Psicografías

EL GUÍA EDUCADOR

REFLEXIONES DESDE EL OTRO LADO (*)

Continuando con las explicaciones desde este otro lado; ahora sí con la claridad y lucidez que mi estado me permite, toca hablar de la importancia que mi guía espiritual tuvo en el desarrollo y realización de mis compromisos espirituales en la tierra.

Se asignan adjetivos a los espíritus protectores que orientan a los hombres en su trayectoria terrena; pues bien, yo decidí hace tiempo llamarle “educador”, y ello a pesar de saber, incluso en la tierra, quién había sido y cual fue su trabajo en una vida anterior, ilustre representante en mi país del movimiento espirita, e incansable luchador por los derechos de los más desfavorecidos.

Pero lo importante para mí no era quién fue, sino qué hacia conmigo, cómo me inspiraba, asesoraba, informaba, educaba y callaba cuando mis actos, pensamientos o actuaciones no correspondían al programa que debía conseguir y en el que él estaba igualmente comprometido.

Es, sin duda, una de las importantes labores de los espíritus guías o protectores: educar, corregir, encauzar y orientar con dulzura, delicadeza y paciencia a aquellos con los que tienen el compromiso de guiar. Esto no tiene nada que ver con inmiscuirse, violar el libre albedrío de aquel al que asesoran, apuntar, o influenciar desatinadamente para la consecución de aquello que se pretende, sin respetar la voluntad del protegido.

No son apuntadores, no pueden intervenir en nuestro libre albedrío, y a pesar de que estemos haciendo las cosas mal, a lo único que pueden aspirar es a advertirnos, a avisarnos de que no vamos por el buen camino. Pero hasta ahí llega su intervención, no más. El amor que profesan a aquellos a los que orientan, tiene a su vez la recompensa de procurar afinizar sus pensamientos con el espíritu encarnado al que protegen.

Si se trata de espíritus de elevada condición, es difícil que pierdan el tiempo con espíritus encarnados de baja elevación moral. Antes al contrario; la regla es que el protector es un ser siempre más elevado que aquel al que orienta y le toca guiar; pero no tan purificado como para pertenecer a las esferas superiores que algunos pretenden. Es mayor, y al mismo tiempo, directamente proporcional la magnitud, pureza y elevación del protector con la de su protegido.

Imaginemos a Jesús, divino maestro, que en base a su condición angélica, sólo podía recibir la protección de seres iguales o superiores a él; por ello era directamente inspirado por Dios. Nos cuesta entender esta realidad, pero así es como se articula el proceso del guía con el protegido.

En mi caso, y en base a mi limitada condición moral, tuve no obstante la gran ayuda de un ser elevado y trabajador incansable, que supo dotar a mi alma de la necesidad de aprender y trabajar. Ello en una primera fase, para insistir permanentemente en la voluntad de servir como la segunda etapa de mi aprendizaje en la tierra.

De forma extraordinaria cada vez lo sentía más y más cerca de mí, y, a pesar de que también las pruebas de fe y confianza vinieron a visitarme en este sentido, pude lograr con el una identificación que me auxilió y ayudó notablemente en los momentos de soledad en que a veces me encontraba, rescatandome con firmeza de las garras de la tristeza continuada.

El rigor de su carácter respecto a determinadas tareas, y a pesar de que siempre respetó mi libre albedrío, me hacía obligarme a mi mismo a una disciplina moral que, nunca fue en los inicios de mi peregrinaje terreno, una de mis virtudes más acendradas.

Ahora, desde aquí y en este estado puedo valorar su paciencia, su amor y su trabajo para conmigo. Nunca estará mi alma más agradecida; no sé cómo pagar tanta dedicación, tanto afecto y tanta entrega hacia mi causa en la tierra. Quizás, el formar parte de la inmensidad de trabajadores que por todo el mundo colaboramos en la obra redentora del maestro Jesús en este cambio de transición planetaria que se avecina, me hace ser partícipe de su trabajo y con ello me siento plenamente satisfecho.

Cuando mi ocaso físico se acercaba, siempre estuvo ahí para sostenerme, auxiliarme, inspirarme fortaleza y confianza en el futuro. Y este amigo invisible que todos tenemos y que, en mi caso, me ayudó sobremanera a cumplir parte de mi compromiso espiritual, será para siempre un hermano del alma que llevaré en mi memoria como ejemplo de solidaridad y fraternidad.

Esa solidaridad, esa fraternidad, ese amor desinteresado hacia el prójimo que se ve reforzado cuando los compromisos espirituales de trabajo se pactan en el espacio antes de encarnar, y se renuevan de forma constante en la tierra o de nuevo en el espacio, entre los espíritus afines y familiares que priorizan objetivos comunes de progreso espiritual y crecimiento moral para conseguir la redención y la capacidad de servir y ayudar al prójimo.

Este hermano querido, compañero de otras épocas, comprometido conmigo y con la obra de la doctrina espirita, fue sin duda el sostén espiritual en mis aflicciones materiales, el bastión permanente, firme y sin dudas que reforzaba mi fe cuando ésta se debilitaba, y el orientador amigo y entrañable que me asesoraba con delicadeza respecto a la conveniencia de servir y trabajar en distintos ámbitos.

No me cabe duda que, en las diversas celadas que las sombras planearon contra mí para acobardarme y hacerme desistir de mi misión en la tierra, el estuvo presente orando por mí, solicitando ayuda, previniéndome cuando así podía hacerlo o guardando el respetuoso silencio, a pesar de mis súplicas, si se trataba de una prueba que debía enfrentar en solitario para formar mi carácter ante determinadas circunstancias.

Así pues, y por todo ello deseo, desde aquí, agradecer con todo mi amor su ayuda y dedicación; sirviendo este ejemplo para trasladar mi gratitud a todos los espíritus de bien, que tienen por misión guiarnos y orientarnos en la oscuridad en la que se encuentra el espíritu encerrado en una materia durante la vida transitoria con cuerpo físico en la tierra.

Benet de Canfield
EL GUÍA EDUCADOR por:  Psicografiado por Antonio Lledó

©2017, Amor, paz y caridad

 

[*] Serie de psicografías mensuales; en la que un espíritu amigo, desencarnado hace pocos años, comenta experiencias de vida de su última existencia; así como las reflexiones sobre las mismas una vez llegado al mundo espiritual. Para preservar el anonimato de su identidad, tal y como él mismo nos ha solicitado, usamos el nombre que tuvo en una existencia anterior, hace ya varios siglos.

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