Bajo la Luz del Espiritismo

EL NACIONALISMO

Este es el significado de nacionalismo según la R.A.E.:

1.- Doctrina y movimiento políticos que reivindican el derecho de una nacionalidad a la reafirmación de su propia personalidad mediante la autodeterminación política.

2.- Apego especial a la propia nación y a cuanto le pertenece.

Trataremos de aplicar el conocimiento espiritual para analizar los pros y los contras que puede conllevar el nacionalismo y las ideas que del mismo se pueden desprender, teniendo en cuenta especialmente el significado y repercusión de la Ley de la Reencarnación, por la cual es necesario comprender y asimilar en profundidad que el espíritu no tiene patria y, como tal, encarna en cada vida allá donde nuestro Padre se lo permite, obedeciendo a diversos factores, principalmente a sus méritos, y a todo aquello que le conviene para su ascenso espiritual en cada nueva vida que se disponga a tomar.

Somos, por tanto, ciudadanos del Universo.

Recordemos estas bellas palabras con las que Jesús ilustró a Nicodemo, miembro del sanedrín de los judíos, uno de los pocos que comprendió la naturaleza y la elevación de Jesús:

En verdad, te digo, que no puede entrar en el reino de Dios, sino aquel que fuere renacido de agua y de Espíritu. Lo que es nacido de carne, carne es; y lo que es nacido de espíritu, espíritu es.  No te maravilles, porque te dije: os es necesario nacer otra vez.- El espíritu donde quiere, sopla; y oyes su voz: mas no sabes de donde viene, ni adónde va; así es todo aquel que es nacido de espíritu.

Los conocimientos espirituales tienen como objeto iluminar nuestra vida para encaminarnos lo mejor posible y sepamos tomar las decisiones más adecuadas en cada situación. La vida ya de por sí es difícil, más en la actualidad, donde son muchísimos los factores que nos pueden condicionar, sugestionar, confundir y, dicho con otras palabras, desorientar, influenciarnos de modo no apropiado para lo que son los objetivos y metas que desde el espacio nos propusimos alcanzar.

Estamos continuamente salpicados de informaciones y conocimientos, muchos de los cuales carecen de la ética y la moral; en esencia, les falta el principio de verdad y de realidad, el principio espiritual que debe ser la base que sostenga nuestros actuar en el día a día.

“Nuestra verdadera nacionalidad es la del género humano”.

Herbert G. Wells narrador, filósofo y político inglés.

En principio, el nacionalismo no tiene por qué ser negativo o perjudicial; en absoluto, todos amamos nuestra tierra, nuestras raíces, la cultura y todos los elementos que con el paso del tiempo se han arraigado en un punto concreto de la geografía. Esto es así en todos los sitios, todos los pueblos tienen su historia, su cultura, sus hitos y su personalidad, su idiosincrasia, etc. Pero esto no hace a un pueblo mejor que otro. Tan sólo nos hace diferentes.

Creer y mantener que un pueblo pueda tener privilegios sobre otro, concesiones o gozar de mayores ventajas y beneficios, es una injusticia, es un argumento de otros tiempos felizmente ya superado que carece de validez.

No es necesario, pues, ser nacionalista para identificarse, amar y defender nuestra nación y cultura. Es algo natural y procedente, siempre y cuando no se exceda y se generen gérmenes de fanatismo o separatismo contra cualquier otra nacionalidad. Es aquí donde radica el riesgo de convertir el amor hacia nuestra tierra en un fanatismo cerrado y exacerbado, y como consecuencia, en una fuente de conflictos.

No olvidemos las grandes lecciones que nos da continuamente la historia: donde antaño creció y se desarrolló una gran cultura, una gran civilización, con el paso de los siglos ha desaparecido prácticamente. Véanse Egipto, Grecia, Roma, las grandes culturas precolombinas, las grandes culturas del Medio Oriente, cunas de la civilización, y otras muchas que han quedado diseminadas por toda la corteza terrestre. ¿Qué ha quedado de ellas?

España, sin ir más lejos, fue un gran imperio en el que no se ponía el sol. ¿Qué queda ahora del mismo? Quizás la arrogancia, el orgullo mal entendido, la prepotencia, la codicia, el excesivo afán de grandeza, el menosprecio hacia los otros pueblos y naciones, entre otras muchas causas, fueron la causa de que, al mismo tiempo que dicho imperio se levantó, en pocos siglos se desvaneció.

Por lo tanto, debemos ser humildes para seguir haciendo a nuestros pueblos y naciones más grandes, más prósperos, más libres, más solidarios y fraternos, más respetuosos y tolerantes con todos aquellos que, por no haber nacido allí, no significa que sean menos que nosotros, ni que sobren o estén de más en nuestra tierra. Al contrario, les debemos el amor y el respeto que todo ser humano se merece, y cómo no, la gratitud por todo aquello que nos puedan aportar.

Paradójicamente, las naciones más ricas de la tierra son aquellas que han acogido a multitud de inmigrantes, que tuvieron que dejar sus países por la falta de condiciones para sobrevivir dignamente. Todos estos inmigrantes contribuyeron con su trabajo y esfuerzo, en grandísima medida, al avance y enriquecimiento de dichas naciones receptoras. ¿Por qué ahora la tendencia es todo lo contrario? ¿Por qué ahora esta incipiente lucha y rechazo a la inmigración?

Sin duda, tenemos poca memoria.

El nacionalismo por:  Fermín Hernández Hernández

© Amor, Paz y Caridad, 2018

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