Enfocando la actualidad

EL SENTIDO DE LA VIDA

“Si contribuyes a la felicidad de otras personas, encontarás el verdadero bien, el auténtico significado de la Vida.”

Dalai Lama

Puede parecer algo sabido o que tenemos claro por la fuerza de la costumbre; pero si nos paramos a analizar un momento, con sinceridad, sobre lo que la vida significa para cada persona, comprobaremos cómo nuestras ideas, creencias o principios sobre la cuestión no son todo lo sólidos que solemos pensar.

Sin duda la educación, la cultura, la tradición, las costumbres y la religión, son aspectos importantes que ayudan a formarse un criterio personal sobre el significado de la vida humana. No obstante, podemos comprobar fácilmente que todo lo que se nos dice al respecto no es fruto de nuestra propia reflexión, sino de clichés establecidos por otros, por ideologías o creencias que nos vienen sobrevenidas sin que nosotros intervengamos de antemano.

A veces es pues conveniente pararse en el camino y, ante las circunstancias y vicisitudes que nos rodean, ponernos a pensar por nosotros mismos, acerca de cuáles son aquellas razones, principios, emociones, creencias o postulados que realmente sintonizan con nuestro interior sobre lo que creemos firmemente que es la vida humana.

Para ayudarnos en este aspecto intentaremos abordar el tema desde tres ángulos o perspectivas diferentes: la filosófica, la psicológica y la espiritual.

Desde antiguo el sentido de la vida preocupó a los grandes pensadores y hombres de ciencia. Tanto es así que muchas veces la religión se apropió del sentido de la vida en los pueblos primitivos; haciendo dogma en cada lugar sobre aquello que cada religión consideraba como más importante en este sentido. No obstante, las voces discrepantes surgieron paralelamente en todos los tiempos y lugares; enfrentando las teorías oficiales que los sacerdotes o religiosos del lugar pudieran mantener, con aquellos libre pensadores que se atrevieron a desafiar la opinión establecida por amor a la verdad.

Desde el antiguo Egipto; donde la revolución religiosa de Amenofis IV (Akenatón) cambió radicalmente los dioses egipcios y la concepción que se tenía de la vida y de la muerte; pasando por la religión Zoroástrica de Persia, la Grecia clásica, Mesopotamia, Asiria, Babilonia o Israel. En todos los pueblos antiguos, una transformación religiosa conllevaba nuevos conceptos sociales que implementaban otros modelos, cambios en el pensamiento y en las costumbres. Otro ejemplo fue Moises, que trajo un decálogo que fue posteriormente reformado por Jesús en la tradición Judeo-cristiana; modificando los conceptos de ojo por ojo por el de amar y perdonar a los enemigos.

Pero además de las religiones, las costumbres y las tradiciones de los pueblos; la historia de la filosofía nos ha mostrado a lo largo del tiempo diferentes concepciones sobre lo que es la vida. Por exponer alguna de las más actuales: la vida es propósito y significado. Es propósito porque cada persona busca, directa o indirectamente, realizarse mediante un logro que suele considerar el propósito principal de su existencia. Y es también significado, porque para conseguir el propósito de la vida hay que actuar de forma que aquello que hagamos tenga un significado importante para nosotros que nos confirme que vamos en la dirección adecuada para conseguir el propósito.

A nivel psicológico la vida tiene un profundo sentido trascendente. Así nos lo explica uno de los eminentes psicólogos de las últimas décadas. Victor Frankl, neurólogo y psicólogo austriaco, Dr. Honoris causa en más de 28 Universidades de todo el mundo creó una psicoterapia llamada “logoterapia” consistente precisamente en explicar que la vida tiene un sentido; y que éste es principalmente la trascendencia.

El hombre quiere trascender, quiere dejar huella, mediante un ejemplo, una obra musical, literaria, siendo un buen padre, dedicándose altruístamente a una causa noble, etc. Todos ansiamos dejar huella, perseverar en la memoria de los que nos aman, aunque conscientemente no lo admitamos. Y en ese anhelo de trascendencia juega un papel importantísimo la libertad de poder elegir y el amor; este último es un sentimiento que sublima al ser humano por encima de su propia identidad.

Para Frankl, no somos únicamente materia, ni solamente una máquina biológica, psicológica y social; sino también espiritual, trascendente, capaz de sublimarnos y elevarnos a través del amor. Ese es el sentido psicológico de la vida.

“La preocupación o desesperación por encontrarle a la vida un sentido valioso es una angustia espiritual, pero en modo alguno representa una enfermedad.”

