Editorial

EINSTEIN Y EL AMOR

Sea en su acepción de Fraternidad o de Caridad bien entendida, el sentimiento del Amor está siempre presente en la vida del hombre. Y esto si lo calificamos como una emoción o un sentimiento; pues hay quien lo denomina como la mayor fuerza del universo, por encima de la Ley de la Gravedad o la Fusión Nuclear, como el propio Albert Einstein afirmó al respecto:

“Hay una fuerza extremadamente poderosa para la que hasta ahora la ciencia no ha encontrado una explicación formal. Es una fuerza que incluye y gobierna a todas las otras, y que incluso está detrás de cualquier fenómeno que opera en el universo y aún no haya sido identificado por nosotros. Esta fuerza universal es el Amor…..”

Visto así, de esta forma, esta fuerza poderosa que opera en todo el Universo es incomprensible en muchas de sus acepciones para nuestra limitada inteligencia humana. ¿Cómo podemos pensar que detrás de cada desgracia, enfermedad, dolor o sufrimiento, podemos encontrar el amor del que tantas veces nos han hablado.?

Para entender esto, es preciso conocer el funcionamiento de las Leyes Espirituales, al igual que para conocer las relaciones entre los cuerpos celestes es imprescindible conocer la ley de la gravedad. Al ser el hombre un ser dual, compuesto de alma y cuerpo es preciso entender que las leyes que le afectan lo hacen por igual para todos, sean de una u otra condición.

Cuando el dolor y el sufrimiento provienen del libre albedrío del ser humano empleado equivocadamente, comprendemos que somos nosotros mismos los que engendramos el origen de tal sufrimiento y es más fácil aceptarlo. Pero cuando no sabemos la causa, o ignoramos que ésta se encuentra en nuestro olvidado pasado, nos resistimos de forma rebelde a aceptar tal circunstancia.

En este sentido la comprensión de la ley de la reencarnación, la solidaridad entre sí de las existencias que vivimos y el olvido del pasado son las explicaciones plausibles que enmarcan el dolor y el sufrimiento en causas derivadas de nuestra propia conducta delictuosa, y que por tanto hacen que la justicia universal se manifieste también a través de las edades y de la trayectoria evolutiva del ser humano: “a cada cual según sus obras”.

En el enfoque que pretendemos dar a esa explicación comprenderemos que, si las leyes que rigen la vida espiritual del hombre son justas y perfectas, ello no se debe al azar, la casualidad o la nada; sino a la Causa Primera (Dios) que las ha elaborado y colocado en la naturaleza para que cada ser, cada hombre, utilice su libre albedrío en el bien, en el progreso, en el avance intelectual y moral.

El acto de justicia, al tener que devolver el mal cometido mediante nuestro propio sufrimiento, no es más que una reparación que exige la ley de causa y efecto (Ley de consecuencias o Ley del Karma); y como tal un Acto de Amor extraordinario que el creador obra con su criatura al corregir nuestras faltas y conseguir con ello nuestro crecimiento moral. Esto nos permite avanzar en conciencia, responsabilidad y en la comprensión del funcionamiento de las leyes que rigen los principios espirituales del Universo.

En ello se ve implicada la renuncia a nuestro propio egoísmo, a la inclinación al perdón (pues todos queremos que se nos perdonen nuestras faltas), la necesidad de adquirir mayor humildad que nos permita desechar el orgullo, origen de tantas imperfecciones y defectos.

Y Einstein siguió diciendo a su hija Liesert:

…El amor es luz, dado que ilumina a quien lo da y lo recibe. El amor es gravedad, porque hace que unas personas se sientan atraídas por otras. El amor es potencia, porque multiplica lo mejor que tenemos, y permite que la humanidad no se extinga en su ciego egoísmo. El amor revela y desvela. Por amor se vive y se muere. El amor es Dios, y Dios es amor….”

Hoy la Física cuántica, así como numerosos investigadores y científicos abogan por admitir una fuerza desconocida y superior a cualquier otra cosa que impregna todo el universo conocido; desde las galaxias más grandes a las partículas elementales de la materia más pequeñas. El nombre que se le da es lo de menos: Aristóteles lo denominó “Quintaesencia”, el elemento que impregna todo el universo. Muchos coinciden en que se trata de un campo de energía capaz de propiciar un “Orden Implícito” (término acuñado por el Nobel de Física David Bhom) que relaciona todo lo que existe, de forma holográfica: la parte está en el todo y viceversa.

Todo lleva a confirmar las tesis que hablan de que todo lo que existe se origina por una fuerza: una “Mente Consciente e Inteligente” (Max Planck – Premio Nobel y Padre de la física cuántica). Este Campo de Energía (“Matriz Divina”, según lo denomina el Dr. en Física Gregg Braden) tiene como base de relación las emociones, los sentimientos y las creencias del ser humano. Y esta fuerza tiene su mayor proyección en el amor humano.

Y Albert Einstein continuó:

“…Si en lugar de E= mc2 aceptamos que la energía para sanar el mundo puede obtenerse a través del amor multiplicado por la velocidad de la luz al cuadrado, llegaremos a la conclusión de que el amor es la fuerza más poderosa que existe, porque no tiene límites…..”

La comprensión de las leyes que rigen la evolución del espíritu nos hacen comprender que el Amor es la fuerza poderosa que derriba todos los egoísmos, que nos permite perdonar, sentir, trascender por encima de la vida material, biológica, psicológica, etc., El Universo es una obra de amor, diseñada, planificada y preparada para beneficiar al hombre concediéndole la oportunidad de llegar a la felicidad y la plenitud por sí mismo.

Para ello se nos ha dotado de libre albedrío, de individualidad, de voluntad y de sentido moral; esto es el hombre: un ser a imagen y semejanza de su creador en cuanto a los atributos espirituales que como una semilla ha de desarrollar y potenciar para alcanzar la perfección. Este es el camino, y por ello todos, absolutamente todos, desde el salvaje al genio, desde el virtuoso al criminal, hemos de desarrollar el Amor en nosotros a lo largo de múltiples vidas; entregando el fruto de ese amor a nuestros semejantes, consiguiendo así el mayor sentido de la vida y la interacción con la mayor fuerza y poder de la naturaleza: el Amor de Dios.

Y Albert Einstein terminó su carta así:

“Quizás aún no estemos preparados para fabricar una bomba de amor, un artefacto lo bastante potente para destruir todo el odio, el egoísmo y la avaricia que asolan el planeta. Sin embargo, cada individuo lleva en su interior un pequeño pero poderoso generador de amor cuya energía espera ser liberada. Cuando aprendamos a dar y recibir esta energía universal, querida Lieserl, comprobaremos que el amor todo lo vence, todo lo trasciende y todo lo puede, porque el amor es la quintaesencia de la vida.”

Einstein y el amor por:   Redacción

©2017, Amor, paz y caridad

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