Leyes Universales

DESEOS Y RENUNCIAMIENTOS 3

Deseos y sentimientos. – Hay una ínfima relación entre deseos y sentimientos. Según la naturaleza del deseo o cosa deseada, así es el sentimiento hacia ella. Por ejemplo, cuando surge el deseo de una buena acción, fácil es comprobar que, de inmediato surge también un sentimiento de bien. Y lo mismo acontece en sentido negativo.

Los deseos relativos a las cosas del mundo, están en la naturaleza inferior y agudizados por influencias exteriores; mientras que, los deseos sublimes son nacidos del Alma y precursores de sentimientos nobles, generadores de dicha.

Los deseos y la acción. – Todas nuestras actuaciones, buenas o malas, surgen primero del deseo y éste invade la mente.

Por estímulos externos, y a veces internos, surge la imagen-motivo que, según su naturaleza, hace impacto en la facultad sensorial del alma humana o del Alma espiritual. Entonces, surge el deseo, que impele a la acción.

Mas, he aquí el punto exacto, el momento preciso, en que debe intervenir la facultad raciocinativa de la Mente, antes de actuar, para analizar; más o menos en estos términos:

— ¿Atenta este deseo contra las leyes de la Vida?
— ¿A dónde me conduce este deseo que surge de mí?
— ¿Puede este deseo beneficiar o perjudicar a alguien?
— ¿Interfiere este deseo en mi propósito de superación y perfeccionamiento?, etc. etc.

A veces, este análisis puede ser de una fracción de minuto, otras puede requerir más tiempo. Pero, el análisis previo a la acción, es completamente indispensable.

A esto, podemos denominar control; y de este modo evitar el dar cabida en nosotros a deseos no dignos, que inducen a actuaciones de las que luego tenemos que arrepentimos. Y con esta táctica o modalidad, no se reprime el deseo, toda vez que no se le da cabida.

Deseo reprimido es, cuando ya se le ha dado cabida; porque, ese deseo presiona sobre la mente para manifestarse, con lo cual se produce una tensión perturbadora.

Todo deseo ejerce fuerza o presión sobre la mente, en proporción a la intensidad del deseo. Y los deseos no controlados, al igual que las pasiones, pueden convertir al individuo en un autómata, si no los controla en el comienzo.

Es en el comienzo, cuando debemos medir las consecuencias de todo deseo naciente.

Confucio dice: *Cuando el hombre se torna materialista y deshumanizado, el principio de la razón se destruye, y él se hunde en sus propios deseos”.

Sublimación de los deseos. – Si queremos librarnos de las vidas humanas de sufrimiento y de un despertar doloroso en el más allá, mantengamos deseos y sentimientos sublimes de bien hacia todos y hacia todo.

Y esos deseos y sentimientos nos inducirán a su realización. Pues, para toda realización, necesario es el deseo, que actúa como fuerza estimulante de la voluntad.

Toda persona que siente en sí, bondad hacia sus semejantes y deseos del Conocimiento, representa la encarnación de un Espíritu ya más evolucionado y ansioso de progreso. Pero, esos deseos son, muchas veces, neutralizados por las atracciones del mundo de hoy. Atracciones que, cual espejismos, fascinan y muchas veces apartan a la persona del compromiso y deseo de progreso que su Espíritu siente; retrasando así, su evolución.

Debemos conocer que, todo deseo insistentemente alimentado lleva a la acción. Basados en este fundamento, que es ley de Vida, determinémonos a alimentar deseos dignos de amor, de realización fraterna. Propongámonos un ideal noble, deseándolo intensamente; y por ley de vibración y afinidad, atraeremos fuerzas mentales, energía realizadora, que nos ayudarán a realizar esa idea; que puede ser de:
perfeccionamiento y autorrealización, de salud mental y física, de sabiduría, de amor en servicio fraterno, que irán purificando el alma del magnetismo mórbido generado por errores en el pasado, y aún en el presente.

Y con la voluntad, que es fuerza realizadora, puesta en acción por la fuerza estimulante del deseo; podremos alcanzar esas metas, ya que ello está dentro de las leyes que rigen la Vida, que son leyes divinas.

Aprendamos a crear y estimular en nosotros, deseos sublimes de amor a todos y a todo, a fin de que nuestra alma humana se sensibilice y sirva de manifestación de nuestra Alma espiritual, que ansia realizar el programa del Espíritu y elevarse a las excelsitudes del Amor Supremo.

Deseos y renunciamientos 3 por:  SEBASTIÁN DE ARAUCO.

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