Victor Frankl – Psiquiatra

Y el sentido espiritual de la vida no es ni más ni menos que un “sentido moral”. En la acepción que tiene la palabra moral, despojada de connotaciones religiosas, y que significa realmente la capacidad de las personas de distinguir el bien del mal. El hombre es un ser moral porque ha sido dotado de libre albedrío; y esta libertad que nadie nos puede arrebatar como confirma Frankl, nos permite decidir por nosotros mismos que camino escoger; el de lo correcto o el de lo incorrecto, el bien o el mal.

Si añadimos los conocimientos que la ciencia del espíritu nos proporciona al respecto, veremos que la propia inmortalidad del alma reside en la conciencia del indivíduo y el progreso moral es el principal objetivo de la vida de toda persona aquí en la tierra. Esta visión ofrece una perspectiva mayor; pues se comprende que la vida no acaba con la muerte; siendo esta última únicamente una transformación, donde prescindimos de un cuerpo biológico para seguir viviendo integralmente en estado espiritual, en otro plano de conciencia, revestidos de un cuerpo semi-material llamado periespíritu que nos ofrece todo tipo de experiencias intelectuales, psicológicas, sensitivas y espirituales.

La muerte no existe como tal (cesación de la vida), todo se transforma en el universo; la materia se convierte en energía (como ya ha demostrado fehacientemente la física cuántica), y la energía en distintas agregaciones moleculares y atómicas dan lugar a la existencia de la materia. Así pues, cuando hablamos del sentido de la vida, hemos de hacerlo desde un punto de vista integral; es decir, desde todos los aspectos y formas de vida: la física y la espiritual.

También en la vida espiritual existe un sentido, que se haya perfectamente imbricado con el que se posee cuando tenemos un cuerpo biológico; pues en ambos casos el sentido principal de la vida es el progreso moral, el avance intelectual y el ascenso en la escala evolutiva del alma humana. Después de una temporada en el espacio, -totalmente relativa en función del progreso del espíritu- el ser inmortal decide regresar a un cuerpo físico mediante el proceso de la reencarnación, a fin de seguir aprendiendo, experimentando, creciendo y avanzando en potencialidades como la inteligencia, la conciencia, el amor, el desarrollo integral, la reparación de sus faltas y la liberación de las amarras materiales que le atan y esclavizan a los mundos transitorios de la materia.

Ello es debido a que la verdadera vida es la del alma; pues esta última es inmortal, y cuanto menos materializado se encuentra el espíritu, más capacidad, más vida y más felicidad experimenta, no encontrando obstáculos para su desarrollo y su crecimiento integral hacia la plenitud y la felicidad. Las teorías materialistas del hombre que abogan por una creación basada en el azar, la fuerza ciega y la inexistencia de una causa inteligente en el universo, se encuentran en franco retroceso mayormente por el avance de la propia ciencia.

Después de siglo y medio de adoctrinamiento cultural y educativo basado en el materialismo, el individualismo y la falsa creencia de que “sólo la evolución” puede explicar el origen del hombre y de la vida, estos conceptos han calado tan hondo  en las costumbres y principios de la sociedad que, todavía hoy, la ciencia encuentra enormes obstáculos para avanzar en el camino de la búsqueda de la verdad.

Para ello se hace preciso, -como muchos hombres de ciencia reclaman desde hace décadas-, eliminar los prejuicios de una explicación basada únicamente en el “orden material para el universo, como una máquina biológica para explicar al hombre y un sin sentido basado en la nada” enfrentando de una vez el estudio de “la realidad inmortal del ser humano y el origen de la creación por una causa primera e inteligencia suprema”, para intentar entender la perfección de las leyes que rigen en todo el universo físico y espiritual.

Vivimos tiempos extraordinarios en todos los sentidos; y pronto, en menos del tiempo que pensamos, el avance científico acercará el hombre y el universo a Dios de una manera extraordinaria; para hacernos comprender que el sentido de la vida se haya comprendido dentro de un plan mayor: una creación extraordinaria por parte de la Inteligencia Suprema y Causa Primera del universo; que ha creado este último para que el hombre lo explore, lo descubra, lo investigue, y a través del mismo alcance su propia plenitud, felicidad y perfección mediante su propio esfuerzo. Al tiempo.

El sentido de la vida: Antonio Lledó Flor

© 2017, Amor, paz y caridad

“Si crees en la reencarnación, la vida es como la escuela. Cada vida sirve para preparar la siguiente, hasta que obtienes finalmente el título superior de la escuela de la vida y de la muerte”.

Lou Marinoff – Filósofo – Libro: Más platón y menos Prozac

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