeción es la seguridad, ya que la clonación reproductiva de cualquier otro mamífero ha demostrado ser un esfuerzo increíblemente ineficiente y propenso a los desastres, en los que la mayoría de los clones han terminado en aborto o muerte prematura infantil. De los pocos que han sobrevivido al nacimiento, casi todos han sido anormales, incluyendo la famosa oveja Dolly .

(Continuará)

ética en la reproducción y reencarnación por: Antonio Lledó

©2021, Amor, Paz y Caridad

«Es probable que en unos pocos años la ciencia pueda clonar un cuerpo humano deficiente o prematuro; pero nunca logrará clonar un alma, pues no existen dos espíritus iguales y por tanto biológicamente, las cualidades del alma que es energía pensante e individual, no pueden duplicarse».

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